Barcelona

La Navidad en el hotel Gallery de Barcelona refuerza su vínculo con la tradición. La imperdible escudella con “carn d’olla” y galets, los canelones y el pollo de pagès relleno a la catalana, ponen la esencia navideña de Barcelona en el plato.

El chef del restaurante del hotel, Sintonia, Pablo Tomás, ofrece esa convivencia particular entre estas recetas tradicionales que él reinterpreta desde la modernidad y el respeto, y sus grandes referentes culinarios como el Steak Tartar, la gilda de bacalao, el brazo de ensaladilla o el croissant ahumado, siempre presentes en la carta de mediodía y noche.

Tradicionalmente, el restaurante del hotel suele llenarse de grupos y familias que eligen el espacio para pasar los días más señalados de las vacaciones de Navidad. Las salas del hotel, así como el amplio y luminoso comedor de Sintonia, una auténtica extensión de los jardines del Palau Robert, son los diversos espacios que el hotel Gallery tiene a punto para unas fiestas con sabores de siempre y un ambiente relajado y sin prisa.

Las salas privadas se convierten en cómodos espacios que adaptan su gastronomía, disposición, decoración y mobiliario a la necesidad y volumen de cada grupo, y que suponen un reducto de serenidad en el centro urbano clave donde se sitúa Gallery– entre Rosselló y Rambla Catalunya.

Tanto grupos como particulares cuentan con opciones de almuerzo, cena o aperitivo con distintos formatos y con sugerencias gastronómicas que van desde la tradición al más puro estilo barcelonés, hasta la fusión más atrevida.

Los ibéricos conviven con los sabores asiáticos, el pescado y el marisco gallegos se unen al poder de la gamba roja mediterránea, la sutilidad de la causa limeña sirve para ensalzar el mejor atún rojo de proximidad. La trufa, las setas y los frutos secos, todo un referente en Sintonia, en los que el chef Pablo Tomás le da el toque gourmet a los menús de fiesta, tanto para empresas, grupos de amigos o familias que buscan su propio espacio en los días señalados.

Además, cada miércoles por la tarde, el restaurante Sintonia ameniza sus sobremesas con Xmas Soul una iniciativa que pretende conectar al visitante con la ciudad a través de actuaciones de Xmas Jazz a cargo de la artista Alexandra Larios, cócteles con Fever-Tee y snacks que preceden las cenas navideñas en Sintonia.

"Los sabores necesitan reposar, igual que las historias bien contadas". Posiblemente, esta filosofía sea una de las claves del éxito de uno de los cocineros más prestigiosos de la cocina catalana, Carles Gaig (Barcelona, 1948). A sus 76 años, el chef sigue al frente de los fogones, y con pocas ganas de alejarse de ellos. Y es que la cocina es su pasión, su vida y lo que le ha dado y le da enormes satisfacciones, como el galardón más reciente, el Premi Barcelona Restauració 2024.

Carles Gaig ha sabido convertir la cocina catalana en un arte eterno. Lleva en su ADN el alma de una fonda familiar que abrió sus puertas en 1869. En ese rincón del barrio barcelonés de Horta, Gaig, que antes de querer ser cocinero soñó con ser futbolista, creció entre ollas y cuchillos, descubriendo que la memoria también se puede servir en un plato. Su obsesión, honrar la tradición, pero siempre con un guiño a la innovación y a la creatividad.

Famoso por su reinterpretación de los canelones, Gaig ha llevado este plato icónico a la excelencia. Sin embargo, detrás de esta obra maestra hay una historia "reposada": su receta se inspira en los canelones que su abuela preparaba los domingos, utilizando los restos del asado del día anterior. Gaig no solo ha perfeccionado esa tradición, sino que la ha elevado, llevándola a mesas estrelladas y a las guías más prestigiosas del mundo. En 1993, su restaurante fue galardonado con una estrella Michelin, convirtiéndole en un referente de la alta cocina catalana.

Pero Gaig siempre ha dicho que no cocina para impresionar, sino para emocionar. “Cocinar es recordar, es hacer que alguien vuelva a un momento especial de su vida”, afirma. Y quizás por eso, a pesar de su éxito internacional, nunca ha dejado de reivindicar la simplicidad y el alma de la cocina catalana.

Gaig es también un pionero en trasladar la alta gastronomía al formato de comida para llevar, con su línea “Gaig a Casa”, demostrando que la excelencia no tiene por qué ser exclusiva de los grandes comedores. Cada plato que firma lleva consigo una promesa: un viaje a los sentidos, envuelto en la calidez de una herencia culinaria que nunca deja de evolucionar.

Carles, 76 años y toda una vida dedicada a tu pasión, los fogones, la cocina… ¿Qué te queda por contar?

En la cocina, siempre tienes cosas por descubrir. La cocina es infinita y te atrapa… ¡Nunca aburrida!

Dices que te "adentraste en los fogones por casualidad". ¿Alguna vez te has arrepentido de aquel paso que diste a los 21 años?  

Nunca. La cocina, como digo, te atrapa y te enamora desde la recepción y la búsqueda de productos hasta cuando acabas una receta.

Carles Gaig continúa al frente de las cocinas de sus restaurante Petit Comité y Gaig Barcelona.

Tú nunca pasaste por una escuela de cocina, ¿qué mensaje da este dato a las nuevas generaciones que quieren seguir tus pasos?

Más bien sería qué mensaje les quiero dar ahora. Y quiero decirles que son muy afortunados por poder formarse. Porque la cocina es mucho más que el acto de cocinar: escandallos, ratios, no desaprovechar ningún producto… Porque, al final, esto también tiene que ser un negocio y la formación profesional es básica.  

Se te considera uno de los artífices de la Revolución Gastronómica catalana. ¿Qué se te pasa por la cabeza cuando escuchas esto?  

Que entre un buen puñado de entusiastas y compañeros hemos situado la cocina de este país en la élite mundial. 

¿Crees que es posible que haya una nueva generación como la que presentasteis chefs como tú, Adrià, los Roca o Ruscalleda

Yo creo que pueden ser mejores, porque están mejor preparados. 

Tú siempre te has distinguido por enaltecer la cocina catalana. Ahora que Cataluña ostenta la distinción de Región Mundial de la Gastronomía, ¿cuáles crees que son las asignaturas pendientes de la “cocina catalana”?  

Tenemos la mejor cocina de autor del mundo, pero creo que tenemos que conocer mejor nuestra cocina tradicional. Este sería el escenario perfecto. 

Recientemente, un crítico gastronómico ponía en duda que todo lo que hoy consideramos “cocina catalana” merezca esta distinción. ¿Se puede considerar cocina catalana lo que hacen, por ejemplo, los chefs del Disfrutar***?  

