Chef

Álvaro Victoriano (Madrid, 1981) es un chef que ha sabido combinar técnica, creatividad y pasión por el producto para convertirse en una figura clave de la gastronomía gallega. Madrileño de origen, coruñés de adopción, su amor por la cocina nació en casa, influenciado por su madre. Esta vocación lo llevó a formarse en el Hotel Escuela de la Comunidad de Madrid y, más tarde, a dar sus primeros pasos en la alta cocina en el Real Casino de Madrid, donde trabajó durante trece años bajo las órdenes de Paco Roncero.

Su trayectoria profesional dio un giro rotundo cuando decidió asentarse en A Coruña. Fue de forma casi casual, “un flechazo con la ciudad” que conoció gracias a su primo, el exfutbolista del Deportivo, Pablo Amo. Aquí se instaló para cambiar de aires y acabó abriendo cuatro restaurantes que han dejado huella en la escena gastronómica local: Peculiar (2017), Intenso (2018), Charlatán (2021) y Ultramarinos Galera (2023), cada uno con una identidad propia, pero con un denominador común: el respeto absoluto por el producto y la búsqueda constante de la excelencia. Una filosofía que recorre el ADN del Grupo Peculiar.

Como presidente del colectivo Coruña Cociña, cargo que ejerce desde 2024, trabaja activamente por poner en valor la cocina y los productos gallegos, impulsando iniciativas que fortalecen el sector y crean sinergias entre profesionales. Su conocimiento, experiencia y visión innovadora lo convierten en una voz autorizada dentro del mundo gastronómico, razones por las que será uno de los jurados de la primera semifinal del concurso Cocinero del Año 2025-2026, que se celebrará en A Coruña el 3 de abril, gracias al apoyo de la Diputación.

Álvaro, como muchos otros chefs, llegaste a la cocina de la mano de tu madre. ¿Qué plato de ella guardas especialmente en tu recuerdo y por qué?

Son muchos los sabores que recuerdo en la memoria de la cocina de mi madre, especialmente el cariño que le ponía a todos ellos. Pero, mi ingrediente básico, quizás si me tengo que decidir por uno, sería el cocido, uno de los top.

Llegaste de prácticas al Real Casino y te quedaste 13 años. ¿Se puede decir que fue realmente tu escuela?

Sin duda. Con apenas 18 años y solo dos meses de prácticas, ya estaba participando en el catering del 20º aniversario de El País, con los Reyes de España entre los invitados y trabajando junto a Paco Roncero y Ferran Adrià. A partir de ahí, tuve la fortuna de vivir de primera mano la eclosión de la gran gastronomía española, tanto en sus cocinas como en multitud de eventos, y de conocer a las grandes figuras de la gastronomía nacional e internacional que pasaron por allí.

¿Cuál fue el mejor consejo o aprendizaje que recibiste de Paco Roncero o de aquella etapa?

Nadie regala nada y todo viene de tu esfuerzo. Creo que son las mejores palabras que alguien te puede decir.

De nuevo, el azar te tenía preparada una gran sorpresa: tu nueva vida en A Coruña. Y tras un par de años trabajando en El de Alberto, abres tu primer restaurante. ¿Cuáles fueron los mayores desafíos que enfrentaste al abrir Peculiar, en 2017?

Abrir un restaurante siempre es un gran desafío, pero éramos jóvenes, creíamos en nosotros y en nuestro proyecto. Nos enfrentamos a muchos retos, pero con esfuerzo y determinación supimos sortear cada obstáculo. Si tuviera que destacar uno, sin duda sería el tamaño de nuestra cocina: apenas 4 metros cuadrados, desde donde, junto a una compañera, llegamos a dar servicio a 70 personas en dos turnos.

Has abierto cuatro restaurantes en seis años. ¿Cuál ha sido la clave para este crecimiento y cómo has sabido diferenciar cada uno?

Para mí, la clave está en creer en uno mismo y en el esfuerzo diario, pero sobre todo, tener humildad y saber entender los tiempos de cada cosa que te rodea. Cuando fuimos abriendo nuevos locales, es cierto que en A Coruña había conceptos que no existían, y creo que eso, sumado a otros factores, fue una de las claves de nuestro éxito.

Además, cada uno de nuestros restaurantes está pensado para públicos completamente diferentes, aunque al final, quien disfruta de uno también puede sentirse a gusto en los demás.

¿Cómo definirías la identidad gastronómica de cada uno de tus restaurantes?

Peculiar, es cocina de autor.  Charlatán, brasa. Intenso, fusión. Y Ultramarinos, tradicional. 

¿Cómo te defines como chef? ¿Qué significa para ti la cocina?

La cocina para mí es la forma que tengo de comunicarme con las personas, de transmitir toda la memoria de esos recuerdos que hay en mi cabeza. Creo que mi definición es la de un cocinero apasionado que ama su trabajo.

Además de chef y empresario, en 2024 te nombran presidente de Coruña Cociña. ¿Qué significó para ti este nombramiento y cómo logras equilibrar todas estas responsabilidades?

Ser presidente de Coruña Cociña es un auténtico honor. Primero, por la confianza y el apoyo de mis compañeros de profesión, y segundo, por la oportunidad de dejar un legado bonito con el grupo, contribuyendo a la memoria gastronómica de A Coruña.

Equilibrar todas las responsabilidades no es fácil, pero mi cabeza nunca para. Me encanta el trabajo, así que eso ayuda a compaginarlo todo con un poco más de facilidad.

Como presidente de Coruña Cociña, ¿qué iniciativas estáis impulsando para fortalecer la gastronomía local?

Desde Coruña Cociña, estamos participando en eventos locales como el Mercado de las Nubes o el Forum, además de haber impulsado iniciativas como las Jornadas del Bonito. Y tenemos varias más en camino que verán la luz muy pronto.

Este 2025, además, formarás parte del jurado del Concurso Cocinero del Año 2025-2026, gracias al apoyo de la Diputación. ¿Qué esperas de este certamen? 

Me encanta aprender y la verdad es que es una oportunidad muy bonita de estar rodeado de tan buenos colegas de profesión y conocer y entender el concurso desde dentro. 

¿Cómo valoras el talento joven en la gastronomía actual?

Cada vez me sorprende más. La evolución ha sido enorme desde que empecé a cocinar hace 25 años, y me maravilla ver la ilusión y el talento de las nuevas generaciones que vienen pisando fuerte.

Si pudieras darle un consejo a los jóvenes chefs que sueñan con abrir su propio restaurante, ¿cuál sería?

Que es un camino muy, muy duro, de hecho, estadísticamente muchos no llegan a los años 5 abiertos. Pero también les diría que luchen por sus sueños y que no se rindan nunca.

La gastronomía de A Coruña está en auge. ¿Cómo ves su evolución y qué crees que la hace especial?

A Coruña es una ciudad gastronómicamente consolidada, con nombres muy visibles y otros que poco a poco están empezando a brillar. Para mí, una de las claves de su éxito es el propio coruñés, que llena los restaurantes a diario, además del respaldo de grandes empresas que apoyan mucho el sector.

¿Cuáles son los retos más importantes que tienes por delante, tanto a nivel personal como empresarial?

Mis retos son bastante básicos: seguir evolucionando sin perder la esencia y ser felices cuidando lo que hemos construido. A nivel personal, simplemente pido tranquilidad para poder disfrutar de todo ello.

Francisco Javier Feixas (Granada, 1977) es uno de los mejores exponentes de la nueva cocina granadina. Con una sólida formación y más de 30 años de experiencia en la cocina, Feixas se hizo el pasado mayo de 2024 con la gerencia y los fogones del restaurante Ruta del Azafrán, ubicado en el emblemático Paseo de los Tristes de Granada. Allí, en ese local con envidiables vistas a la Alhambra, el chef ve cumplido un sueño: ofrecer a sus comensales una experiencia culinaria propia, en la que combina tradición e innovación. 

Y es que, la cocina de Feixas es pura fusión de sabores de los pucheros tradicionales andaluces con influencias árabes y algún toque de más allá, un reflejo puro de la rica herencia cultural de Granada. Pero en el que es su primer restaurante propio, el chef granadino ha querido dar un paso más y buscar la diferenciación. Por ello, en Ruta del Azafrán lucen los arroces -poco frecuentes en las cartas granadinas- y brillan ingredientes como las quisquillas, su producto fetiche.

En esta nueva aventura, Feixas no solo lidera los fogones de esta casa de comidas. También es socio propietario, por lo que tiene que combinar su faceta creativa de chef, con la de gestor. Así, después de 33 años centrado en la cocina, Feixas cata otra parte del negocio culinario que no deja de sorprenderle. ¿Vértigo? No, más bien, como dice él, "un gran aprendizaje".  

Han pasado poco más de siete meses desde que tomaste las riendas de Ruta del Azafrán. Cuéntanos, ¿cómo ha sido este proceso de adaptación? 

Pues sí, llevo poquito tiempo, exactamente desde el 1 de mayo del pasado año. La verdad es que quería dar el salto, después de más de tres décadas solo en cocina, me apetecía tener mi propio restaurante, en este proceso de búsqueda y conversaciones con gente, recibí una llamada de Javi Chica, el anterior dueño del restaurante. Nos sentamos y nos entendimos al momento, lo puso todo muy fácil la verdad, y nos asociamos. 

Y estos meses… Pues ha sido un periodo de tiempo de aprendizaje. No es lo mismo gestionar una cocina, que gestionar una empresa como es un restaurante. 

¿Qué cambios has implementado en el restaurante?

Le hemos dado un giro de 180 grados tanto a la carta como a la bodega. Es cierto que tenía un concepto muy claro de lo que quería, pero aun así, decidimos dar un salto cualitativo. Por ejemplo, hemos empezado a trabajar el arroz, ya que en Granada no estaba explotado. Independientemente, también trabajamos tanto carnes como pescados y una serie de entrantes muy ricos en sabor y muy elaborados. Pero siempre con un denominador común: arrancamos de la tradición y de una buena base, y a partir de ahí, nos dejamos llevar.

La ubicación de La Ruta del Azafrán, a los pies de la Alhambra, es inmejorable. ¿Cómo influye este entorno en la propuesta gastronómica del restaurante?

La ubicación es perfecta, pero también es un arma de doble filo. Estamos ubicados en una zona superturística, situados al final de la calle considerada más bonita del mundo. Pero, como te decía, esto es una arma de doble filo: por un lado, tienes un flujo de gente constante y el cliente en la puerta, pero, por otro lado, estos enclaves tan turísticos los relacionamos con negocios que ofrecen una gastronomía con unos precios muy por encima de la calidad, ya sea buena o mala, con lo que el cliente local huye de este tipo de restaurantes.  Somos conscientes de ello y le hemos puesto remedio, incluso hemos rescatado a este cliente local. Y la mejor prueba de ello es que cuando viene repite. 

¿Qué concepto culinario defines para Ruta del Azafrán? 

Pues es un concepto muy "disfrutón". Hacemos lo que nos apetece y nos da la gana. Con esto me refiero a que no nos sujetamos a ningún  discurso. Tenía ganas de sentirme libre y cocinar, cocinar y cocinar, en cada momento, lo que se me ocurra y me haga feliz. Somos un restaurante donde todo empieza en una olla situada sobre el fuego. 

