Berguedà

La gastronomía es identidad, territorio y cultura. Esto lo demuestra la joven Marta Minoves, chef catalana y estudiante del CETT-UB, que ha conseguido alzarse como la mejor cocinera joven de Europa, al ganar el prestigioso European Young Chef Award, organizado por IGCAT. 

Marta Minoves es la prueba viva de que la gastronomía catalana tiene un futuro prometedor. Representando a Cataluña, Marta conquistó al jurado con un plato profundamente arraigado a su tierra: las patatas enmascaradas, una receta típica de la comarca del Berguedà. Una elaboración que defendió demostrando que la tradición se fusiona con la vanguardia sin perder un ápice de actualidad, vigencia y respeto por las raíces.

Graduada en Ciencias Culinarias y Gastronómicas en el CETT-UB, Marta ha trabajado y realizado prácticas en reconocidos restaurantes como La Cabana de Berga, Aigua de Formentera, Xuclar d’Eivissa, Pavic y Aponiente en Cádiz. Ahora, se encuentra en un momento decisivo, explorando su futuro profesional mientras sigue formándose y defendiendo con orgullo la cocina berguedana. Entre sus metas destaca el sueño de abrir su propio restaurante, un proyecto que promete llevar la esencia de su tierra a nuevas cotas de creatividad y calidad.

Marta demuestra que el futuro de la cocina profesional está asegurado, y que las escuelas de hostelería están forjando un prometedor futuro gastronómico.  

Cuéntanos, ¿cómo te sientes tras ganar el European Young Chef Award representando a Cataluña?

Para mí, ha sido todo un honor ganar el European Young Chef Award, sobre todo, representando a Cataluña, no solo por hacer un pequeño homenaje a mi tierra, el Berguedà, sino también porque te das cuenta que todas las pequeñas cosas que haces y todo el esfuerzo que depositas tiene una recompensa.

Este premio no solo reconoce tu talento, sino también la riqueza de la cocina catalana. ¿Qué significa para ti haber llevado la esencia de esta gastronomía al escenario europeo?

Ha significado mucho porque para mí es muy importante que hayan podido probar una pequeña parte de mi tierra, de la Cataluña de montaña, sobre todo en un plato como son las patatas enmascaradas, que es un reflejo de la cocina de mi región. La idea era transportar al jurado al corazón de Cataluña con los cinco sentidos y creo que lo conseguí. 

La joven chef Marta Minoves
Marta Minoves durante el certamen European Young Chef Award, celebrado en Sicilia.

¿Qué piensas que significará para ti y para tu carrera este premio?

El premio me está permitiendo crecer y me está ayudando a creer que sí, que valgo para este trabajo y para este oficio, y que estoy preparada para esta carrera profesional. Y en el futuro espero que sea un punto a favor a la hora de conseguir un trabajo o a la hora de abrir mi propio restaurante. 

¿Qué aprendiste de esta experiencia, tanto personal como profesionalmente?

A nivel personal he aprendido a controlar mejor mis nervios y también a saber disfrutar y pasarlo bien en un certamen de cocina, a pesar de la presión. Porque no es solo la presión de querer hacerlo bien por una misma, sino la presión añadida de ir en representación de toda una comunidad, de una región como Cataluña. Y a nivel profesional he hecho nuevas amistades de toda Europa y espero que me sirva para hacer colaboraciones a largo plazo. 

¿Algún consejo para otros jóvenes chefs que sueñan con alcanzar un premio como este?

Creer en una misma, trabajar con pasión, ser constante, no dejar nunca de ser curiosos y preguntar el por qué de todo y tirar adelante sin miedo. Al final, la cocina es una carrera de fondo y cada reto que vas afrontando en tu carrera servirá para mucho en el futuro. En definitiva, trabajar siempre como hormiguitas. 

¿De dónde viene tu pasión por la cocina? ¿Hay algún momento clave en tu vida que marcara tu decisión de ser chef?

Mi pasión por la cocina siempre había estado ahí, pero nunca me había planteado que acabaría siendo un oficio para mí. Siempre la había visto como un hobby. Yo me metía en la cocina y cocinaba con mi madre y con mi abuela y me lo pasaba muy bien. Pero en Bachillerato, cuando tuve que elegir el tema del Trabajo de Investigación, fue cuando me di cuenta que si no hacía esto no sabía qué iba a hacer en mi vida. Así que el trabajo que hice fue sobre Ciencia y Cocina. Y a la hora de decidir la carrera la tuve claro y me decidí por el grado de Ciencias culinarias y Gastronómicas del CETT. 

¿Hay alguna persona que haya influido en tu estilo o filosofía culinaria?