¡Por supuesto! ¿Por qué no se va a considerar catalana la cocina de autor que se hace aquí?

Carles Gaig con su último premio.

“Un plato debe estar bien hecho, pero también tiene que haber cocineros que se encarguen de preservar la cocina tradicional catalana”. ¿Crees que la cocina tradicional corre peligro por falta de relevo generacional?

Por lo que a mí respecta, haré todo lo posible para que continúe vigente y puesta al día la cocina tradicional catalana. 

Hablemos ahora de la actualidad y de ti, como chef y empresario. Porque no solo cocinas, sino que lideras Petit Comité, el restaurante Gaig en Sarrià y el restaurante Gaig en Singapur, este último dirigido por tu hija. ¿Hay algún secreto para tener energía para todo?

El secreto es conseguir que el trabajo no te preocupe, sino que te haga feliz. Trabajar para hacer felices a los que vienen a tu casa y sobre todo, pasarlo bien trabajando. 

Recientemente has recibido el Premio Barcelona Restauración, al restaurante con más calidad de la ciudad. ¿Qué ha significado este galardón para ti en este momento?

Siempre es gratificante que se estimule nuestro sector. Entre todos estamos haciendo posible una gastronomía que es referente mundial.   

¿Es posible seguir ofreciendo calidad en una gran ciudad como Barcelona? ¿Cuál es el secreto para no caer en estereotipos o en mimetismos?

Mirar siempre a la tradición para no perder la esencia de nuestra forma de entender la cocina. 

En los últimos años, el sector no ha estado exento de críticas. ¿Cómo ves la restauración en tu ciudad? ¿Qué mejorarías?

Francamente, yo la veo con muy buena salud culinaria, tanto innovadora como tradicional, y también con las recién llegadas de todo el mundo. Sinceramente, creo que Barcelona tiene una muy buena restauración. 

Y la pregunta que todos queremos conocer… ¿Piensas ya en la retirada?

¡Ni pensarlo! Me lo paso muy bien yendo al mercado, cocinando y recibiendo a mis clientes. ¡Esto es vida!

Durante una semana – del 7 al 13 de octubre – más de 250 establecimientos de Barcelona y su área metropolitana participarán en la 2ª edición de la Foodie Black Week, con propuestas únicas, descuentos exclusivos y ofertas irresistibles para recorrer Barcelona y su área metropolitana a bocados

Los restaurantes ofrecerán una semana repleta de propuestas y experiencias gastronómicas y de ocio únicas, con el objetivo de seducir a los barceloneses a descubrir la excelente oferta gastronómica y de ocio de la ciudad y de su área metropolitana.

Los establecimientos participantes presentan propuestas culinarias exclusivas, diseñadas para la ocasión, con descuentos especiales, menús degustación y maridajes únicos. Una oportunidad inigualable para descubrir la diversidad gastronómica de Barcelona y su área metropolitana.

La Foodie Black Week 2024 se consolita con su segunda edición

El evento refuerza su compromiso con la colaboración y la promoción del sector gastronómico, en un evento único que, al unir a diversos actores de la sociedad, como organismos públicos, asociaciones empresariales, gremios y establecimientos locales, se erige como un modelo de colaboración para promocionar la rica y variada gastronomía de Barcelona y su área metropolitana.

Marc Miramontes, CEO de la Foodie Black Week, señaló “La FBW es un evento que ha permitido que todas las administraciones y entidades aúnen esfuerzos con un objetivo común, de acercar la gastronomía, el ocio, los restaurantes y hoteles de Barcelona y su área metropolitana a los ciudadanos y que puedan vivir una auténtica experiencia gastronómica durante una semana con promociones increíbles”

La Foodie Black Week evoluciona año tras año, convirtiéndose en un referente internacional de la gastronomía, y han anunciado que cada año se invitará a una ciudad hermana, explorando juntas las raíces de sus cocinas y celebrando la diversidad culinaria mundial.

Kobe – Japón, ciudad invitada de la edición 2024

En esta ocasión, el evento establece un puente gastronómico con Kobe (Japón), ciudad hermanada con Barcelona desde hace más de 30 años, no solo a nivel cultural sino también gastronómico. A través de un acto institucional conjunto con el Ayuntamiento de Barcelona y el Consulado de Japón, celebraremos esta unión y exploraremos las sinergias entre ambas culturas culinarias.

Reafirma la propuesta gastronómica de Barcelona

Con tales eventos se reafirma la importante propuesta gastronómica de la ciudad de Barcelona y su área Metropolitana como un referente gastronómico de primer nivel mundial. A través de esta iniciativa pionera, se busca dinamizar y promocionar el sector de la restauración, hotelería y ocio, incentivando el consumo en los establecimientos locales y aumentando la visibilidad de la marca Barcelona.

Ofertas exclusivas, eventos y mucho más

Del 7 al 13 de octubre, los amantes de la gastronomía podrán disfrutar de una semana repleta de sabores, experiencias y ofertas irresistibles, haciendo accesible la excepcional oferta gastronómica de Barcelona a un público más amplio y reconociendo el trabajo de los profesionales de la hostelería.

Durante toda la semana, los establecimientos participantes ofrecerán a través de la web, descuentos exclusivos, menús especiales y promociones únicas, tanto en sus locales como a través de servicios de entrega a domicilio.

Un proyecto que crece y se consolida

Gracias al éxito de la primera edición, la Foodie Black Week Barcelona se ha consolidado como un evento de referencia en el sector gastronómico y se ha convertido en una cita imprescindible para los barceloneses y visitantes. Con el apoyo de L´Ajuntament de Barcelona, el Gremi de Restauració, Gremi d’Hotels de Barcelona, Barcelona Comerç, Barcelona Oberta, Turisme de Barcelona, Barcelona Restaurantes Sostenibles

Un proyecto con alma: La Foodie Black Week 2024 con World Central Kitchen

Más allá de ser una celebración gastronómica, la Foodie Black Week Barcelona tiene un fuerte compromiso social. En esta ocasión, La FBW BCN 2024 ha se ha aliado con World Central Kitchen (WCK), la primera organización en responder a emergencias a través de la comida. Con esta colaboración, se reafirma la creencia en el poder de la gastronomía para generar un impacto positivo en la sociedad, tanto a nivel local como global.

Aniol Pararols (Girona, 1993), como muchos otros cocineros, entró en el mundo de la cocina por casualidad y por descarte. Tras no saber qué estudiar, entró en un ciclo formativo de cocina donde descubrió que aquello sí, los fogones era su hábitat. Compaginó estudios y prácticas por diferentes restaurantes de Girona. Pero fue su stage en El Celler de Can Roca donde descubrió  la alta cocina, las filigranas, la investigación, la pasión por el producto y por el detalle. 