¿Cómo has trabajado la carta para diferenciarla de otras ofertas en Granada?

Como comentaba antes, hemos optado por trabajar el arroz como concepto. En Granada es una manera de marcar la diferencia, ya que hay poca oferta. Pero, de todas formas, intentamos diferenciarnos cocinando con un cariño inmenso y una calidad extrema. 

La sostenibilidad y el producto local están cada vez más presentes en la gastronomía. ¿Cómo trabajas estos valores en tu restaurante?

Intentamos cuidar estos valores. El producto local es importante para nosotros ya que en Granada tenemos gran diversidad de productos y los productores que tenemos son excepcionales. Hacemos una selección de los productos que más nos gustan, teniendo en cuenta su temporalidad. Tenemos la suerte de que por el restaurante pasa mucho público, tanto extranjero como nacional, y esto nos ofrece una oportunidad única de mostrar y enseñar el producto local, sin embargo, no queremos cerrarnos solo y exclusivamente al producto local.

¿Qué ingredientes o técnicas te apasionan actualmente y te gustaría explorar más en el futuro?

Mi ingrediente por excelencia es la quisquilla: es el producto que más nos representa y del que más orgullosos podemos estar. 

Me flipa el mundo de las fermentaciones, para mí es muy interesante y es una técnica que te permite crear sabores únicos. Es una forma de marcar también la diferencia, como antes hablábamos, y será con lo próximo con lo que me ponga en breve.

¿Tienes algún plato estrella que represente tu estilo de cocina y que se haya convertido en un referente en el restaurante?

Sí, sin duda, el plato de quisquillas que tenemos en carta “Nuestras Quisquillas de Motril al ajillo”. Es un plato que no te deja indiferente por todo lo que representa a nivel cultural y gastronómico, un indispensable a probar cuando visitas el restaurante.  

¿Cómo definirías la experiencia que un comensal vive al visitar tu restaurante?

Nosotros entendemos que cuando un cliente decide venir a nuestra casa es una fiesta para ellos y nosotros no somos nadie para estropear ese día especial. Por ello, intentamos que se sientan lo más a gusto posible, que disfruten al máximo de nuestro restaurante, de sus platos llenos de sabor y su bodega haciendo que su estancia sea tan inolvidable y que antes de que se marchen ya estén deseando volver.

Hablemos ahora de tu trayectoria anterior. En 2018 fuiste finalista del Concurso Cocinero del Año, aunque no fue la única vez que concursaste. ¿Cómo fue esa experiencia y qué aprendizajes te dejó?

Es un concurso que me encanta. Es como entrar en una familia. Te tratan siempre súper bien, miran porque estés cómodo en cada momento, miran por uno de forma muy especial. Aunque también tengo que decir que es un concurso muy exigente, de mucho nivel y que te lleva a la concentración más extrema. Ganar la semifinal en la edición de 2018 en Sevilla, fue un subidón, unos de los días más especiales en mi vida profesional, y recuerdo ese día con muchísimo cariño. Me esforcé mucho para que eso pasara y, al final, la perseverancia y el esfuerzo te hace alcanzar tus metas.

¿De qué forma crees que este tipo de concursos ayudan a la carrera de un chef?

Te da mucha visibilidad, aprendes mucho de los demás participantes, que, una vez pasa el concurso, dejan de ser competidores para convertirse en amigos para siempre. Por eso, te enriquece a nivel personal y profesional, por su exigencia y el esfuerzo que implica a nivel creativo y humano.

¿Cómo ha evolucionado tu cocina desde aquel concurso hasta hoy?

Yo siempre he sido muy exigente e inconformista conmigo mismo a unos niveles que me afectan en mi día a día. Este concurso me ayudó a tener más claras las ideas y de esa manera evolucionar mi cocina de una manera exponencial, marcando una identidad propia. 

Con tantos años de experiencia como los que atesoras, ¿puedes darnos una opinión sobre cuáles crees que son los principales desafíos a los que se enfrentan los restaurantes hoy en día?

El mayor desafío es el personal. No quiero caer en lo que ya es un tópico, pero es una realidad. Crear un equipo fiel y sólido solo se puede conseguir siendo más que un jefe, un líder y hacer que dicho equipo se identifique con el proyecto y que cada día sea un reto personal e ir a trabajar sea algo especial e ilusionante.  Solo consiguiendo esto, lo demás viene solo.

Para cerrar, ¿cómo te ves o te gustaría verte en 10 años (laboralmente)?

Pues, sinceramente, me gustaría tener un grupo de restauración consolidado, y que pueda haber conseguido mi sueño de montar mi restaurante gastronómico y haber conseguido una estrella Michelin. Pero es cierto que me gustaría verme, sobre todo, disfrutando cada día de esto, porque si para ello me tengo que convertir en un esclavo creo que no merece la pena conseguir un sueño. Por encima de todo, lo que quiero es ser feliz con lo que me brinde la vida, con mi familia, sobre todo. Cuando dejo a mis hijas en el cole, todos los días les digo lo mismo: “Que tengáis un día genial y no perdáis la sonrisa”.  Pues eso mismo es lo que quiero para mí.

Inquieto, perfeccionista y apasionado, no solo por su trabajo, sino también por el producto y la sostenibilidad. Así es Sergio Bastard, uno de los chefs más comprometidos con la sostenibilidad de España. Nacido en Barcelona en 1974, criado en Valladolid, y con el corazón dividido entre el Mediterráneo y el Atlántico, Bastard regenta en Santander La Casona del Judío, un restaurante con el que ha ganado reconocimiento a nivel nacional. En él ha logrado consolidar una estrella Michelin y una estrella verde, que ostenta desde 2022 y que refleja su firme compromiso con el respeto por el medio ambiente. De hecho, su meta no es otra que la de alcanzar la sostenibilidad al 100%.

Forjado en la escuela de cocina de Luis Irizar, mientras completaba su licenciatura en Derecho, Sergio Bastard ha cultivado una sensibilidad especial por los productos de la tierra y el mar. Y es que, su inquietud por la cocina va más allá de la simple creación de platos. En búsqueda constante de la innovación, sabe conjugar y fusionar a la perfección técnicas culinarias innovadoras con un enfoque sostenible, respetuoso con el medio ambiente y basado en la tradición. Y lo hace, en no pocas ocasiones, de la mano de la tecnología. Así es, por ejemplo, como ha logrado obtener varios acabados de producto perfectos con el uso de los equipos de cocina iQ, unas máquinas de última generación que le han dejado "fascinado" por su eficacia y su aporte a la sostenibilidad.

Sergio Bastard, además, es jurado del Concurso Cocinero del Año 2025-2026 y también participa en numerosas ferias y ponencias, donde transmite su visión sobre cómo la alta cocina puede contribuir al cambio hacia una gastronomía más responsable con el medio ambiente.

Desde 2021, La Casona del Judío cuenta con una estrella Michelin, y desde 2022, además, con una estrella verde. ¿Cuáles son los principales retos que afrontas día a día para mantener este nivel de excelencia?

Para mantener el nivel de excelencia siempre pienso que cada año tenemos que seguir mejorando. Hay que trasladar al equipo que lo que hemos hecho hoy no sirve para mañana. Trasladar las ganas de seguir mejorando, seguir creciendo… Y en esas estamos. Siempre en nuestra siguiente propuesta gastronómica intentamos mejorar. Siempre con los pies en el suelo, porque lo que tienes hoy lo puedes perder mañana, por eso nunca se puede bajar la guardia. 

¿Cómo definirías la evolución de tu propuesta gastronómica en La Casona del Judío en estos últimos años? 

La propuesta gastronómica, a medida que el restaurante ha ido evolucionando, también ha evolucionado. Vamos todos de la mano. Y también depende de las posibilidades que nos permiten las propias instalaciones. Por ejemplo, este año ha sido el segundo que hemos abierto La Casona, es decir, la entrada se hace por la casa original, y hay dos salas donde, personalmente, yo y un compañero realizamos y ofrecemos los aperitivos, para seguidamente, bajar a los comensales a su mesa para que sigan el menú degustación. Hemos ampliado esa experiencia. Pero ya tenemos ganas de ir implementando novedades para seguir sorprendiendo. Por eso digo que nuestra propuesta es muy viva. 

En 2022, nos contabas que para ti era un objetivo prioritario “Trabajar con producto 100% local y contribuir a la economía circular”. ¿Ha cambiado algo esta meta? ¿Está siendo fácil conseguirla? 

Esa meta no solo no ha cambiado en absoluto si no que se ha ido fortaleciendo. Hemos ido implantando nuevas acciones en ese sentido, como por ejemplo, llevamos ya todos ropa sostenible. Nuestro objetivo sigue siendo ser 100% sostenibles. En energía ya lo somos en un 60-70%, pero aquí las leyes no nos ayudan demasiado para lograr llegar al 100%, aunque espero que dentro de poco nos ayudarán más. Queremos hacer un proyecto de recogida de agua de lluvia… Y buscar más vías de sostenibilidad, porque no creo que sea el futuro, sino el presente. 

Sostenibilidad, respeto por la tierra, pero, ¿qué papel juega la tradición en tu cocina frente a la innovación? ¿Cómo logras el equilibrio entre ambas?

Yo siempre he defendido que la tradición y la innovación van siempre de la mano. Para poder innovar necesitas una buena base, que es la tradición. Por ejemplo, en la nueva propuesta de este año hablamos mucho de tradición, aunque con técnicas y presentaciones modernas. Hablamos de historias de Santander, de sucesos que han ido ocurriendo y que, a través de ellos, vamos transformando en platos innovadores.  

De hecho, como decía, eres un referente en sostenibilidad en el sector gastronómico. ¿Qué nuevas medidas has implementado en La Casona del Judío para ser un modelo a seguir en este ámbito?

Siempre tengo el mismo problema: no sé cuándo implanté una y cuando la otra, cuál es la más nueva o la más antigua… Porque constantemente vamos implementando acciones. Una de las últimas es que hemos cambiado la forma de clarificar el agua a través de un descalcificador que, en vez de usar uno de sal, que también va contaminando poco a poco el agua, nosotros lo hacemos a través de vibración que es 100% ecológico. También hemos cambiado los uniformes, como decía antes, por otros de tejidos 100% ecológicos. Y, como también avanzaba antes, nuestro próximo reto es poner en marcha un proyecto de recogida de agua de lluvia y poderla reutilizar. 

Desde tu perspectiva, ¿cómo puede la alta gastronomía contribuir a fomentar prácticas más sostenibles en la cadena de valor alimentaria?

Yo siempre he intentado comparar el tema de la alta gastronomía con los desfiles de pret a porter, donde se avanzan las nuevas tendencias. La alta gastronomía siempre ha ido avanzando propuestas que luego han ido adquiriendo el resto de restaurantes. Nosotros somos un buen escaparate donde otros se van a poder fijar, por eso, todo lo que podamos hacer en temas de sostenibilidad, creo que van a calar mucho más rápido tanto en otros restaurantes como en la sociedad, por la notoriedad que tenemos. 