Mi abuela tenía una fonda, la Fonda Tor, que es como bauticé el plato de vanguardia del concurso europeo. Al final, creo que este hecho me ha influido en el sentido de querer hacer platos con historia y con tradición, pero a mi manera.

¿Cuál fue el primer plato que recuerdas haber cocinado y que te hizo pensar: “esto es lo mío”?

La verdad es que no lo recuerdo porque siempre estaba en la cocina ayudando a mi abuela, a mi madre, o a mi otra abuela haciendo monas, o cocinando en Navidad… Tengo pequeños recuerdos de niña, pero no sabría decir… 

El plato ganador de Marta Minoves en el European Young Chef Award.

Cuéntanos un poco sobre tu plato ganador. ¿Cuál fue la inspiración detrás de su creación?

En el concurso siempre hay que cocinar dos platos. Primero, una versión tradicional, y en la final, una versión actualizada. Y mi plato fue al final un milhojas de patatas y butifarra negra (morcilla) de Cal Torà, con crujiente de de corteza de cerdo con harina de maíz “escairat” y una salsa con huesos y vegetales de reaprovechamiento y una espuma de aceite de membrillo y fideos avinagrados. La inspiración claramente la encontré en mi región, en el Berguedà. Quería conseguir que el plato reflejase mucho de Cataluña. Así que incorporé un alioli, que es muy catalán, y también, por supuesto, las patatas enmascaradas… Solo quería una cosa: representar el Berguedà. Y, además, de los sabores, quería reflejar los colores que tenemos en nuestra tierra.

¿Qué recuerdas de tu paso por el CETT? 

Han sido unos años muy bonitos, en los que he aprendido muchísimo. Ahora, me veo mucho más mayor de cuando empecé, mucho más que solo cuatro años más, que es el tiempo que ha pasado. Ahora me veo más preparada para llevar mi propio restaurante y para hacer lo que me gusta: hacer feliz a otras personas cocinando. Y haciendo una cocina personal, pero siempre respetando la tradición.

En la cocina de hoy, se habla mucho de sostenibilidad y tradición. ¿Cómo equilibras ambos conceptos?

Yo creo que la sostenibilidad y la tradición siempre han ido unidas. Antes comíamos de reaprovechamiento, que es lo más sostenible que puede haber… Por ejemplo, con la matanza de cerdo, en donde se aprovechaba todo; o usando los productos de la huerta y de temporada… Así que hacerlo ahora, para mí no es nada complicado. Ahora es una palabra que está muy de moda, pero para mí, siempre ha estado muy presente en la manera que entiendo la cocina. 

¿Qué opinas de la influencia de la tecnología en la cocina? ¿Eres de las que la usa o piensa usarla en el futuro?

A mí la tecnología, si se refiere a robots, y a máquinas que nos sustituyan, no me gusta. Pero sí aquella que te ayuda a saber qué ingrediente te puede combinar con otro o a averiguar algo que antes necesitábamos mirar en los libros…  Ahora es más fácil con un ordenador, con la IA. Pero ante la pregunta si yo la utilizaría… Pues la verdad, no soy muy fan más allá de lo que digo, de un uso para activar la inspiración. 

¿Tienes algún proyecto o sueño gastronómico en mente?

Como decía antes, sueño con tener mi propio restaurante donde hacer feliz a la gente que venga a probar mi cocina. Y seguir aprendiendo y evolucionando. Me gustaría conocer otras cocinas del mundo para saber qué se hace en otros sitios, y probar diferentes platos, ingredientes, técnicas… Al final, como más se aprende es probando.

Se autodefine como “un cocinero payés, y a mucha honra”. Con una estrella Michelin por su restaurante del Berguedà, Els Casals, Oriol Rovira (1974, Sagàs) es uno de los exponentes más importantes de la cocina de terruño, aquella arraigada a la tierra y a los productos de su entorno.

Se crió en una familia de payeses, pero su interés por la cocina le llevó a Manresa a estudiar cocina en la Escuela Joviat. De allí, pasó a un periplo de prácticas en restaurantes como Lluçanès, Cibzela o L’Esquirol. También conoció bien las cocinas de Andramari, L’Aligué, Abrevadero, la Cotê de Sant Jaques de Biarritz o la de Martín Berasategui.

Fue en 1998 cuando volvió a su hogar, y cuando abrió Els Casals. En el restaurante de Sagàs, Rovira obtiene en 2004 el premio al Mejor Cocinero Joven de la Academia Nacional de Gastronomía y, en 2007, su primera estrella Michelin. Consolidado Els Casals como un restaurante de alta cocina de montaña, Rovira abre en Barcelona Sagàs en 2011, un restaurante de bocadillos elaborados con los productos que ellos mismos trabajan, y Pork en 2013, un proyecto gastronómico que tiene el cerdo como elemento central. Profesor del Máster en Innovación de Producto y Técnicas Gastronómicas del Barcelona Culinary Hub, Rovira también gestiona la gastronomía del Hostal Sant Maurici de La Quar (Barcelona) y el restaurante Las Pardines 1819 de Andorra en colaboración con los hermanos Puy. Proyectos que compatibiliza con maestría y muchas veces desde la distancia, porque él defiende su papel y su lugar, siempre en su casa madre de Sagàs, porque como subraya, “un cocinero ha de estar en su restaurante”.