Una pasión que siguió engordando, ya como jefe de cocina de otros restaurantes, como el Antaviana, de Figueres, donde aprendió muchísimo de la cocina slow food y Km0, el Swing Gourmet, de Navata, o el Equilibri, también de Navata, donde pudo descubrir todos los entresijos de los restaurantes “de altura”, de la mano de Sergi Roca y Kevin Meisse. 

Pero conocer a Pol Mainat hace poco más de un año, le dio un giro a su vida. Ahora, en El Magnífic (Empuriabrava) lidera un joven equipo de cocina y junto al productor “reconvertido en hostelero”, forman un tàndem “magnífico”. En este local de Empuriabrava, el joven chef deja volar su imaginación y acrecienta su gusto por la cocina bien ejecutada, basada en productos de proximidad, pero no exenta de toque de tierras lejanas. Este verano, por ejemplo, deslumbra con un menú con acento thai. Y es que, para él la cocina, además, debe ser diversión. 

¿Por “quién” te dedicas a la cocina? 

La verdad es que mi padre siempre me había llevado a muchos restaurantes, de diferentes sitios. Ha sido una persona de buen comer y eso me lo ha ido inculcando. Pero yo estoy en esto de la cocina gracias a mi madre y a mi abuela. Ellas siempre han cocinado estupendamente bien.   Pero, en la cocina profesión, entré un poco por descarte, porque como era mal estudiante, decidió hacer un ciclo formativo de cocina. Y desde el primer día lo vi claro: aquello sí me gustaba. 

Pol Aniol en el restaurant El Magnífic
Aniol acabando uno de los platos de la carta en la mesa, delante del comensal.

¿A quién consideras, sin embargo, tu referente en la cocina?

Pues diría que mi profesor Ramon Ferret y Juan Pablo, el jefe de cocina que tuve en el Swing Gourmet. Uno me enseñó a trabajar y el otro a poder llevar una cocina. 

¿Cuál es el mejor consejo que te han dado y quién?

Que luche por mis metras y que defienda lo que sé hacer.

Aniol, ¿cómo llegas a El Magnífic y cuándo? ¿Cómo conoces a Pol y acabas en su restaurante? 

Pues estaba en un momento difícil y por casualidades de la vida, una amiga me puso en contacto con Pol y conectamos enseguida. Yo llegué a El Magnífic tres meses antes de la abertura, el pasado verano, para empezar a crear el concepto culinario. 

Al ser un proyecto de alguien que no venía del mundo de la hostelería, ¿tuviste algunas dudas? ¿Qué fue lo que no te hizo dudar?

Dudas, claro, alguna hubo, como cuando empiezas algo nuevo. De hecho, en un primer momento dije que no porque tenía otras ofertas encima de la mesa, pero estaba más lejos de casa. Yo estaba a punto de ser padre y para mí era una complicación si me alejaba. Así que me decidí por El Magnífic. Además, con Pol, vimos que teníamos conexión y que ambos entendíamos la gastronomía de una manera muy similar. Ambos buscamos la excelencia, el producto de alta calidad. Me di cuenta que con él podríamos crear algo nuevo en el Empordà. Por eso, me decidí.  

Aniol con Pol Mainat, en "la barra de los Siete Magnífico" del restaurante El Magnífic.

¿Qué es lo mejor de este año en El Magnífic? 

Todo. Hemos disfrutado de cada momento. Claro que ha habido momentos difíciles, personal que se va, días complicados porque no viene gente… Además, estamos empezando y en una zona de costa donde el turismo ha cambiado mucho… Y todos los inicios son difíciles, especialmente, aquí, donde se había fomentado mucho la tapa y el frito. Y llegamos nosotros con un concepto de cocina muy diferente, pensado para la gente del país que quiere comer bien. 

¿Cómo confeccionáis la carta? 

A mí me gusta cada temporada elegir un tipo de cocina, de una zona geográfica. Con sus sabores, sus técnicas… Y ahí empiezo a darle la vuelta. Intentamos transformar esos sabores para sorprender al comensal. No quiero ser muy pretencioso, quiero hacer algo para todos los públicos, porque acabamos de empezar. Pero poco a poco queremos ir subiendo el nivel. Ahora, por ejemplo, ya trabajamos algún esférico, como el de guisantes… Vamos a ir sofisticando las técnicas, poco a poco. Esto es una carrera de fondo y hay que tener fuerza y paciencia.  

Las materias primas que utilizáis en el restaurante son de lujo, muchas de proximidad, pero siempre de alta calidad ¿Quién tiene más peso en la elección de las materias primas?

Pues, lo solemos hacer bastante en conjunto, porque no nos gusta hacer nada de forma individual. Por ejemplo, hemos aprovechado contactos de amigos para conseguir algunos productos como el caviar, las anchoas o las carnes de Can Roca, de Ventalló, que es una empresa familiar que lleva 200 años trabajando las carnes. De la selección de los quesos, sin embargo, se encarga absolutamente Pol. Pero realmente lo hacemos siempre en equipo. 

¿Qué significa para ti la cocina?

La cocina ha sido un gran pilar en mi vida. Desde los 16 años ha sido mi guía y un gran apoyo en mi vida. 

¿Cómo definirías tu cocina en El Magnific? 

Es una cocina elaborada con “un productazo”, con una propuesta fresca y creativa, pero donde a la vez, intentamos mantener muchas bases culinarias de antes, algunas ya en desuso. Porque en El Magnífic queremos que nuestro cliente redescubra un Empordà gastronómico como el que había antes. Con una cocina propia basada en unos productos de proximidad que le aportan ese carácter único. Antes había muchos restaurantes así por la zona, pero creo que, cada vez, quedan menos que lo hagan así, con tanto cariño.  

Caballa con curry amarillo, verduras salteadas con kimchee y cacahuete.

¿Qué dificultad tiene trabajar en una ubicación como es Empuriabrava?

Pues, como decía antes, la zona no es la que era. El turismo que llega ya no es el de alto poder adquisitivo o si lo es, ya no gasta lo que antes gastaba. Por eso, nos enfocamos mucho al cliente nacional que valora la buena cocina, los productos de alta calidad y la cocina con toques de sofisticación.

Un plato favorito de los que has creado. 

No tengo ninguno porque todos tienen un toque especial. Personalmente, me encanta toda la repostería, el Lemon Pie de esta temporada, por ejemplo, me encanta, o el postre de coco. 

Un ingrediente preferido. 

El miso, la soja y la lima kaffir, que me encanta combinar con ingredientes de aquí. Pero también me encanta el tuétano, la trufa, el caviar… Pero como en el caso del plato, no tengo un “favorito”. 