¿Qué importancia tiene la relación con los productores locales en tu filosofía de sostenibilidad?

El conocer a tus proveedores locales te da una tranquilidad increíble, porque tú entiendes el producto y ellos entienden perfectamente lo que vas buscando. Nosotros en el menú tenemos un apartado dedicado a los proveedores, les ponemos nombre y apellidos y así la gente conoce lo importante que son para nosotros. 

Pero además de esta sensibilidad por la sostenibilidad, no eres ajeno a las nuevas tecnologías que facilitan la labor del chef, como las que aportan firmas como QualityFry, con la que recientemente has empezado a colaborar.  ¿Qué te atrae de estas máquinas?

Pues se trata de una freidora que, la verdad, me ha sorprendido mucho porque te deja freír en sitios donde pensabas que jamás podrías hacerlo, por ejemplo. Es una máquina que no genera humos, contamina, por tanto, muchísimo menos porque utilizas, además, hasta un 37% menos de aceite, es más sostenible, porque utilizas un 24% menos de energía… Son cosas que, desde el punto de vista de la sostenibilidad, ya me aporta mucho. Cada vez que la uso me doy cuenta de las posibilidades que tiene. Por ejemplo, la probé con un camarón que quería conseguir como si hubiera estado cocido. Lo cocinamos a 180º únicamente 35 segundos y quedó de maravilla…  Además, son máquinas que puedes cocinar sin miedo a quemarte, algo que es vital en la cocina. Cuando uno fríe en freidoras siempre tienes que estar pendiente, pero en este caso no. Porque la programas y te olvidas. Y el resultado es perfecto porque mantiene los parámetros que pones: la temperatura que quieres y el tiempo que quieres. ¡Es una maravilla! 

¿Cómo se integran estos equipos de cocina en la operativa de un restaurante como La Casona del Judío?

Es que estos equipos se adaptan a cualquier cocina. En mi caso, me permite hacer frituras súper controladas. Mejor fritura no se puede conseguir con ninguna otra máquina. Y pongo la mano en el fuego y sé que no me quemo al decir esto. 

¿Qué importancia le das a la innovación tecnológica en el equipo de cocina para optimizar los procesos y mantener la calidad?

La innovación es vital. La evolución de la cocina es vital. En este caso, cuando se enfoca hacia la sostenibilidad, mejor. Por ejemplo, si la innovación me va a permitir un menor consumo y menor gasto, perfecto. Además, la innovación te va a permitir buscar texturas, técnicas, frituras, puntos de cocción que, de otra manera, prácticamente sería imposible. Es el ejemplo que explicaba del equipo iQ de QualityFry. Es casi imposible conseguir tanta precisión sin esta tecnología, porque necesitarías a una persona allí al 100% concentrada para que todo esté controlado. 

Hablemos de otra etapa de tu carrera, la que has vivido y vives con el Concurso Cocinero del Año. Tras haber sido concursante, y haber estado relacionado con el certamen durante varias ediciones, este año, serás jurado del Concurso Cocinero del Año 2025-2026 en la semifinal de A Coruña. Tras toda esta experiencia, ¿qué cualidades crees que han de tener los participantes para optar al premio principal?

Las cualidades que debería tener cualquier concursante de un certamen culinario son, primero, que sea lo más personal posible, es decir, que se vea que hay una cocina propia, suya. Luego, que lo que cocine esté súper bueno y si es diferente, mucho mejor. Y, finalmente, que técnicamente esté bien elaborado y trabajado. Esas son las tres premisas que debería tener si aspirar a llegar a la final y ganar un concurso. Pero no nos olvidemos que, precisamente, es un concurso. Hay que intentar hacer platos de concurso. Que tengan sentido y que sean bonitos.  

¿Qué valor crees que aporta este y otros concursos a la gastronomía española?

Todos los certámenes, pero especialmente el Concurso Cocinero del Año busca poner el foco en gente que todavía está trabajando duro, que son muy buenos, que van a llegar lejos, pero que necesitan un empujoncito. Este concurso ayuda a poner en el foco en estos chefs. Y la prueba es que de aquí han salido muchos cocineros, que después han conseguido llegar muy alto. Yo animo muchísimo a la gente a participar. No solo por lo que digo, sino también porque estos concursos suponen un reto personal.  

Y para finalizar, ¿qué consejo le darías a los jóvenes cocineros que se preparan para competir en un certamen como este?

Pues la verdad es que es complicado dar consejos. Yo participé dos veces en concursos. Llegué a dos semifinales, pero no gané ninguno de ellos. Así que es complicado, pero les diría que sean valientes, que hagan su cocina, que intenten estar tranquilos para poder disfrutar. Y que no se frustren. Yo he perdido dos finales y la vida sigue. Y si no que me miren a mí: ya tengo una estrella Michelin, una verde… No pasa nada por no ganar. Es más, creo que es mejor perder porque perdiendo se aprende mucho más. 

La gastronomía es identidad, territorio y cultura. Esto lo demuestra la joven Marta Minoves, chef catalana y estudiante del CETT-UB, que ha conseguido alzarse como la mejor cocinera joven de Europa, al ganar el prestigioso European Young Chef Award, organizado por IGCAT. 

Marta Minoves es la prueba viva de que la gastronomía catalana tiene un futuro prometedor. Representando a Cataluña, Marta conquistó al jurado con un plato profundamente arraigado a su tierra: las patatas enmascaradas, una receta típica de la comarca del Berguedà. Una elaboración que defendió demostrando que la tradición se fusiona con la vanguardia sin perder un ápice de actualidad, vigencia y respeto por las raíces.

Graduada en Ciencias Culinarias y Gastronómicas en el CETT-UB, Marta ha trabajado y realizado prácticas en reconocidos restaurantes como La Cabana de Berga, Aigua de Formentera, Xuclar d’Eivissa, Pavic y Aponiente en Cádiz. Ahora, se encuentra en un momento decisivo, explorando su futuro profesional mientras sigue formándose y defendiendo con orgullo la cocina berguedana. Entre sus metas destaca el sueño de abrir su propio restaurante, un proyecto que promete llevar la esencia de su tierra a nuevas cotas de creatividad y calidad.

Marta demuestra que el futuro de la cocina profesional está asegurado, y que las escuelas de hostelería están forjando un prometedor futuro gastronómico.  

Cuéntanos, ¿cómo te sientes tras ganar el European Young Chef Award representando a Cataluña?

Para mí, ha sido todo un honor ganar el European Young Chef Award, sobre todo, representando a Cataluña, no solo por hacer un pequeño homenaje a mi tierra, el Berguedà, sino también porque te das cuenta que todas las pequeñas cosas que haces y todo el esfuerzo que depositas tiene una recompensa.

Este premio no solo reconoce tu talento, sino también la riqueza de la cocina catalana. ¿Qué significa para ti haber llevado la esencia de esta gastronomía al escenario europeo?

Ha significado mucho porque para mí es muy importante que hayan podido probar una pequeña parte de mi tierra, de la Cataluña de montaña, sobre todo en un plato como son las patatas enmascaradas, que es un reflejo de la cocina de mi región. La idea era transportar al jurado al corazón de Cataluña con los cinco sentidos y creo que lo conseguí. 

La joven chef Marta Minoves
Marta Minoves durante el certamen European Young Chef Award, celebrado en Sicilia.

¿Qué piensas que significará para ti y para tu carrera este premio?

El premio me está permitiendo crecer y me está ayudando a creer que sí, que valgo para este trabajo y para este oficio, y que estoy preparada para esta carrera profesional. Y en el futuro espero que sea un punto a favor a la hora de conseguir un trabajo o a la hora de abrir mi propio restaurante. 

¿Qué aprendiste de esta experiencia, tanto personal como profesionalmente?

A nivel personal he aprendido a controlar mejor mis nervios y también a saber disfrutar y pasarlo bien en un certamen de cocina, a pesar de la presión. Porque no es solo la presión de querer hacerlo bien por una misma, sino la presión añadida de ir en representación de toda una comunidad, de una región como Cataluña. Y a nivel profesional he hecho nuevas amistades de toda Europa y espero que me sirva para hacer colaboraciones a largo plazo. 

¿Algún consejo para otros jóvenes chefs que sueñan con alcanzar un premio como este?

Creer en una misma, trabajar con pasión, ser constante, no dejar nunca de ser curiosos y preguntar el por qué de todo y tirar adelante sin miedo. Al final, la cocina es una carrera de fondo y cada reto que vas afrontando en tu carrera servirá para mucho en el futuro. En definitiva, trabajar siempre como hormiguitas. 

¿De dónde viene tu pasión por la cocina? ¿Hay algún momento clave en tu vida que marcara tu decisión de ser chef?

Mi pasión por la cocina siempre había estado ahí, pero nunca me había planteado que acabaría siendo un oficio para mí. Siempre la había visto como un hobby. Yo me metía en la cocina y cocinaba con mi madre y con mi abuela y me lo pasaba muy bien. Pero en Bachillerato, cuando tuve que elegir el tema del Trabajo de Investigación, fue cuando me di cuenta que si no hacía esto no sabía qué iba a hacer en mi vida. Así que el trabajo que hice fue sobre Ciencia y Cocina. Y a la hora de decidir la carrera la tuve claro y me decidí por el grado de Ciencias culinarias y Gastronómicas del CETT. 

¿Hay alguna persona que haya influido en tu estilo o filosofía culinaria?

Mi abuela tenía una fonda, la Fonda Tor, que es como bauticé el plato de vanguardia del concurso europeo. Al final, creo que este hecho me ha influido en el sentido de querer hacer platos con historia y con tradición, pero a mi manera.

¿Cuál fue el primer plato que recuerdas haber cocinado y que te hizo pensar: “esto es lo mío”?

La verdad es que no lo recuerdo porque siempre estaba en la cocina ayudando a mi abuela, a mi madre, o a mi otra abuela haciendo monas, o cocinando en Navidad… Tengo pequeños recuerdos de niña, pero no sabría decir… 

El plato ganador de Marta Minoves en el European Young Chef Award.

Cuéntanos un poco sobre tu plato ganador. ¿Cuál fue la inspiración detrás de su creación?

En el concurso siempre hay que cocinar dos platos. Primero, una versión tradicional, y en la final, una versión actualizada. Y mi plato fue al final un milhojas de patatas y butifarra negra (morcilla) de Cal Torà, con crujiente de de corteza de cerdo con harina de maíz “escairat” y una salsa con huesos y vegetales de reaprovechamiento y una espuma de aceite de membrillo y fideos avinagrados. La inspiración claramente la encontré en mi región, en el Berguedà. Quería conseguir que el plato reflejase mucho de Cataluña. Así que incorporé un alioli, que es muy catalán, y también, por supuesto, las patatas enmascaradas… Solo quería una cosa: representar el Berguedà. Y, además, de los sabores, quería reflejar los colores que tenemos en nuestra tierra.

¿Qué recuerdas de tu paso por el CETT? 