Por ello, es difícil encontrarlo en eventos y jornadas gastronómicas. Una de las poquísimas veces que se ha dejado ver ha sido en GastroPirineus 2023, las Jornadas Profesionales de Cocina y Producto de los Pririneos, que se han celebrado este abril a 2.000 metros de altitud, en el Hotel Port Ainé de Rialp, y donde el chef ha proclamado su pasión y arraigo por la cocina de producto y de montaña.

Oriol, en GastroPirineus has coincidido con varios cocineros y cocineras que, como tú, apuestan por la vuelta a las raíces, a la cocina ancestral en donde se cocina con lo que hay en el entorno en cada temporada, y al reaprovechamiento. ¿Crees que es una tendencia al alza?

OR. Quizás sea una tendencia, pero más que tendencia, los que apostamos por ello lo vemos como una manera de vivir y de entender la cocina. Es valorar lo que tenemos a nuestro alrededor, y esto, los catalanes lo llevamos muy mal. En Catalunya tenemos una diversidad brutal y en una zona relativamente pequeña, que se recorre de punta a punta en solo tres horas. Y muchos no saben verlo ni apreciarlo. Pero en cada casa, pueden hacer lo que quieran, eso denota libertad. En la cocina nos pasa como en la alta cocina, que es creadora de tendencias. Lo que hoy es tendencia, mañana puede no serlo, porque todo es creatividad. En la cocina, aunque arraigada al entorno, también hay que permitirse viajar. También en Els Casals hacemos viajes gastronómicos… Viajamos con el café, con el chocolate, con el jengibre… Y aprovechamos estos viajes para enriquecernos.

¿Se puede estar tantos años en lo más alto sin desfallecer?

OR. Bueno, en mi caso ya empiezo a notar cierto cansancio, pero no es una queja. A mí me gusta cocinar, y sí, gestiono otros negocios, ayudamos en recursos humanos, en el diseño de cartas, en Andorra, en Barcelona… pero yo soy cocinero de Els Casals. Lo era en el año 1998 cuando no nos conocía nadie y hoy día, 25 años después, continúo haciendo lo mismo. Es lo que soy y es el camino que he elegido. Uno no se puede meter en un tema si no lo hace en cuerpo y alma, y este oficio tiene malos momentos y buenos, pero hay que estar al frente de todos. Para ser cocinero has de ser “muy generoso”, como dicen Joan y Pitu Roca. Y con la generosidad llega un momento en el que te vacías y necesitas recargar. Nosotros lo hacemos cada día, pero ¿hasta cuándo podré seguir haciendo esto? Porque nuestro oficio, el que me gusta y he elegido, requiere estar cocinando cada día, estar con el equipo cada día, porque la gente cuando va a Els Casals quiere que estés tú cocinando. Y eso me gusta, me gusta cocinar para ellos. Y estamos muy contentos de ser así y de ser independientes y no depender de nadie. Estamos orgullosos de ser cocineros, hosteleros, y de ubicar allí en medio de la Catalunya un lugar de parada y fonda. Recuperar la casa que fue día y recuperar aquel patrimonio familiar, con este ciclo cerrado. Porque además tenemos el hotel, la granja, el huerto…  Ahora estoy plantando los tomates que comeremos en julio, y me ocupo de los animales.

Restaurante, hotel, granja…

Sí, porque Els Casals es más que un restaurante…

 OR. Bueno, tenemos unas 250 hectáreas de secano, dedicadas a la explotación agrícola tranquila, donde plantamos todo lo que podemos y lo que utilizamos en el restaurante. Por ejemplo, como decía de los tomates, tenemos 34 variedades de tomates plantados, sobre unas 2.000 plantas, también plantamos melones, pepinos, berenjenas… Además, tenemos un rebaño de ganado, tenemos cerdos, gallinas… Nos hacemos nuestros embutidos, hacemos los piensos para los animales…Al final, es un ciclo cerrado.

Eres el paradigma de lo que sería un restaurante sostenible.