Un deseo de futuro. 

Pues, seguir como hasta ahora, porque estoy muy contento de que Pol Mainat haya confiado en mí, porque nadie lo había hecho hasta ahora como él lo ha hecho. Y estoy muy feliz de estar en este proyecto.

Si hay un restaurante en Barcelona que ofrezca auténtica oferta gastronómica vegana, sostenible, responsable y, en definitiva, slow food, este es Rasoterra. Aunque este establecimiento es mucho más que un restaurante que cumple con estas premisas. No en vano, Rasoterra es uno de los locales más emblemáticos de la revolución verde barcelonesa. Desde que Danielle Rossi, presidente de Slow Food Barcelona, abriera sus puertas en 2013, el local se ha consolidado no solo para los paladares que buscan comer con conciencia, sino también entre los comensales que aprecian la cocina bien elaborada, creativa y basada en productos de KM 0. Buena parte de este impulso lo ha dado también la chef Adriana Carcelén, jefa de cocina de Rasoterra desde hace tres años.

Adriana (Alicante, 1981) es licenciada en Bellas Artes. Como todos los aspirantes a artistas, probó suerte en Londres. Fue en la capital londinense donde dejó los pinceles por los cuchillos. Realizó un curso de cocina plant-based y descubrió su otra pasión. Tuvo la suerte de aprender de “chefs inspiradores”, como Bettina Campolucci, Lauren Lovat o Ellie Brown.

La vida le trajo a Barcelona, donde aprovechó para formarse más en cocina, en escuelas como Hoffman y ESHOB. Y solo hace tres años el azar le volvió a jugar a su favor. Sin gran experiencia pero muchísima energía, entró a liderar la cocina del restaurante barcelonés Rasoterra.

Adriana, ¿cómo llegas a Rasoterra y cuándo?

Había ido a cenar a Rasoterra antes de la pandemia y me había encantado, me parecía un lugar muy especial, con personalidad, más cercano al tipo de cocina y de filosofía que yo estaba buscando.

Cuando postearon que estaban buscando personal después del confinamiento, mandé mi currículum, sin muchas esperanzas, la verdad, porque mi experiencia era poca.

Para mi sorpresa Dani, Chiara y yo nos conocimos y empezó esta aventura. De las mejores decisiones que he tomado. De hecho, aceptar el trabajo fue un reto enorme en mi vida que decidí tomar a pesar de todos los miedos. Ahora, siento que el viaje acaba de empezar, estamos construyendo un lenguaje propio y hay mucho por decir todavía.

¿Qué significa para ti la cocina?

La cocina es mi modo de vida y mi modo de ver la vida. Estábamos peleadas al principio por problemas de alimentación, pero, poco a poco, se fue convirtiendo en amor, en lenguaje, en colores, cultura, territorio, cuidado, orgullo. La cocina es el modo en el que me expreso. Uso todo el conocimiento que tengo en otros campos, con otras personas, en otros países para generar experiencias.

Has demostrado que la alta cocina puede ser verde, pero, ¿siempre ha sido así para ti?

Mis abuelos hacían la matanza del cerdo y tengo recuerdos de comer vísceras toda mi infancia. De hecho, trabajé en un asador de pollos con mi madre. Así que no, no ha sido siempre vegetal.

Empecé a cambiar el modo en el que comía porque no me sentía bien con mi cuerpo ni con mi mente. Empecé a leer, a estudiar e informarme, y eso me llevó a intentar ser más consciente del modo en el que me alimento. No tanto de un modo vegetal al principio, como de un modo responsable, consciente, pero una cosa llevó a la otra y no me he arrepentido desde entonces.

¿Cómo definirías tu cocina en Rasoterra?

Vegetal, de ingredientes con nombres propios, de temporada, colorida como los propios vegetales, sabrosa, divertida, sorprendente, con referentes muy diversos, comprometida, queriendo ser zero waste, sin poder serlo todavía, atrevida y llena de influencias de todos los que han pasado por aquí.

¿Qué tipo de cliente tenéis en el restaurante?

Son bio diversos como los vegetales que usamos. Personas de todo el mundo a los que les gusta disfrutar de la gastronomía, el buen producto y del vino natural, eso engloba a mucha gente. Además, suele ser un público que tiene conciencia política y social.

¿Es fácil realizar una cocina vegetariana y de proximidad en una ciudad como Barcelona?

Para lo positivo y lo negativo, la propuesta todavía es muy singular en la zona por lo que no tenemos referentes cerca. Realizamos un trabajo intenso de divulgación con Slow Food y Rasoterra, ya sea en congresos de cocina, talleres, ferias, en el servicio o donde haga falta para que cada día más personas entiendan lo que hacemos en el restaurante. Existen pequeños productores apasionados que creen en este modo responsable de trabajar y con los que colaboramos.

Una vez que vas construyendo el lenguaje, todo se engrana y se hace menos complejo, aun así, requiere de un modo de trabajo rápido ya que dependemos del clima y estamos a su merced.

Dicho esto, no es el modelo de negocio más beneficioso a nivel económico porque los márgenes no son muy elevados, pero es el que creemos que es más justo para todos.

¿Cuál es el ingrediente que más “se te ha complicado”?

No hay uno en especial, es salir de la zona de confort, que cuesta. Cuando cambias los hábitos, los ingredientes, el modo en el que cocinas, tienes que darte un tiempo para empezar a pensar de otro modo. Hay que entrenar la mente y el paladar.

Las recetas son prueba y error hasta que se encuentra lo que buscamos, a veces tardamos más, a veces, menos, como en cualquier otro lugar.

¿Qué dificultad tiene la cocina vegana o vegetariana respecto a la convencional?

La administración no proporciona mucho apoyo ni hacen ninguna labor de concienciación o divulgación al no ser algo cultural. La gastronomía vegetal no está normalizada, falta bastante trabajo, hay mucho desconocimiento y bulos que se cuelan y nos perjudican. La juventud de la cocina plant based es su mayor amigo y enemigo. Todavía hay muchísimo por decir y por desarrollar. Pero es excitante pensar en todo lo que todavía desconocemos.

¿Cuál es el plato del que más orgullosa te sientes?

El que todavía no ha llegado.

¿Cómo es trabajar con dos estandartes del movimiento Slow Food como Chiara Bombardi y Daniele Rossi?

Es un desafío siempre estar a la altura porque son un referente en gastronomía responsable. Creyeron en mí aun cuando yo no estaba segura, me han proporcionado espacio para crecer, mucha libertad creativa, y yo no puedo estar más agradecida por este tiempo. Son el espejo en el que me miro en muchos sentidos, intento aprender todo lo que puedo de su experiencia y aprovechar todo lo que llega.