Han sido unos años muy bonitos, en los que he aprendido muchísimo. Ahora, me veo mucho más mayor de cuando empecé, mucho más que solo cuatro años más, que es el tiempo que ha pasado. Ahora me veo más preparada para llevar mi propio restaurante y para hacer lo que me gusta: hacer feliz a otras personas cocinando. Y haciendo una cocina personal, pero siempre respetando la tradición.

En la cocina de hoy, se habla mucho de sostenibilidad y tradición. ¿Cómo equilibras ambos conceptos?

Yo creo que la sostenibilidad y la tradición siempre han ido unidas. Antes comíamos de reaprovechamiento, que es lo más sostenible que puede haber… Por ejemplo, con la matanza de cerdo, en donde se aprovechaba todo; o usando los productos de la huerta y de temporada… Así que hacerlo ahora, para mí no es nada complicado. Ahora es una palabra que está muy de moda, pero para mí, siempre ha estado muy presente en la manera que entiendo la cocina. 

¿Qué opinas de la influencia de la tecnología en la cocina? ¿Eres de las que la usa o piensa usarla en el futuro?

A mí la tecnología, si se refiere a robots, y a máquinas que nos sustituyan, no me gusta. Pero sí aquella que te ayuda a saber qué ingrediente te puede combinar con otro o a averiguar algo que antes necesitábamos mirar en los libros…  Ahora es más fácil con un ordenador, con la IA. Pero ante la pregunta si yo la utilizaría… Pues la verdad, no soy muy fan más allá de lo que digo, de un uso para activar la inspiración. 

¿Tienes algún proyecto o sueño gastronómico en mente?

Como decía antes, sueño con tener mi propio restaurante donde hacer feliz a la gente que venga a probar mi cocina. Y seguir aprendiendo y evolucionando. Me gustaría conocer otras cocinas del mundo para saber qué se hace en otros sitios, y probar diferentes platos, ingredientes, técnicas… Al final, como más se aprende es probando.

"Los sabores necesitan reposar, igual que las historias bien contadas". Posiblemente, esta filosofía sea una de las claves del éxito de uno de los cocineros más prestigiosos de la cocina catalana, Carles Gaig (Barcelona, 1948). A sus 76 años, el chef sigue al frente de los fogones, y con pocas ganas de alejarse de ellos. Y es que la cocina es su pasión, su vida y lo que le ha dado y le da enormes satisfacciones, como el galardón más reciente, el Premi Barcelona Restauració 2024.

Carles Gaig ha sabido convertir la cocina catalana en un arte eterno. Lleva en su ADN el alma de una fonda familiar que abrió sus puertas en 1869. En ese rincón del barrio barcelonés de Horta, Gaig, que antes de querer ser cocinero soñó con ser futbolista, creció entre ollas y cuchillos, descubriendo que la memoria también se puede servir en un plato. Su obsesión, honrar la tradición, pero siempre con un guiño a la innovación y a la creatividad.

Famoso por su reinterpretación de los canelones, Gaig ha llevado este plato icónico a la excelencia. Sin embargo, detrás de esta obra maestra hay una historia "reposada": su receta se inspira en los canelones que su abuela preparaba los domingos, utilizando los restos del asado del día anterior. Gaig no solo ha perfeccionado esa tradición, sino que la ha elevado, llevándola a mesas estrelladas y a las guías más prestigiosas del mundo. En 1993, su restaurante fue galardonado con una estrella Michelin, convirtiéndole en un referente de la alta cocina catalana.

Pero Gaig siempre ha dicho que no cocina para impresionar, sino para emocionar. “Cocinar es recordar, es hacer que alguien vuelva a un momento especial de su vida”, afirma. Y quizás por eso, a pesar de su éxito internacional, nunca ha dejado de reivindicar la simplicidad y el alma de la cocina catalana.

Gaig es también un pionero en trasladar la alta gastronomía al formato de comida para llevar, con su línea “Gaig a Casa”, demostrando que la excelencia no tiene por qué ser exclusiva de los grandes comedores. Cada plato que firma lleva consigo una promesa: un viaje a los sentidos, envuelto en la calidez de una herencia culinaria que nunca deja de evolucionar.

Carles, 76 años y toda una vida dedicada a tu pasión, los fogones, la cocina… ¿Qué te queda por contar?

En la cocina, siempre tienes cosas por descubrir. La cocina es infinita y te atrapa… ¡Nunca aburrida!

Dices que te "adentraste en los fogones por casualidad". ¿Alguna vez te has arrepentido de aquel paso que diste a los 21 años?  

Nunca. La cocina, como digo, te atrapa y te enamora desde la recepción y la búsqueda de productos hasta cuando acabas una receta.

Carles Gaig continúa al frente de las cocinas de sus restaurante Petit Comité y Gaig Barcelona.

Tú nunca pasaste por una escuela de cocina, ¿qué mensaje da este dato a las nuevas generaciones que quieren seguir tus pasos?

Más bien sería qué mensaje les quiero dar ahora. Y quiero decirles que son muy afortunados por poder formarse. Porque la cocina es mucho más que el acto de cocinar: escandallos, ratios, no desaprovechar ningún producto… Porque, al final, esto también tiene que ser un negocio y la formación profesional es básica.  

Se te considera uno de los artífices de la Revolución Gastronómica catalana. ¿Qué se te pasa por la cabeza cuando escuchas esto?  

Que entre un buen puñado de entusiastas y compañeros hemos situado la cocina de este país en la élite mundial. 

¿Crees que es posible que haya una nueva generación como la que presentasteis chefs como tú, Adrià, los Roca o Ruscalleda

Yo creo que pueden ser mejores, porque están mejor preparados. 

Tú siempre te has distinguido por enaltecer la cocina catalana. Ahora que Cataluña ostenta la distinción de Región Mundial de la Gastronomía, ¿cuáles crees que son las asignaturas pendientes de la “cocina catalana”?  

Tenemos la mejor cocina de autor del mundo, pero creo que tenemos que conocer mejor nuestra cocina tradicional. Este sería el escenario perfecto. 

Recientemente, un crítico gastronómico ponía en duda que todo lo que hoy consideramos “cocina catalana” merezca esta distinción. ¿Se puede considerar cocina catalana lo que hacen, por ejemplo, los chefs del Disfrutar***?  

¡Por supuesto! ¿Por qué no se va a considerar catalana la cocina de autor que se hace aquí?

Carles Gaig con su último premio.

“Un plato debe estar bien hecho, pero también tiene que haber cocineros que se encarguen de preservar la cocina tradicional catalana”. ¿Crees que la cocina tradicional corre peligro por falta de relevo generacional?

Por lo que a mí respecta, haré todo lo posible para que continúe vigente y puesta al día la cocina tradicional catalana. 

Hablemos ahora de la actualidad y de ti, como chef y empresario. Porque no solo cocinas, sino que lideras Petit Comité, el restaurante Gaig en Sarrià y el restaurante Gaig en Singapur, este último dirigido por tu hija. ¿Hay algún secreto para tener energía para todo?

El secreto es conseguir que el trabajo no te preocupe, sino que te haga feliz. Trabajar para hacer felices a los que vienen a tu casa y sobre todo, pasarlo bien trabajando. 

Recientemente has recibido el Premio Barcelona Restauración, al restaurante con más calidad de la ciudad. ¿Qué ha significado este galardón para ti en este momento?

Siempre es gratificante que se estimule nuestro sector. Entre todos estamos haciendo posible una gastronomía que es referente mundial.   

¿Es posible seguir ofreciendo calidad en una gran ciudad como Barcelona? ¿Cuál es el secreto para no caer en estereotipos o en mimetismos?

Mirar siempre a la tradición para no perder la esencia de nuestra forma de entender la cocina. 

En los últimos años, el sector no ha estado exento de críticas. ¿Cómo ves la restauración en tu ciudad? ¿Qué mejorarías?

Francamente, yo la veo con muy buena salud culinaria, tanto innovadora como tradicional, y también con las recién llegadas de todo el mundo. Sinceramente, creo que Barcelona tiene una muy buena restauración. 

Y la pregunta que todos queremos conocer… ¿Piensas ya en la retirada?

¡Ni pensarlo! Me lo paso muy bien yendo al mercado, cocinando y recibiendo a mis clientes. ¡Esto es vida!

Begoña Vázquez es la mejor cocinera gallega del año 2024, título que se dio en el Fórum Gastronómico, celebrado en Galicia, siendo la primera mujer en lograrlo. Propietaria del restaurante Regueiro da Cova en Verín, en Orense, y Taberna Sousón, en Montrerrei, en la misma provincia, empezó en una pastelería tradicional con 18 años y, tras formarse, pasó a formar parte del chef Pedro Subijana en el restaurante El Lago, del Gran Hotel Panticosa Resort.

Entre sus retos está mudarse a un espacio verde y con cocina abierta, entre muchos otros que se materializarán este 2025 que viene cargado de buenos propósitos.

Has ganado el premio a la mejor cocinera del año de Galicia en el Forum Gastronómico 2024, ¿Qué ha supuesto para ti? ¿Cómo te preparaste para ello? ¿Qué plato elegiste?

Para mi ganar el premio a Chef Revelación de este 2024 en el Forum, aparte de inesperado, ha  sido como cuando estás aderezando un plato y le pones un poco de todo: nervios, emoción, incredulidad, alegría, muchos sentimientos encontrados.

Trabajé el porco celta, entonces lo más importante era defender este producto y que la gente viera las posibilidades que tienen los descartes de este animal. Y como plato elegí el canelón de berza y algas relleno de ternera eco guisada, shitake trives, huevos caseros y san simón da costa.

No hay muchas mujeres que se presenten a concursos y encima lo ganen ¿por qué crees que sucede esto? ¿qué les dirías a las jóvenes que quieren dedicarse a ello?

Creo que muy importante, es un camino para otras y espero que un poco una guía para aquellas que a veces no se atreven y tienen vergüenza o miedo y piensan que no pueden llegar. Se llega a todo lo que te hace ilusión y si no pues en el camino tendrás experiencias maravillosas rodeada de gente top.

Creo que la cocina cambia, vemos muchos perfiles diferentes, los horarios hacen las conciliaciones más fáciles o eso se intenta. También pienso que estamos en una buena  etapa para desarrollar la creatividad.

Debemos dar un paso adelante y hacer de los restaurantes lugares donde la gente que va a trabajar encuentre ilusión y ganas. Hace 20 años cuando yo empezaba y era a lo que me quería dedicar, estaba enamorada de este oficio y eso que los dolores de espalda, cortes, quemaduras etc, y los horarios de 16h te machacaban. Pero nunca dejé de tener esperanza en un cambio, donde primaran unas buenas prácticas para desarrollar restaurantes sostenibles a todos los niveles.

Hablemos de Regueiro da Cova del que eres chef y propietaria, ¿qué tipo de cocina encontramos allí?

Creo que hacemos una cocina tradicional, con toques creativos y con muy buen producto. Nosotros hacemos platos tradicionales y otros modernos, y esto no está reñido en el mismo restaurante; una elaboración moderna con una clásica.

Acabáis de ser recomendados por la guía Michelin, ¿te gustaría llegar a ser uno de los restaurantes con estrella de esta guía?