OR. Bueno, realmente trabajamos así desde hace muchos años y me siento como pez en el agua. Más allá de las tendencias. Yo ya estaba, ahora estoy y estaré en este terreno de lo que se llama sostenibilidad. Esto no quiere decir que no vayamos creciendo en más aspectos. Energéticamente, por ejemplo, también vamos cambiando. Nos hacemos nuestra propia biomasa con la que calentamos toda el agua de la casa, también tenemos el 70% de electricidad de autoconsumo y el 30% lo compramos a energéticas verdes, y para acabar, el gas natural, del que no podemos prescindir. Pero intentamos estar al día de lo que sale y de lo que se hace, porque hay muchos avances en sostenibilidad muy positivos. Pero la sostenibilidad en nuestro caso la hemos normalizado, naturalizado, porque lo hacemos sin corsés. Nos sale de forma natural.

Y en la cocina, ¿Oriol Rovira también está a la última?

OR. En la cocina, yo no hago platos nuevos, hago readaptaciones de lo que he hecho antes, de lo que he visto. Yo soy un cocinero muy permeable. Soy lo que he visto, lo que he comido… Soy consciente de mis puntos más débiles y en este caso tengo que decir que no soy un cocinero extremadamente creativo, pero, en cambio, lo compenso a base de esfuerzo, de trabajo, de horas. Y además, en la carta de mi establecimiento también luzco la procedencia de mis inspiraciones. Por ejemplo, tenemos un borracho que es receta de Nandu Jubany, y lo pongo en la carta. Es como los ingredientes, yo pongo de quién procede cada ingrediente… Si los pollos o los embutidos son de Cal Rovira, pues son de Cal Rovira, pero si el pichón es de Joan Tatjé, es de Joan Tatjé; si el cordero es de Maria de Ferreres,  es de Maria de Ferreres; si los huevos son de de La Pinya; son de La Pinya.

“No lo buscaba”

Si echas un vistazo a tus inicios, ¿te imaginabas dónde estás ahora?

OR. No, porque no lo buscaba, no lo pretendía. Comencé como Ave Fénix. Nuestra casa se quemó en un incendio forestal en 1994 y una de las ideas de mi familia fue recuperar todo y poner “al chico” como cocinero. Y volví a casa y ayudé durante un año a la familia a sacar la leña quemada y durante ese año se gestó la idea de hacer un restaurante y un pequeño hotel… Y mira cómo estamos ahora, con un restaurante al que quieren venir a aprender jóvenes de todo el mundo. Tengo ahora en mi equipo a gente de Israel, de Japón… ¡Es increíble!

¿Recuerdas el mejor consejo que te han dado a lo largo de los años de profesión?

OR. Es difícil elegir, pero el mejor consejo que alguien me ha dado es y que yo siempre doy es: ten la cabeza, el corazón y las manos en el mismo sitio. Me lo dijo Jordi Vilà, del Alkimia. Un gran amigo, colega… Hemos estudiado juntos, hemos cocinado juntos, hemos abierto un restaurante juntos… Yo siempre lo he dicho que el mejor restaurante donde yo he comido de Barcelona es el antiguo Alkimia…

A Oriol Rovira, ¿le gustaría acabar trabajando en un restaurante en Barcelona ciudad?

OR. Yo ya estoy bien donde estoy. Nunca hubiera dicho que yo iba a acabar allí, pero por una cuestión de cuestión familiar y de que reconozco quién soy y de dónde soy… Para mí mi familia es muy importante.

Tu cocina y tu entorno, como bien has dicho. ¿Cómo definirías la cocina de los Pirineos? ¿Existe una “cocina de los Pirineos”?

OR. Existe porque existe la gente de los Pirineos, y la cocina viene después de la gente. Mi teoría de esta gente es que, cuando alguien vive en un lugar extremo, al final, hacen una cocina extrema, diferente, con su riqueza y su escasez… Además, de Pirineos no solo hay uno, hay muchos, así que no se habla de solo un tipo de cocina. Pero esta línea que los une desde el Mediterráneo hasta el Cantábrico, esta cordillera, les marca y es la que les hace trabajar con lo que tienen a su alrededor. Las cocinas de lugares extremos, con escasez, son cocinas muy ricas, porque requiere de mucha imaginación y de mucha atención y trabajo… Siempre digo que en el Cantábrico les llueven los pescados, y las carnes, las verduras… Es mucho más fácil en un sitio así cocina que no en un valle de una gran cordillera. Aquí hay mucho reaprovechamiento de cada uno de los productos. Y por este aislamiento es una cocina también más arraigada a la tradición, a las raíces. Todo es mucho más estricto.

Ya, para acabar, Oriol, un producto imprescindible en tu cocina.

OR. El cerdo.

Uno que nunca utilizarías.

OR. Uno malo.

Y ¿cómo te ves en 10 años?

OR. Espero que bastante igual, y sí, me veo cocinado en casa, en Els Casals.

Oriol rovira en GastroPirineus (© Arnau Berbel)
Oriol rovira en GastroPirineus (© Arnau Berbel)
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