¿Qué es lo que has aprendido de ellos?

Que hay que focalizarse en lo que haces, defender lo que crees, aunque sea más complicado. Si fuera fácil, no sería un reto.

¿Qué opinas de la tendencia en hostelería hacia la sostenibilidad? ¿Crees que todos los restaurantes pueden ser sostenibles?

Creo que hay mucho greenwashing que hace que el público se confunda y acabe consumiendo lugares que están lejos de serlo. Ser responsable requiere un cambio en las prioridades de los negocios que todavía no estamos dispuestos a aplicar y que las administraciones no acompañan para ayudar al cambio.

Como va siendo tradición en otros meses del año, el emblemático restaurante de cocina catalana Windsor cuenta, desde ahora hasta el mes de octubre, con una nueva experiencia, gracias al Menú Barcelona.

Con él, el restaurante rinde homenaje a la cocina de la ciudad del siglo XX a través de los platos icónicos analizados y recopilados por el periodista y gastrónomo Nèstor Luján en su obra ‘Vint segles de cuina a Barcelona’.

A través de esta propuesta, la ciudad es eje central de este menú y realiza una radiografía casi etnográfica a su trayectoria culinaria y hostelera. Para desarrollarlo, el chef David Rodríguez nos explica que se ha inspirado en el trabajo de Nèstor Luján, concretamente en su obra ‘Vint segles de cuina a Barcelona’, al integrar recetas que están en las páginas del libro y que forman parte de la historia viva de una ciudad en constante movimiento.

Son platos que han estado en restaurantes de la ciudad y han marcado una época. Para actualizarlos, David Rodríguez los ha reinterpretado con algunas de las señas que ahora forman parte del Windsor.

El Menú Barcelona del Windsor

Entre los aperitivos, por ejemplo, encontramos la langosta con salsa tártara del Hotel Ritz, el pato a la naranja del restaurante Cau Ferrat y una receta típica de la cocina popular: la tradicional sopa de tomillo.

Foto: Guillermo Pérez

En cuanto a los platos principales, también hay recetas típicas de la cocina popular barcelonesa como el bacalao con patatas y allioli o el cordero con sanfaina (pisto) dulce. Completan la propuesta los míticos canelones Rossini de la Maison Dorée.

Y, como postre, no podía faltar la crepe Suzette del Restaurant Glacier, (ahora bar Glaciar de la conocida Plaza Reial). Hay también entretenimientos, acompañados de unos ‘panots’ de Barcelona (azulejos de chocolate) y un surtido de las tradicionales ‘neules’ (barquillos).

Foto: Guillermo Pérez

La importancia de Nèstor Luján en la gastronomía mundial

A estas alturas, son muy pocos los aficionados a la gastronomía que no conocen el trabajo de Nèstor Luján. Periodista y escritor, pero por encima de todo gastrónomo, Luján ha sido una de las grandes plumas del siglo XX en el ámbito de las cosas del comer.

Su paladar exquisito, su prosa envolvente y precisa y una mirada única que, como en el caso de todos los grandes, ha ido siempre más allá de la gastronomía, son las señas de identidad de un escritor que supo condensar todos sus conocimientos en una gran obra: ‘Vint segles de cuina a Barcelona’.

Barcelona, conocida desde su gastronomía

Windsor da a conocer así a la historia de la ciudad a través de su gastronomía. Por ello han lanzado esta experiencia que promete conquistar a locales y visitantes deseosos de descubrir a qué sabe la ciudad.

Con la atención al detalle de la que Windsor ha hecho bandera siempre, la carta de cocina catalana contemporánea va cambiando por temporada, adaptándose a los productos de cada época del año. Además, el equipo del restaurante, con más de dos décadas de trayectoria exitosa a sus espaldas, ha diseñado diferentes menús que se prestan para cualquier ocasión: trabajo, reuniones familiares, ocasiones más íntimas… Todos los menús están disponibles online y se pueden maridar opcionalmente eligiendo entre más de 450 referencias vinícolas. La bodega ha sido distinguida con el premio Cartaví por ser la mejor de la ciudad de Barcelona.

Cordero con sanfaina dolça – Cuina popular, foto: Guillermo Pérez

Restaurant Windsor también se distingue por sus espacios, que reúnen armonía, modernismo, clasicismo y contemporaneidad. Esta finca modernista de la calle de Còrsega cuenta con molduras originales y techos con relieves; la decoración exquisita combina lámparas centenarias, flores frescas y obras de arte.

Equipo de cocina de Windsor

El equipo de cocina de Restaurant Windsor, abanderado por su propietario y director, Joan Junyent (Premio Nacional de Gastronomía de Jefe de Sala 2022), y el chef David Rodríguez, cuya impecable cocina es una la garantía para seguir figurando, desde hace más de dos décadas, en la Guía Michelin. Ambos han trabajado codo con codo para adaptar los platos icónicos a las tendencias imperantes en el siglo XXI.

COYA, el restaurante y coctelería del Hotel W Barcelona, acaba de reabrir su terraza cumpliendo un año, para disfrutar de las mejores vistas a la playa de la Barceloneta. COYA es una cadena de restaurantes internacional que cuenta con locales repartidos en diferentes ciudades del mundo como Dubai, Londres, París, Mykonos, sumando un total de 11 establecimientos y pronto abrirá nuevos.

El espacio exterior, de 317m2, cuenta con una capacidad de cerca de 100 personas sentadas en el apartado del restaurante, y 35 personas en la zona del lounge bar.

La terraza de COYA, que se podrá disfrutar hasta otoño, aproximadamente, se presenta como un plan perfecto para la época de primavera-verano: cena al aire libre, tomar algo después del trabajo y poder deleitarse de sus exclusivos piscos y macerados.

En cuanto a sus platos estrella destacan el guacamole con crocantes, el ceviche y tiraditos, así como la presa ibérica. Todos ellos pensados para brindar al comensal un viaje gastronómico al más puro estilo inca, ADN de su cocina fusión peruana.

“El año pasado fue un éxito. La llegada del restaurante en la Ciudad Condal, en el hotel W, ha añadido un valor más, y este año queremos consolidarlo, sobre todo con la llegada de la Copa América, ya que será un lugar estupendo para verla en directo. Creo que puede ser un punto destacado en la zona y, sobre todo, para la gastronomía de aquí. Queremos ser un referente no solo para el turista sino para el cliente local. Es un restaurante peruano, nikkei, que quiere consolidarse de manera muy fuerte en Barcelona, y poco a poco lo estamos haciendo”, según explica a Caternewsdigital, Diego Giacomini, General Manager COYA Barcelona.