¿A quién no le gusta que pasen por tu casa y te reconozcan tu trabajo? es una ilusión, una alegría. Cuando llegó el correo no nos lo creíamos, fue muy inesperado, un empujón, saber que desde un rincón a 90 km de la ciudad podíamos hacer algo, en ese momento crecimos y fue un punto y aparte en el restaurante, nos dimos cuenta de que, ahora, vamos a tener mucho que contar.

Esto nos subió la autoestima y todos los días intentamos mejorar. La estrella sería otro punto y aparte…. ¿quién no sueña con recoger esa chaquetilla?, pero también debemos estar con los pies en la tierra, es bonito si llega, pero también es bonito el camino diario de cocina de imaginación, de platos de productos etc.

¿Cómo decidiste dedicarte el mundo de la cocina?

Creo que nací para cocinar y para poco más. Me gusta probar, ver cómo evolucionan los platos, probar texturas y productos nuevos. La libertad de poder crear en los fogones y ver la cara de la gente cuando sabes que estas acertando. Eso es lo que hacía de bien pequeña; mirar si te gusta o no y lo sigo haciendo ahora, salgo y miro la sala para ver cómo come la gente.

¿Cuáles son tus influencias en la cocina?

Aprendí a hacer pan con mi madre, a guisar con ella, a distinguir los sabores tradicionales del sur de Galicia, después descubrí el mar y restaurantes de estrella, me gusta la cocina francesa, Michel Brass, Paul Bocuse…, trabajé para Pedro Subijana, me encanta su cocina de producto.

Y la cocina de la chef Toñi Vicente, una revolucionaria en su época; Bea Sotelo o Lucía Freitas, dos de las cocineras buque de Galicia, o María Varela, que es la sensibilidad en un plato.

Creo que hoy puedo decir que soy una cocinera autodidacta, me gusta experimentar y disfrutar estoy en ese punto, en esa zona de confort que te da la experiencia y el tiempo.

¿Qué retos te propones?

Retos hay muchos; un cambio de local que ya va a evocar un montón de cambios en cadena: va a mejorar servicio, atención, amplitud, cocina… creo que 2025 será un año de mucho cambio. Intentaremos que todo el que pase por nuestra zona, lo vea y le guste tanto como a nosotros.

Chefs, pasteleras, jefas de sala, sumilleres, maîtres, directoras de restaurantes… Cada vez son más las mujeres que destacan en el mundo de la cocina profesional, de la enología y, en definitiva, de la gastronomía. Mujeres que marcan el paso y que demuestran que es posible darle la vuelta a la masculinización del sector. Un viraje que, con motivo del #8M Día de la Mujer hay que poner en valor. 

Y es que, a pesar de que a lo largo de la historia han sido ellas las que han transmitido el acervo culinario, y el número de féminas trabajadoras en el sector de la hostelería es elevado, son muy pocas las que se dejan notar. Por poner solo un ejemplo, de los 272 restaurantes distinguidos en la última edición de entrega de las Estrella Michelin, solo 21 tienen una mujer al frente

Pero la realidad es que ellas sí, que ellas están ahí: cocinando, dirigiendo la sala, elaborando o recomendando vinos… Sin embargo, tal y como explicó la presidenta de Mujeres en Gastronomía, la chef y empresaria hostelera María José San Román a este medio, “Nos queda mucho trabajo por hacer, pero no solo en nuestro sector, nos queda mucho como sociedad”. Por ello, cada 8 de marzo cabe la pena destacar y reivindicar el papel de ellas. Aquí van ocho mujeres que marcan el paso en la gastronomía española. 

Elena Arzak. Chef restaurante Arzak 

Elena Arzak, chef
Elena Arzak. Foto: Sara Santos

Ser heredera del apellido (y del restaurante) Arzak no es nada fácil. El listón estaba muy alto, pero Elena ha demostrado talento de sobra. De hecho, ella siempre quiso ser cocinera. Elena Arzak (San Sebastián, 1969) se crió, como muchas otras cocineras, entre fogones y rodeada de algunos de los mejores cocineros de la historia. Por el restaurante de su padre Juan Mari, pasaban habitualmente Pedro Subijana, Karlos Arguiñano, Luis Irizar… impulsores del movimiento de la nueva cocina vasca.

Pero no solo de ellos aprendió el oficio. Elena se formó en hostelería en Suiza y pasó por cocinas de renombre en Europa: Maison Troisgros, Pierre Gagnaire, Carré des Feuillants y Le Vivarois, en Francia; Louis XV, en Montecarlo; Le Gavroche, en Londres; Antica Osteria del Ponte, en Italia; y elBulli, en Girona. En la década de los 90 se incorporó oficialmente al equipo del restaurante, y desde entonces ha estado junto a su padre formando un tándem imbatible. Elena, ya como jefa de cocina del restaurante, consiguió hacerse en 2010 con el Premio Nacional de Gastronomía y dos años más tarde se alzó como la Mejor Chef femenina del Mundo Veuve Clicquot por 50Best. Pero lo más importante es que, con su serenidad y sencillez características, consiguió modernizar el restaurante convenciendo a su padre para elaborar recetas con menos ingredientes, simplificando los procesos y logrando una perfecta escenificación gastronómica, lograda con el impacto visual de cada plato.

Martina Puigvert. Chef restaurante Les Cols

Martina Puigvert, Les Cols.

No había ni nacido cuando sus padres abrieron el restaurante familiar que ha ubicado Olot en el mapa de la alta gastronomía. En Les Cols, su madre Fina ya marcó el camino, despuntó durante décadas y logrando la doble estrella en la Guía Michelin. Martina Puigvert Puigdevall (Olot, Gerona, 1994) no solo ha heredado la pasión por la cocina de sus padres, también está consiguiendo dejar su propia huella. 

Graduada en Gastronomía y Artes Culinarias por Basque Culinary Center, y rodada en restaurantes de prestigio, como Lua (Madrid), Koy Shunka (Barcelona), Blue Hill at Stone Barns (Nueva York) Gustu (Bolivia), desde 2016 ostenta el cargo de jefa de cocina del biestrellado, una labor que realiza junto a su madre, y acompañada por sus hermanas Carlota, que sigue sus pasos en la cocina, y Clara, seducida por la sala y los vinos. Y es que Les Cols es un negocio familiar, pero también una forma de vivir y de expresar cómo quiere vivir, en comunión con el entorno y poniendo en valor el producto de La Garrotxa. Así, el alforfón, la patata de La Vall d’en Bas, el maíz, el averío de payés, las judías de Santa Pau, la ratafía, la castaña, el nabo, las setas… son estrellas triunfantes en una cocina sensible y emocional. No en vano, confiesa que, le “motiva recuperar variedades, investigar nuevas formas de trabajar el huerto, que es ecológico, ofrecer visitas, intentar que haya más biodiversidad, más pájaros…  Estamos muy lejos de todo, pero muy conectados con lo que allí nos rodea, y eso aporta identidad al proyecto. El plato final es muy importante, pero también lo es todo lo demás”. 

Begoña Rodrigo. Chef restaurante La Salita

Begoña Rodrigo, La Salita.

Acaba de ser el foco de atención del mundo gastronómico al ser la única chef española en conseguir tres soles Repsol. Begoña Rodrigo (Valencia, 1975) es chef y empresaria hostelera. La jefa de cocina de La Salita se popularizó al ganar la primera edición del programa televisivo Top chef, pero también lidera otros negocios de restauración como los restaurantes El Huerto y Farcit, versiones más urbanas e informales de su casa madre. 

Madre, empresaria, cocinera, honesta y muy trabajadora, a Begoña no le han regalado nada en este sector. Pero siempre recuerda que ella es solo una de las tantas féminas trabajadoras y valientes que atesora el universo gastronómico.  

En su restaurante mima los productos valencianos aunque con algunos invitados llegados de la despensa asiática y latinoamericana. El resultado son unos platos en los que hasta el más mínimo detalle está muy pensado, una cocina muy equilibrada y sabrosa. Uno de sus grandes éxitos es su versión del popular All i pebre, aunque tampoco se pueden obviar su selección de salazones, y sus platos vegetales. 

María José San Román. Chef restaurante Monastrell

María José San Román. Foto: Grupo Gourmet Alicante.

Es una de las grandes damas de la cocina Española. María José San Román (Valladolid, 1955)  1 estrella Michelín, 2 soles Repsol y 1 sol sostenible en el Restaurante Monastrell, es una estudiosa del producto español, ingredientes emblemáticos que utiliza en sus seis restaurantes y en su panadería artesanal en Alicante. Pero además de todo ello, es conocida por su lucha por la igualdad de la mujer en la cocina desde la presidencia de la asociación Mujeres en Gastronomía

Pero, por encima de todo, San Román es una cocinera, empresaria y amante de la gastronomía. Embajadora de la dieta mediterránea, de la cocina alicantina, del arroz, del azafrán, del AOVE, y defensora de la búsqueda de la innovación a través de la sostenibilidad y de la salud, María José pasa por un momento en el que reivindica la libertad, como chef y como mujer. 

Sara Pérez. Enóloga Mas Martinet y Venus La Universal

Sara Pérez, enóloga de Mas Martinet.

En el mundo del vino, claramente marcado por la testosterona masculina, ella es una de las profesionales más respetadas. Sara Pérez (Ginebra, 1972) se ha labrado una reputación indudable por su carácter, sensibilidad y amplios conocimientos del mundo del vino y del viñedo. Un camino que decidió labrar, pero que le era del todo natural, no en vano es hija de Josep Lluís Pérez Verdú y Montse Ovejero, fundadores en 1986 de las Bodegas Mas Martinet e impulsores junto a otros, como René Barbier, Álvaro Palacios, Daphne Glorian y Carles Pastrana, de la revolución de los vinos del Priorat.   

Sara reconoce que “el vino no tiene sexo, es un trabajo de equipo”, pero hacerse un hueco en un sector tan masculinizado no es fácil para una mujer. Pero no ha habido barreras infranqueables para ella, una mujer vital, atrevida y un poco salvaje. Carácter que marca en cada uno de los vinos que elabora. Caldos potentes, pero libres. 

María Claudia Covarrubias. Chef pastelera en Grupo Ramsés

María Claudia Covarrubias, pastelera.

María Claudia Covarrubias (Mendoza, Argentina, 1991) es la chef pastelera del momento. Flamante Pastelera Revelación en séptima edición del Madrid Fusión Pastry, esta argentina afincada en Madrid está dando mucho de qué hablar en el mundo del dulce. Desde la dirección de la cocina dulce del Grupo Ramsés Madrid, María Claudia sigue asumiendo esta rápida ascensión en el mundo de la gastronomía. Y es que, su entrada en el mundo del dulce no entraba en sus planes. De hecho, estudió Ingeniería durante 8 años, pero sentía que no le llenaba. Así que lo dejó para buscar realmente algo que le hiciera feliz y lo halló en la pastelería. 