Ya cumplen un año, en el que “hemos aprendido como es el entorno, el producto, los proveedores. Pequeños pasos para entender la dinámica del mercado. Así que este año ya tenemos una relación construida con nuestros clientes, entendemos mejor la estacionalidad de los productos, y así nos adaptamos a la comida a partir de las necesidades que hemos visto de los clientes”, nos destaca Yannis Stanisiere, Chief Operating Officer COYA internacional.

El hecho de que la cadena haya escogido el Hotel W para emplazarse es porque es un referente de la ciudad. “Nos da un valor más, al estar cerca de la playa, el tipo de clientes…”.

Es importante la localización del restaurante. “Un espacio muy abierto, algo que siempre buscamos en el grupo, una cocina abierta,… Si vas a Mónaco, el diseño del espacio es muy similar. La cocina en la parte de atrás, un comedor abierto y la vista del Mar Mediterráneo. Cuando vimos el local hace dos años, nos encantó la distribución y nos pareció que el entorno era el adecuado para nosotros”, especifica Yannis.

Nuevo menú de verano

Además de los emblemáticos platos que se pueden disfrutar todo el año, la cadena de restaurantes incluye nuevos platos a la carta: el arroz verde con verduras, feta y tomate confitado, el tataki de res con puerros asados y anacardos o los churros de lima y naranjas con chocolate con leche y dulce de leche.

Para reafirmar su identidad de cocina peruana, en la terraza de COYA se encuentra el paraíso de pisco sours y una amplia variedad de macerados, entre los que destacan los más veraniegos: el de piña y romero, citronela y kaffir, y albahaca y limón. También está la opción de un buen vino local.

La música y la decoración son otros de los pilares básicos de los valores y la huella de identidad de COYA: cada uno de sus espacios y esquinas están decorados meticulosamente con cuadros de artistas peruanos. La música ambiente otorga un extra de emoción a la experiencia gastronómica.

Aperturas de COYA en España y el mundo

La pretensión del grupo es crecer de manera orgánica. “Este año cumplimos 12 años y tenemos 12 restaurantes (abriremos el número 12 en Oman en septiembre). El primero fue en Londres, después en Dubái porque es un gran hub, luego en Mónaco porque la clientela de Londres y Dubai también va de vacaciones al sur de Francia, luego París, Mikonos…”, responde.

El año pasado abrieron en Marbella, y Barcelona forma parte de ese crecimiento natural. “Queremos abrir uno o dos restaurantes más en España, y Madrid e Ibiza podrían ser dos "ciudades COYA". Barcelona tenía sentido por el Mediterráneo, tras Marbella, Mónaco y Mikonos. El próximo paso lógico sería Italia y, más adelante, los Estados Unidos.

En la compañía van un paso más. COYA tiene cuatro ramas: la culinaria, las bebidas, la música y el arte. “Estos son los cuatros pilares, y uno de los que queremos seguir ampliando es el de la música, ya que tenemos nuestro propio sello musical, Coya Music, así que vamos a abrir un segundo Chanka -Chanka, la parte de vida nocturna, de club, que ya funciona en Dubái- y en mayo abriremos en Marbella, y vamos a seguir desarrollando esta rama musical.

“Puede ser una buena oportunidad para nosotros entrar en el concepto de club de playa y piscina, ya que creemos que el diseño y la comida encajan muy bien con ello, así que vamos a intentar crear este tipo de espacios en lugares como España, el sur de Francia o Italia”, concluye Yannis Stanisiere.

Ya está aquí la Navidad. Y no queda prácticamente ni una mesa libre en los restaurantes de las principales ciudades. Este año, todo indica que será la mejor campaña a nivel de facturación, pero también lo es en lo que a calidad, diversidad y oferta se refiere. Y es que, tanto en las cenas prenavideñas para grupos, como en las de las fechas más señaladas, los establecimientos hosteleros se visten de gala. 

Y es que, el 70% de los hosteleros están seguros de mejorar sus previsiones con respecto a los últimos años. Pese a la subida de las materias primas, que repercutirán un 5% en cada plato, las reservas a principio de mes alcanzaban cifras no vistas desde 2012. 

De hecho, en estas fechas, las cocinas profesionales se llenan de los mejores productos. Entre frutas, hortalizas, pescado y marisco y carne y aves, los mayoristas de Mercabarna esperan distribuir unas 103.000 toneladas de producto, sobre todo fresco, durante estas fiestas. 

En el hotel Gran Havana de Barcelona, propuestas navideñas para disfrutar en familia.

Los representantes de la Asociación de Empresas Mayoristas de Mercabarna (Assocome) se mostraron positivos y optimistas, del mismo modo que la patronal de ocio nocturno. Según la Federación Nacional de Empresarios de Ocio y Espectáculos (España de Noche), sus locales prevén facturar casi un 3% más este mes respecto a diciembre de 2022. La Nochevieja y el repunte de las cenas de empresa generarán ese impulso, según el Informe de Perspectivas de la Campaña de Navidad de 2023. En concreto, este mes generará un impacto económico global de 1.142 millones en los locales de ocio.  

Propuestas para catar la Navidad

En lo que se refiere a la oferta gastronómica, en Navidad los chefs muestran su pasión por la tradición, o por la técnica y la vanguardia. El objetivo, ofrecer la Navidad en cada bocado. Y la oferta es conspicua. Aquí va una breve selección de algunas de las comidas navideñas de algunos establecimientos hosteleros del país. 

Balausta apuesta por la tradición

El solomillo Wellintong de Balausta.

El chef Sergio Solano, con la asesoría de José Carlos García, rinde homenaje a la Navidad tradicional y a la gastronomía malagueña. Estos días han incorporado a la carta de Balausta cuatro recetas inspiradas en la tradición y protagonizadas por algunos de los productos más emblemáticos de estas fechas: crema de castañas asadas y perdiz en escabeche; solomillo Wellington con salsa Périgord y cebollita glaseada; rape en salsa verde con almejas de carril; y, como toque dulce, parfait de turrón con pasas de Málaga en Pedro Ximénez, crumble de cacao y café y sorbete de Mandarina. Platos para proporcionar al comensal momentos entrañables. 

Casa Felisa, el buen comer madrileño

Salón de Casa Felisa, en Madrid.

En Casa Felisa proponen todo el año disfrutar del “buen comer madrileño con toques de excentricidad para quienes disfrutan de nuevos y viejos enfoques de la tradición española a la mesa”. En Navidad siguen la misma filosofía. Su chef Antonio del Álamo ha diseñado seis platos exclusivos fuera de carta que recuperan los sabores de una Navidad en casa, reinventados con técnicas y combinaciones diferenciales que culminan en auténticos caprichos navideños. Las recetas que visten de gala las mesas de Casa Felisa son las ostras al champagne y cocochas al pil-pil; el bisqué de carabinero con pistilo de azafrán; el rodaballo salvaje asado en horno de brasas con patata Chérie rellena de changurro y salsa holandesa, y centro de lomo de Angus con setas y trufa negra. Por último, para los más golosos, capuchina con merengue y yema tostada, y milhoja de chocolate con pasta filo y frutos secos. 

Una Navidad “magnífica” en Empuriabrava

Pollo con gambas de Rosas de El Magnífic.

En El Magnífic, el nuevo restaurante de los Mainat en Empuriabrava (Girona), propone una Navidad “magnífica” y “sin corsets”. En la carta, siempre aderezada con propuestas de lujo gastronómico, se han colado algunos platos de “cocina catalana tradicional con toques de innovación y técnica, con el aderezo especial de nuestro chef Aniol Pararols”, en palabras de Pol Mainat, “aquellos que nos cocinaban la mama, la yaya y la tita”, pero “aliñados” con toques de modernidad. Así, durante estas fechas navideñas se pueden probar platos como el Pollo con gambas de Roses, marrón-glacé y orejones de albaricoques secos, un mar y montaña típico de las mesas festivas ampurdanesas. También han incorporado un espectacular Arroz caldoso con bogavante y aceite de bogavante, y un exquisito Fricandó con aire de romero, setas y piñones, así como una Coliflor con bechamel y guanciale crujiente. “Son platos de toda la vida, los que cocinaba mi madre en casa, y que antes era fácil de encontrar en los mejores restaurantes del país, pero que ahora son un rara avis”, subraya Pol Mainat, director del restaurante ampurdanés.

Desde el cielo de Madrid, en el Ginkgo Restaurante & Sky Bar

Ginkgo Restaurante & Sky Bar.

Celebrar desde el cielo de Madrid con la sofisticación y el detalle más exclusivo, es la propuesta de Ginkgo Restaurante & Sky Bar. El rooftop de moda de la capital, considerada una de las azoteas más famosas del mundo, ha diseñado dos menús que podrán disfrutarse exclusivamente el 24 y 31 de diciembre. Con la calidad por bandera, el menú se compone de elaboraciones y platos basados en el producto, como el Jamón ibérico con picos y regañás, Tosta crujiente de foie micuit caramelizada con fresas salteadas al Módena y Anchoa del Cantábrico sobre pan brioche y mantequilla ahumada, Alcachofas fritas con yema de huevo y polvo de jamón, el Lomo de lubina de estero con salsa marinera y almejas al Jerez, y el Medallón de solomillo de vaca con foie y salsa Perigord.

El chef a casa, con Elianco Gourmet

Comer como en un restaurante, en la mesa de tu casa.

Otra de las opciones más en boga es la de contratar a un chef privado para celebrar en casa con la cocina de un restaurante. Es la propuesta de Elianco Gourmet y el chef Víctor Comín, que durante las fechas claves reparte platos a la carta en toda la Comunidad de Madrid. Obsesionado con la perfección, y como dice un amigo, “sin tradición no hay vanguardia. Sin producto no hay cocina”, ofrece un exclusivo Take Away Gourmet con deliciosos platos navideños, empaquetados “con amor” y listos para ser disfrutados en la comodidad del hogar. 

Tapas viajeras para despedir el año en el gastrobar del Barceló Carmen Granada 

Barceló Carmen Granada.

El espacio gastronómico del Barceló Carmen Granada propone dar un giro a la típica  noche de fin de año y unirse a su mesa para despedir el 2023 por todo lo alto en su restaurante La Santa María Gastrobar, con una cena que homenajean las diferentes etapas que marcaron el viaje de Colón a América.  

El menú degustación consta de un cocktail de bienvenida a base de agua chile de té negro, salmón y su caviar con escabeche sutil de maíz de Michoacán. Le sigue un sabroso Vitello Tonato lomo bajo de ternera con salsa de anchoas y alcaparras típico de la región de Génova (Italia), y una deliciosa ensaladilla marinera y un carpaccio de quisquilla de Motril con mahonesa de erizo. Después de una reconfortante crema de calabaza asada, regaliz y buñuelo de foie y trufa, el menú continúa con un solomillo de ternera gallega, aguacate asado, pétalo de cebolla roja y praliné de castaña.

Navidad palaciega para todos los bolsillos, en el Palacio de Atocha

Mesas navideñas en el CoolRooms Palacio de Atocha.

Ubicado en un edificio palaciego madrileño rehabilitado del siglo XIX, el hotel CoolRooms Palacio de Atocha, propone exclusividad y ubicación privilegiada y una propuesta gastronómica que firma el chef Eduardo Gutiérrez. En El Patio de Atocha ofrece un menú estilo cóctel y tres opciones de menú para grupos adaptándose a diferentes presupuestos y necesidades. Además, ofrecen menús especiales para las cenas de Nochebuena y Nochevieja, con platos como el Lingote de cordero deshuesado con variado de setas y parmentier trufada o la Crema de marisco con langostinos flambeados y gel de maracuyá. Asimismo, también prepararán un exclusivo brunch de Año Nuevo y un menú especial para la comida del día de Reyes. 

Navidad, Fin de Año y Reyes en los Hoteles de Barcelona

En las mesas catalanas, la Navidad se expresa en forma de platos como “l’escudella y carn d’olla”, los canelones, o el fricandó. Muchos de estos exquisitos manjares son los que proponen en sus menús de Navidad los hoteles de Barcelona. Platos tradicionales que se combinan con propuestas innovadoras donde se da cabida a propuestas veganas o vegetarianos, incluso menús con acentos orientales. Un año más, el Gremio de Hoteles, junto con el Ayuntamiento de Barcelona, han lanzado la campaña Navidad en los Hoteles, para agrupar todas las propuestas que se pueden catar estos días en los restaurantes de los hoteles. Propuestas como la del hotel Kimpton Vividora. Ellos quieren que vivamos la Navidad “en la libertad de celebrarla siendo nosotros mismos”.

Para ello, el chef Jordi Delfa ha creado para el restaurante Casa de Vivi unos menús con toques únicos. Propuestas con toques modernos y con carácter como los del Menú de Nochebuena con una riquísima Tortita de algas y mahonesa kimchi, el Filipino de foie micuit con polvo de cardamomo, o el buñuelo de bacalao. Unos aperitivos que preceden al Arroz seco de pato azulón y alcachofas; al Mero asado, rustido de mar y espárragos a la brasa y a la Ternera blanca confitada, brioche salado y “carbonara” de setas. Y para la comida de Navidad, sabores tradicionales puestos al día: Galets rellenos de “carn d’olla” y trufa negra de invierno, el Suquet de rape, cigalas y migas sofritas en ibéricos y ajos tiernos; y Cordero confitado, puré de castañas y cebollitas glaseadas.