Pero todo parece que este nuevo terreno de dulces, frutas, harinas y especias es lo suyo. Tras llegar de su Argentina natal a Mallorca, pasó a la capital del país para trabajar como ayudante de pastelería. Pero rápidamente fue escalando puestos y recogiendo reconocimientos, como el Premio a Mejor Pastelera de Madrid 2023. Ahora, desde el poder que le da estar en el foco de muchos, la joven quiere seguir trabajando duro y reivindicar el papel y la importancia de los pasteleros en los restaurantes.

Anna Gotanegra. Jefa de sala de Estimar y Amar

Anna Gotanegra, jefa de sala de Amar y Estimar.

Anna Gotanegra es la quinta generación de una saga de pescadores de Roses (Girona), quizás sea éste uno de los secretos que mejor guardan los restaurantes liderados por Rafa Zafra para conseguir el mejor pescado y marisco del mercado. Es, sin duda, una de las claves del éxito de Estimar, pero no el único. Y Anna lo sabe bien. Junto al sevillano han forjado un buen puñado de restaurantes de los que todo el mundo habla. 

Su liderazgo en sala, su buen trato hacia el comensal y su cuidado por el detalle dejan huella. Una profesionalidad fruto de su experiencia laboral, que pasó por algunos grandes hoteles en México. Anna es la perfecta anfitriona, una gran maestra de ceremonias.

Cristina Oria. Directora de Oria Catering

Cristina Oria, chef y empresaria.

Sin duda es “la reina del catering” en Madrid. Cristina Oria (Madrid, 1983) es discípula de la escuela Cordon Bleu de París y responsable llevar la alta cocina a domicilio. Además de liderar uno de los cáterings más prestigiosos del país, Cristina es chef y empresaria. Su imperio abarca, además del Catering Cristina Oria, cuatro restaurantes —tres en Madrid y uno en San Sebastián—, todos ellos con tienda gourmet y de menaje, además de una tienda online de productos delicatessen, accesorios para la cocina y complementos para la decoración.

Su éxito se basa en su gran talento culinario, pero también, en su habilidad para crear experiencias gastronómicas únicas, donde la cocina de alta calidad se marida con el ambiente perfecto y la atención excelente. 

Así ha sido como poco a poco se ha ido convirtiendo en la empresaria de éxito y su catering, en el elegido por las novias más elegantes del país, o por los empresarios que buscan diferenciación, elegancia y alta gastronomía en sus eventos. 

Benicarló es una de las poblaciones valencianas destacadas de nuestro mapa gastronómico. Peregrinos culinarios lo visitan para degustar y saborear la propuesta del restaurante que regenta el chef Raúl Resino desde 2013. En aquel año, Raúl abría su propio negocio, bautizado con su nombre y apellido. Solo tres años después, conseguía erigirse como el Cocinero del Año y poco después, lograba su primera estrella Michelin, que conserva y conjuga con los dos Soles Repsol. 

Son distinciones que premian el buen hacer y el oficio de un chef con 30 años de trayectoria. Porque Raúl es de los cocineros que empezó muy joven y desde abajo, en restaurantes humildes. Y de los que también se formó en las más prestigiosas casas de comidas, como el restaurante Martín Berasategui de Lasarte***, El Racó de Can Fabes***, El Celler de Can Roca en Girona***, el restaurante Suzaku ** de Tokio, con el prestigioso maestro Yoshikawa Takamasa, el restaurante Zuberoa* en Oiarzun (Guipúzcoa), el Hotel Hostal de la Gavina en S’Agaró (Girona). 

En la actualidad, además de seguir deslumbrando en su restaurante -con capacidad sólo para 16 comensales y donde, sin carta, ofrece un menú degustación basado en producto de proximidad-, Raúl Resino asesora a hoteles, restaurantes, y es formador de formadores en cadenas hoteleras de lujo tan prestigiosas como Sheraton y Ritz Carlton. Además, es vicepresidente del jurado del Concurso Cocinero del Año (CCA), certamen con el que ha mantenido su relación desde que lograra ganar en 2016. 

Raúl, cuéntanos, ¿qué queda de ese Raúl Resino que ganó el Concurso Cocinero del Año y que consiguió su primera estrella Michelin?

RR. De aquel Raúl queda todo. Yo soy la misma persona, con los pies en el suelo, con la misma filosofía de trabajo, con la misma mentalidad de seguir aprendiendo y evolucionando. Pero es cierto que para mí, el premio más importante que he ganado en mi vida gastronómicamente fue ganar el concurso Cocinero del Año. Ese premio me ha permitido estar donde estoy, cumplir mi sueño. Un premio que luego nos abrió las puertas para la estrella Michelin y para recibir diferentes reconocimientos en la Comunidad Valenciana. Pero lo más importante, es que nos abrió y nos dio a conocer a más clientela, gente que vienen solo para verte y para probar lo que haces. Que viene a este pueblo humilde y con poco atractivo turístico, para sentarse en tu restaurante.   

Y en todos estos años, pues como soy algo inquieto, hemos ido evolucionando. Ahora, estamos con el Menú 10º Aniversario, un menú muy trabajado y con mucho esfuerzo detrás.

Volvamos a tu persona, a tu restaurante homónimo. Este pasado noviembre, de hecho, has renovado la estrella Michelin… ¿Cuál es el secreto para seguir en lo más alto? 

RR. Si consigues la estrella Michelin por lo que uno es, no hay que sufrir. Hay que seguir en esa línea, pero también no confiarse. Tampoco vivir con presión. Seguir mejorando, ser muy responsable con el cliente, con la calidad… Nunca hay que perder la ilusión y la constancia en un restaurante.  

¿Es ahora más fácil o menos mantenerse en la élite de nuestra cocina?  

RR. Pues no sabría decir… Nosotros lo que sí sabemos es que, como decía, no podemos bajar la guardia. Hay que seguir mejorando. Lo que está claro es que mantener la estrella es algo mágico. 

En tu web publicas esta frase: "Cocinamos como pensamos, no pensamos cómo vamos a cocinar". Desgrana esta declaración de principios… 

RR. En definitiva, es, como antes comentaba también, ser uno mismo, ser fiel a lo que somos. Nosotros no pensamos, dejamos que fluya. Yo, cuando estoy delante de un producto, de un pescado fresco, de una verdura, ellos “me hablan” me dicen qué cocción que elaboración debo hacer para ensalzar su sabor. 

Cocina de la mar, productos de la mar… ¿No se hace cada vez más complicado apostar por el producto cuando cada vez queda menos producto? 

RR. Por ahora no. La cocina del mar es mi identidad 100%. Si estuviera en el interior de Castellón, cocinaría absolutamente diferente, con los productos de allí. Tenemos ecosistemas diferentes, por lo que no puede ser lo mismo. Tengo la suerte de estar cerca del mar y yo me adapto a él. A su temporada. El mar es mágico, a veces sales y hay un producto y al día siguiente otro. Pero lo importante es adaptarse a lo que el mar nos regala. 

Solo 16 comensales, sin carta… ¿Cómo vas adaptando ese menú a las temporadas? ¿Cómo va evolucionando el menú?

RR. Sí, son solo ocho mesitas y ahora, con un menú especial, enfocado al 10º Aniversario. Queríamos hacer algo especial para el aniversario. Es un menú con mucho producto del mar, 14 platos con más de 18 productos del mar, con espardeñas, ortiguilla de mar, galeras, gambas, navajas, caballa, cigalas, bonito, carreta, cananas, pintarroja, pulpo… Y siempre con una visión evolucionada. Haciendo guiños a la tradición, a ese rancho marinero, pero con una visión actualizada. 

¿Cuál es tu ingrediente fetiche y el que nunca entraría en tu restaurante?

RR. Decidirme por uno es difícil. Podría decirte que el aceite de oliva virgen extra, pero como cualquier cocinero. Porque con el producto que tenemos, con los AOVE de aquí, ¡como para no valorarlo! Pero también destacaría, como productos estrella, los pescados humildes. Y por elegir uno, diría la juliola, que fue con el que gané el concurso de Cocinero del Año. Es un producto que prácticamente se usa solo para hacer caldo y yo allí presenté un plato compuesto por juliola con “all i pebre” de alcachofas y mini tomates. De hecho, en Castellón se me conoce como “el príncipe de la juliola”. 

Y el que no entraría, aunque sea de Castellón, pero es un producto de montaña, es la trufa. Porque no casa mucho con mi cocina. Es un producto maravilloso, pero a mí no me encaja. Las angulas, el caviar, que ahora está tan de moda, tampoco me encajan… Yo soy anti modas. 

Y si pudieras elegir entre todo tu recetario, ¿qué receta es la que elegirías y por qué? 

RR. Antes he mencionado el de la final, pero si tuviera que elegir uno sería el que me metió en la final. El plato de la semifinal que fue una merluza con AOVE infusionado con hierbas. Los recuerdos que me trae, además, son muchos. Porque era un plato que tenía que hacer con lubina, pero hubo un temporal horrible. Recuerdo que aquel día a las 5 de la mañana me planté en Mercabarna buscando una lubina salvaje y no la encontré por ningún lado. Así que al final, vi una merluza de pincho preciosa y la compré. Y me presenté con la merluza. El jurado me lo permitió, el cambio de última hora. Y al final la improvisación me fue increíble. 

Si volvemos a mirar al pasado, ¿Con qué te quedarías de tu periplo como cocinero y qué borrarías de tu trayectoria?

RR. No borraría nada. Todo lo que he hecho, por todos los sitios donde he trabajado en estos 30 años, siempre he aprendido algo, en cocina o como persona. Me he movido mucho, antes de abrir mi restaurante, y me quedaría con todos. De todos he aprendido y he estado muy a gusto. Pero me confieso un “Martinista” porque soy muy de la filosofía y de la forma de pensar y cocinar de Martín Berasategui. 

Mucho ha llovido, y ahora ya puedes hablar como maestro, como modelo para otros. De hecho, eres juez en el Concurso Cocinero del Año. ¿Qué les recomiendas a los aspirantes?

RR. A los concursantes les diría que sean ellos mismos, que no hagan nada que sepan hacer ya. Que vayan con lo que son ellos, que es lo que les ha llevado hasta la final. Que sean naturales y que cocinen lo que hacen en sus restaurantes. Y que piensen que llegar a la final es un sueño. Todos son ya ganadores. Que vivan esa experiencia. Y que lo ganen o no, entrar en Caterdata es maravilloso porque hay detrás un gran equipo de asesores, de prensa, etc. El Concurso, además de abrirte nuevas puertas, te permite conocer a mucha gente y tener amigos para toda la vida. Yo, por ejemplo, ahora, estar en el jurado me permite seguir cumpliendo sueños.

Y si miramos ahora al futuro, ¿cómo lo ve Raúl Resino, o cómo le gustaría que fuese? 

RR. La suerte en este oficio no existe, así que el futuro es por el que yo peleo. Aquí nadie te regala nada. Solo existe lo que tú siembras. Yo solo pido no quedarnos en el olvido. De hecho, seguir como estamos, es lo que pido. Seguir con ilusión, seguir aprendiendo, seguir exigiéndonos lo máximo, y seguir siendo un punto de referencia en el mapa gastronómico. Si se puede seguir creciendo, pues bienvenido sea. Pero como digo, todo es consecuencia del trabajo. Y yo estoy muy orgulloso de pertenecer a la familia del CCA (Concurso Cocinero del Año). Llevo tatuado en la piel el premio -y el logo- del Cocinero del Año por todo lo que ha significado en mi vida profesional.

Con una estrella Michelin, Juan Guillamón está al frente del restaurante AlmaMater, en Murcia. Ahora evoluciona a Almo para, precisamente, dar un paso al frente, y ofrecer mayor visibilidad a este local. Sobre sus retos, su reciente ponencia en Madrid Fusión y el trabajo diario de un chef, nos explica todo en esta entrevista.

AlmaMater, de una estrella Michelin, pasa ahora a ser Almo, ¿Por qué habéis cambiado el nombre? ¿Hay alguna razón específica?

Simplemente es una evolución del nombre. No cambia nada a nivel de propuesta, ni de equipo, ni de ubicación. No conlleva ningún cambio especial, sino todos los cambios que vamos haciendo poco a poco, o evoluciones que vamos haciendo en nuestro restaurante. No nos vamos a quedar estancados. Almo es la evolución de AlmaMater, que en latín significa "madre que alimenta", y "almo" es una palabra que tiene su significado poético en la RAE, que es "alimentador", "vivificador", así que prácticamente el significado es el mismo. Además, es más corto, es un nombre que tiene más fuerza, y pensamos que tiene más futuro y recorrido. Y además, hemos aprovechado para ponerle debajo mi nombre: "Almo de Juan Guillamón".

¿Qué podemos encontrar en Almo? ¿Cómo defines la cocina que elaboras allí?

En Almo tenemos una propuesta, desde que empezamos, que se divide en carta y menú degustación. Estamos ubicados en Murcia -yo soy murciano, aunque he estado viviendo fuera-, y en esta propuesta intentamos utilizar bastante la despensa regional, actualizar algunas recetas tradicionales de nuestra tierra, utilizamos cocina mediterránea, que también es un poco lo que nos representa en un aspecto más global, y cocina española.

Productos también de la zona, pero no nos cerramos a incorporar nuevas técnicas, más vanguardistas y que dan saltos de calidad a nuestros platos, ni a productos de fuera, ni a elaboraciones o recetas de otras cocinas, como la francesa, o elementos de cocina asiática, italiana o latinoamericana que puedan encajar, en un momento dado, aportando matices interesantes a nuestra propuesta. No tenemos ningún complejo en utilizarlos.

También tenemos un pequeño huerto. Ahora están saliendo habas y tenemos muchas cosas interesantes y a las que les queremos dar más relevancia presentándolas o elaborándolas de otra manera, incorporándolas tanto a la carta como a nuestro menú degustación.

Hablando de la cocina murciana… es más desconocida que otras cocinas mediterráneas… ¿Qué encontramos en ella? ¿Cuáles son sus ingredientes estrella?

Durante muchos años se ha dicho que Murcia es la gran desconocida. Yo soy murciano, he viajado mucho, me he relacionado con gente de otros sitios y realmente te das cuenta -cada vez menos- de que es desconocida, pero cuando la conoces siempre sorprende para bien.

Es muy rica, muy variada, porque tenemos una gran huerta, súper diversa y con productos muy interesantes en cada temporada. Hablábamos de las habas y los guisantes, de col murciana, fruta de hueso, pepino, pimiento… Tenemos muchas cosas, una calabaza espectacular que vale tanto para platos dulces como para platos salados. En producto cárnico también tenemos cosas interesantes, una gallina murciana que estamos recuperando ahora y que nos vale mucho para guisos, muy sabrosa, tenemos cordero segureño, que es una Identificación Geográfica Protegida, que también da mucho juego y se puede encontrar de diferentes maneras en bares y restaurantes de la región, y que nosotros utilizamos bastante, combinándolo con técnicas de otros sitios.

Tenemos el cabrito murciano-granadino, que es la raza autóctona de la zona y que es espectacular, la paletilla es un clásico en los restaurantes clásicos de Murcia, un básico. El producto de mar, con la costa que tenemos, el Mar Menor y el Mar Mediterráneo, marisco, pescado, una almadraba que yo creo que es de las más antiguas y la única que perdura del Mediterráneo, que es la Almadraba de La Azohía.

También salazones, que son muy típicas de Murcia y todo el Levante e incluso en Italia, pero creo que aquí vamos un poquito por encima, porque hemos conseguido tratarlas como lo que son. Antiguamente se utilizaba como método de conservación meramente, y no se pensaba en el concepto como método de cocción. Al final, cuando haces una salazón estás curando, cocinando, y nosotros aquí, desde hace ya años, utilizamos esto para dar diferentes puntos de curación y obtener diferentes resultados, más tiernos, más potentes, o lo que convenga a la receta.

Particularmente en Almo, estamos incorporándolos a las recetas como potenciadores del sabor, con "bottargas", salazones, sales vegetales… y nos parece interesante ir jugando con cosas, actualizarnos, pero sin perder la esencia del producto y del disfrute en el paladar, que es lo que buscamos en el comensal. Parece muy evidente, pero a veces te encuentras con que no siempre se cumple.

Has estado mostrando estos productos en Madrid Fusión, ¿en qué ha consistido tu participación? ¿por qué crees que debes estar en este tipo de eventos?

Es súper importante. Estoy muy agradecido y orgulloso de haber estado allí representando a la Región de Murcia. Este año hemos hecho doblete con nuestro restaurante, porque hemos estado en el Auditorio Kursaal, en San Sebastián Gastronómica, en su 25 aniversario, y luego Madrid Fusión es el congreso que más repercusión tiene a nivel mundial, donde van todos los grandes cocineros, presentan sus novedades, sus avances, sus nuevas propuestas.

Creo que es muy importante que la región vaya para allá, presente cosas interesantes, nuevas propuestas, y que se vea también un avance en la gastronomía dentro de nuestra tierra.

Empezaste tu experiencia en las cocinas del Museo de Historia Natural de Londres. ¿Cómo fue esta experiencia?

Yo estaba estudiando ADE, aquí en Murcia, un poco por inercia, pero no me sentía a gusto con lo que estaba haciendo. Estaba bastante desmotivado, era joven, no tenía la capacidad de pararme y reflexionar… Me faltaba madurez, hasta que un día me paré, lo pensé y me dije: "si a ti lo que te gusta es la cocina, dedícate a la cocina".

Como estaba a mitad de curso y ya tenía un poco la sensación de que había perdido el tiempo, entre comillas, que luego al final nunca lo pierdes, porque todo lo que vas haciendo te sirve como experiencia, en 2006 me fui a Londres, reforcé el tema del inglés, aunque ya tenía una base, y probé suerte en la hostelería, algo que nunca había hecho anteriormente.

Estuve haciendo diferentes entrevistas de trabajo, alguna prueba que otra, y un domingo que fui a ver el Museo de Historia Natural, fui con la carpeta con mi currículum, que en esos momentos estaba casi vacío, mis datos personales y poco más, algún trabajo que había hecho fuera del sector. Y me dijeron que empezaba al día siguiente, como "kitchen porter", que es un trabajo de apoyo, de ayudante de cocina.

Vi que era un trabajo duro, muy sacrificado, que también era físicamente exigente, porque eran bastantes horas y no paraba de arriba a abajo. Eran espacios grandes, y no es lo mismo trabajar en un restaurante pequeño que en el Museo de Historia Natural. Teníamos tres o cuatro puntos de cocina, nos teníamos que ir moviendo, fregar platos, fregar ollas… Tenía un compañero que me enseñaba, entre comillas mi mentor, me quemaba porque no tenía las manos acostumbradas ni curtidas.

Aprendí que era duro, pero algo hubo que me sedujo. Empecé a trabajar en la cocina, cortando, pelando verduras, echando una mano. Me gustó la experiencia porque había una ecuatoriana, una señora de Noruega, un señor de Argelia, otro brasileño, otro de Ghana, un español… A Londres va mucha gente a buscarse la vida, y me pareció muy atractivo. Me ofrecieron quedarme, pero pensé que para seguir progresando en el mundo de la hostelería y de la cocina necesitaba un poco de formación reglada, así que me volví a Murcia, estudié, iba trabajando los fines de semana y ya después empecé a trabajar en diferentes sitios.

Te has forjado en diversas cocinas y con importantes profesionales: El Portal del Echaurren en La Rioja, Arzak en San Sebastián y Calima en Marbella. ¿Qué has aprendido de todos ellos? ¿Quién te ha influido más?

Es un conjunto de todo. Me han influido todos. Pablo González, en la Cabaña Buenavista, aquí en Murcia… un dos estrellas, hice las prácticas de la escuela allí, y en una etapa posterior estuve trabajando de jefe de partida. Pablo me ayudó mucho, porque me abrió puertas de otras cocinas, la de Flanigan por ejemplo, que está en Puerto Portals (Mallorca), un restaurante con muchos comensales, pero de muy buen producto y clientela exigente, y ahí se aprende un ritmo de trabajo muy fuerte.

En El Portal de Echaurren combinamos dos conceptos, el más tradicional y el más gastronómico, actual. Con Francis Paniego aprendí muchísimo, es un "crack". Arzak es cuna y escuela de muchos grandes cocineros, la ciudad de San Sebastián es de mis favoritas, e hice muy buenas migas con muchos compañeros que estaban en una situación parecida a la mía. Luego estuve con Dani García en Calima, que tenía dos estrellas, y ahí también aprendí, porque ya tenía un poco más de responsabilidad y trabajaba con gente que, por ejemplo, venía de El Bulli u otros lugares y compartía experiencias.

Dani también es un "crack", cocina fenomenal y tiene una gran exigencia en los platos, los sabores, las texturas… Así vas cogiendo ese nivel que luego quieres mostrar. Después volví a la Cabaña, y ya después la etapa de la Formula 1.

Como dices, has trabajado también para la escudería Ferrari de Fórmula 1 seis temporadas y recorriendo el mundo. ¿Qué aprendiste de todo ello, qué tendencias internacionales te influenciaron?

Cuando empecé, me fui a Londres porque yo creo muchos de los que somos cocineros somos muy viajeros. Nos gusta probar cosas, y yo tenía esa alma viajera. Estuve moviéndome por España, en restaurantes gastronómicos, que son totalmente diferentes a lo que vendría después. Me surgió la oportunidad y, un poco por cambiar de aires, lo cogí como una experiencia vital.

Y la marca Ferrari es conocida en todo el mundo. El chef ejecutivo me decía: "puedes trabajar en restaurantes de muchas estrellas Michelin, pero no los van a conocer en todo el mundo, pero la marca Ferrari la conocen en todo el mundo". A lo mejor no esperaba estar seis años, dos o tres temporadas, pero me gustó y vi que, como cocinero, te daba otras herramientas que no había tenido en otros sitios. Me complementó muy bien la formación y la experiencia previas que llevaba, porque al cocinar en diferentes sitios y tener que buscarte la vida…

Parte del género lo llevábamos, el aceite de oliva, el arroz, la pasta, la harina… Pero el producto fresco lo teníamos que conseguir allá donde fuéramos. Brasil, Malasia, Canadá… Íbamos al mercado y probábamos diferentes productos, le das de comer a comensales que son de otras latitudes que no tienen nada que ver.

A los restaurantes gastronómicos viene gente de todo el mundo, pero aquello era una oportunidad para dar de comer a paladares súper diversos, y herramientas para desenvolverte en situaciones límite, a veces sin tiempo, con una logística que no podía ser la mejor del mundo. Eso hace que te espabiles mucho y cuando llega "jugar en casa", te montas tu restaurante y tienes mucha más rapidez para reaccionar.

Estuviste como jurado en la ronda eliminatoria del Concurso Cocinero del Año 2024, cuya final se celebra en marzo. ¿Cómo viste el nivel de los participantes? ¿Por qué crees que son importantes estos concursos como plataforma?

El nivel lo vi muy bien. Compartí el jurado con gente de mucho nivel nacional también, como Raúl Resino, Joaquín Baeza, Julia Pérez Lozano. Y luego, los concursantes también. En los platos se notaba que había mucho trabajo detrás, que estaban muy bien preparados. Creo que cada vez hay más nivel nacional, es evidente. Los jóvenes cocineros están muy bien formados, aman la profesión, tienen mucha exigencia en sus propuestas.

Lógicamente, son jóvenes, todos vamos creciendo y evolucionando, pero me gustó mucho la experiencia y se vio el nivel que hay en la cocina joven y emergente de nuestro país, que hay un "nivelazo". Luego, a nivel de repercusión, es un concurso súper importante a nivel nacional, y ya solo participar, ser semifinalista o finalista implica que la persona que ha estado allí tiene un gran nivel y un gran futuro por delante.

¿Cómo ves el sector de la hostelería en España? ¿Qué retos tiene por delante?

Hubo un "boom", porque la cocina española se ha situado, desde hace años ya, y sobre todo desde Ferran Adrià en El Bulli -aunque ya teníamos a Arzak y otros cocineros de mucho nivel-, en una posición en el podio de la cocina mundial, que es donde estamos. Hubo mucho interés por dedicarse a la cocina, sobre todo, quizás menos a la sala en un primer momento, programas de cocina que dan mucha visibilidad y atraen a jóvenes cocineros o a gente que quiere dedicarse a la cocina.

Ese "boom" estuvo y se mantuvo. Hay mucha más gente ahora que quiere dedicarse a la cocina que hace veinte años, eso es evidente. También se le dio un empujón a la sala, a la que todavía le falta un poquito de atractivo. Se ha profesionalizado mucho el sector, la gente está más formada, tanto en cocina como en sala. A nivel de profesión estamos fenomenal, con gente que quiere triunfar, crecer, que tiene mucho apetito y hambre de seguir evolucionando, formarse bien, trabajar en buenos sitios y hacer cosas interesantes.

Pero no hay que perder la esencia de que este es un trabajo sacrificado, como otros. Cuando llegas a un restaurante y ves un plato que lleva tres o cuatro elementos, uno es un caldo que necesita no sé cuantos ingredientes y no sé cuantas horas para hacerlo, y otras elaboraciones, una cocción larga, una preparación de deshuesar, de cuadrar, enmarcar, emplatar, combinar un elemento con otro… Al final, eso necesita su trabajo y su dedicación, y sus horas de trabajo.

Eso no hay que perderlo de vista nunca, y es una profesión sacrificada. En la vieja hostelería se echaban muchas horas, yo he trabajado en sitios de 60 horas semanales. Ahora eso es impensable. En mi restaurante, por supuesto, no se hace. Sitios donde tenías un día libre a la semana, o un día y medio por ahí… Había la conciencia esa de que hay que sacrificarse, pero al final el trabajador necesita tener vida social, vida personal, poder desconectar.

En Almo, cerramos dos días seguidos, que son domingo y lunes, para que la gente desconecte, y yo el primero. Tengo que conciliar mi vida con la de mi familia. Y luego también tenemos dos noches libres.

A nivel empresarial, cuadrar las horas es un reto para nosotros como cabezas del proyecto, que además va a repercutir en el tiquet medio que tenga que pagar el comensal para disfrutar de nuestras propuestas. Esto es así, es una cuestión de números.

En Madrid, Barcelona, tiene mucha competencia y muchas propuestas, pero también un poder adquisitivo mucho mayor que en ciudades como, por ejemplo, Murcia, y tienes mucha población, turismo, gente que viene de fuera, etc. Entonces te lo puedes permitir. En nuestro caso, tenemos que ir con pies de plomo. No podemos pegar un palo a los clientes ni subirnos a la parra con los precios, y el reto es ese: queremos dar buenas condiciones, pero el trabajo hay que sacarlo. Esto no es abrir una lata y ponerla encima del plato, y si quieres hacer eso no vas a tener una estrella Michelin, o los reconocimientos que sean, y el cliente va a pagar lo que tenga que pagar.

La vida ha subido, el poder adquisitivo de la gente, en consecuencia, ha bajado, aún con la subida del salario mínimo. Al final, suben los gastos de la empresa, así que hay que subir el tique medio, y es una situación difícil, pero estaría bien que hubiera bonificaciones para las empresas, ayudas en un momento dado. No estaría mal más colaboración por parte de la Administración.

 

Pedro Sánchez es el cocinero que ha conseguido ubicar en el mapa gastronómico la más pequeña de las capitales andaluzas. Desde Bagá (Jaén), su diminuto restaurante de solo 45 m2, Sánchez cocina para solo ocho comensales, aunque a él le gusta decir que lo que hace es “otra cosa”, lo que hace es “crear recuerdos”. 

Lo que es cierto es que el chef ha logrado que Bagá sea el espacio más pequeño de Europa galardonado por la Guía Michelin y dos soles Repsol. Ubicado junto a la Basílica de San Ildefonso en la capital jiennense, Bagá es un “templo” de la cocina andaluza. Desde allí un Pedro Sánchez sencillo, afable, apacible y reflexivo elabora una cocina disruptiva, emocionante, sencilla y sabrosa con apenas un par de ingredientes en cada plato. Una cocina que atrae a reconocidos chefs de todo el mundo curiosos por probar su propuesta, así como a peregrinos gastrónomos llegados de todo el mundo.

La clave de esta atracción es su particular forma de convertir lo más sencillo en lo más extraordinario. Una zanahoria, un champiñón, una quisquilla se convierten en manos de Pedro Sánchez en productos de lujo. Porque detrás hay mucha reflexión, y un ingrediente muy apreciado por el chef: la inteligencia.

"Me habían vendido la imagen del gran restaurante. O tenías algo así para poder desarrollarte, o no había nada que hacer". Así lo afirma en el libro Bagá. Pedro Sánchez, el equilibrio del sabor (Montagud, 2021), un resumen sobre la esencia de su cocina y su carrera.

Pedro, se ha dicho mucho, y bueno, de ti, pero ¿cómo te defines como chef y cómo defines tu cocina? 

PS. No me gusta que me llamen chef. Me defino como un cocinero normal, sencillo, tímido… Mi cocina no sé definirla, me cuesta ponerle una etiqueta.

¿Por qué y cómo acabaste en este universo, el culinario? 

PS. ⁠Acabé en el mundo de la cocina por casualidad. Me gustaba desde pequeño, como la meteorología, aproveché que abrió en 1998 La Escuela de hostelería de La Laguna en Baeza y probé suerte echando la solicitud, me admitieron … Y hasta ahora.

¿A quién te gusta recordar a la hora de ver en lo que te has convertido? ¿Tu maestro culinario?

PS. – ⁠Siempre recuerdo el estar en Francia, con mi mochila, sin un duro, en la puerta de Bocuse, de grandísimos restaurantes, y no poder entrar. Un cocinero joven soñaba con poder trabajar en una gran casa, aprender de los grandes, comer en ellos. Ahora todo es diferente. No se admite el sufrimiento para conseguir algo, se toman caminos más cortos y con el esfuerzo muy medido. No sé si es mejor o peor, pero ser el último de un lugar, fuera de tu casa… te hace mejor persona, creo. No tengo maestros culinarios, pero sí muchas personas a las que admiro.

Hoy estamos en un momento dulce para la cocina y la hostelería española. Pero al mismo tiempo, con este nivel tan alto, es complicado despuntar ¿Cuál crees que ha sido el secreto para haber destacado como lo has hecho?

PS. Bagá es un proyecto tan simple que creo que es eso lo que le hace diferente, no busco nada.

España se diferencia de otros países punteros en lo gastronómico, que se puede comer bien, muy bien más allá de las grandes capitales. ¿Cómo ha sido para ti hacer alta cocina en Jaén?

PS. – ⁠España es un país maravilloso, con una hostelería única en su diversidad, pero estamos cambiando, copiando el mundo anglosajón y no es bueno alejarse del producto, de la cocina, de la siesta, de nuestras tabernas y bares. La alta cocina debe estar también para apoyar todo lo que nos hace diferentes. A mí me hace más ilusión llevar a Andoni o a Ángel León a una taberna de aquí de Jaén que venir a comer a Bagá.

Has demostrado, junto con muchos otros como tú, que es posible hacer “algo grande” en poco espacio y con pocas personas, en tu caso con tu mujer y un sumiller. ¿Crees que es éste el modelo del futuro, el de pequeños restaurantes para pocos comensales?

PS. – ⁠No sé si es el futuro, pero sí un modelo que puede ir a más. No todos podemos tener un súper restaurante. Yo creo que en cualquier rincón de un pueblo puedes cocinar lo que te plazca, mira Mesón Sabor Andaluz, Fuentelgato, Lera…

Hablemos más de tu cocina. ¿Alguna manía u obsesión? 

PS. No tengo obsesiones. Sí es verdad que, conforme voy madurando más, me obsesiono por ser feliz y disfrutar cada día de lo que hago. La cocina va acompañada de una competitividad insana: premios, guías, listas… Esto va de otra cosa: poder vivir, trabajar y ser feliz.

Has demostrado que hay ingredientes menos menospreciados por otros, que tú logras ensalzar a la altura de los más lujosos Entre todos ellos, ¿algún ingrediente fetiche? ¿Por qué?

PS. ⁠Soy un enamorado de la verdura, de un buen tomate o una buena pera, del pescado, del marisco, de la carne… Pero me siento más cómodo con los vegetales.

¿Uno que nunca entrará en Bagá?

PS. El pulpo. 

¿Sabor, estética o textura? ¿A qué no renuncias nunca en un plato y qué es prescindible? 

PS. Sabor, estética, textura, temperatura… Hay platos donde la temperatura es todo, y otros donde la textura, el sabor no lo es todo, el buen gusto es muy importante. La locura también.

El momento por el que pasas, haber conseguido ubicar Jaén en el mapa de la alta gastronomía, los premios, distinciones… ¿Sueño conseguido o aún quedan por realizar? 

PS. Mi sueño era cocinar feliz. Si los premios y distinciones ayudan a poder hacerlo, bienvenidos sean. Sueño con poder seguir, solo eso. Jaén la llevo en el corazón, y todo lo bueno que le pase me hace feliz.