Con productos de proximidad

Hotel Serras Barcelona, con una oferta navideña para vegetarianos.

Otra propuesta suculenta es la del chef Marc Gascons en el Serras Barcelona, premiado como uno de los mejores hoteles de lujo y también en la categoría de hoteles boutique. En este exclusivo hotel boutique del barrio Gótico, son unos auténticos apasionados de la gastronomía. Marc Gascons ha preparado unas propuestas culinarias que son todo explosión de sabor, basados en la calidad, en productos frescos, de temporada y de proximidad (muchos de ellos de Girona, origen del chef).

La propuesta vegetariana de Navidad, por ejemplo, ofrece platos tan exquisitos como la Sopa de zanahoria con sus hojas crujientes; los Nyoquis melosos de patata con salsa de mantequilla y trufa negra Melanosporum; o el Hongo de Castañar a la brasa con demiglace vegetal y trufa negra, entre otros. Para los omnívoros, en Nochebuena el chef ha creado platos irresistibles como el tartar de vaca madurada y jamón ibérico con trufa negra Melanosporum; la Gamba roja de Palamós al vapor con su jugo; el Rodaballo salvaje al carbón, pil pil ligero y “calçots” a la brasa; o la Espaldita de cabrito “sense feina” con ciruelas, céleri y su jugo perfumado con vermut. Y en las mesas de Navidad, recetas tradicionales de auténtico lujo culinario, como la “Escudella de o pagès amb galets i pilota”, col, butifarra negra y garbanzos; los Canelones de pollo de corral con bechamel, espinacas y queso parmesano; o el tradicional Capón de Navidad relleno con fruta seca, parmentier de patata y su jugo.  

Es uno de los chefs pasteleros más respetados de la profesión. Ricard Martínez (Barcelona, 1977) estuvo durante décadas ligado a Espai Sucre, donde ejerció de maestro de maestros y donde desarrolló nuevas técnicas y combinaciones inimaginables. Su perfil pedagógico, su pasión por el mundo dulce y su dominio de la técnica le convirtieron en breve en uno de los profesionales de la cocina dulce más buscados. De hecho, es una de las figuras más importantes de la divulgación del bagaje teórico de las armonizaciones dulces. Buena parte de esa divulgación la impartía en el Essence, un espacio que marcaba distancias con el restaurante de postres convencional. Era un lugar para vivir una experiencia gastronómica, sensorial, didáctica y lúdica. Solo 12 comensales, una única mesa, un menú de cinco postres, tres tapas saladas y tres tapas dulces, todas armoniosamente maridadas con cócteles elaborados por Javier Caballero.  

Ahora, desligado de la que fue su casa durante años, sigue como asesor y creativo de no pocos restaurantes, muchos de ellos con estrella Michelin. Martínez, que forma parte del Colectivo 21 Brix, pasa por una nueva etapa de reinvención -no es la primera-, trabajando su propia marca personal: Ricard Martínez. El chef no descarta dar un paso más allá, hacia algo totalmente nuevo, donde su creatividad pueda tener rienda suelta. Mientras, sigue compartiendo con sus colegas trucos y secretos de cocina. Así lo hizo en la pasada edición de GastroEbre Flix, donde ofreció una clase magistral sencillamente espectacular. 

Ricard, ahora que vas a iniciar una nueva aventura, miremos atrás. Miremos a tus inicios. 

RM. Habría que mirar muy atrás. Trabajé en Can Fabes, con Ramón Freixa, coincidí con gente que había estado en el Drolma… Entonces, descubrí Espai Sucre, porque me quería formar. Hice el curso de 11 meses y cuando acabé me dijeron que me quedara. Y allí me quedé de jefe de Cocina durante 9 años. Vieron mi perfil, que venía de la cocina salada, y vieron que encajaba perfectamente. Fue un gran aprendizaje. Al principio 16 horas al día para formarme bien. Luego gestión del personal, de la cocina, creatividad… Porque fue de los primeros chefs, o el primero de Espai Sucre, que empecé a crear platos salados y postres junto con Jordi y Xano. Y después, los últimos años, ya pasé a dirigir el departamento de Creatividad de la Escuela Espai Sucre. Y allí pasé 15 años de mi vida. Pero el balance es de mucho agradecimiento por lo que me han enseñado y por lo que yo he podido aportar. Mi visualización de la gastronomía es “muy Espai Sucre”. Pero esta ideología tan romántica de lo que es Espai Sucre yo lo que hago es aterrizarlo al suelo. Este discurso lo hago más llano, porque todo lo que se hace allí tiene que llegar a la gente normal. No se puede quedar en cuatro profesionales y otros tantos eruditos. 

¿Y cómo lo puedes o lo vas a hacer? 

RM. Creo que mi figura siempre tiene que estar asociada a la alta gastronomía. Voy a seguir ofreciendo acompañamientos -no me gusta decir asesoramientos- a restaurantes de estrella Michelin, eso está claro. Pero ahora estoy en un momento de reinvención. 

¿Y por qué decides marchar de Espai Sucre?

RM. Estoy fuera desde enero. Y fue una decisión madurada y meditada. Piensa que he estado muchos años, y siempre “on fire”. Yo soy una persona muy natural, abierta y empática, y me encanta cuidar a la gente de mi alrededor, a mi equipo. Y así he estado todo este tiempo. Pero ahora sentía que tenía la necesidad de abrir nuevas etapas profesionales y creativas. Quería hacer nuevas cosas, abrir nuevos caminos. Y ahora tengo una experiencia que, gracias a estos años en Espai Sucre, me permitirán abrir nuevos horizontes. Era el momento. 

Y ahora… 

RM. Ahora estoy trabajando mi propia marca personal, para ofrecer alta gastronomía, calidad, pero para luego diversificarlo y hacer otros conceptos más accesibles. Quiero seguir acompañando a grandes chefs, y seguramente habrá algo nuevo, totalmente diferente a lo visto hasta ahora. Me encantaría hacer algo parecido a lo que han hecho los Roca. Su propia marca de alta gastronomía también se puede ver y catar en otros conceptos más accesibles, como las heladerías de Jordi Roca. Quiero democratizar y hacer accesible la alta gastronomía dulce. Y tengo una gran ventaja: el dominio del sabor. Porque no hay ningún sitio que trabaje mejor el sabor que en Espai Sucre. Y eso me dará un plus de diferenciación único. 

En esta democratización también está el compartir de otros compañeros, ¿no es así?

RM. Totalmente cierto. El compartir conocimientos, técnicas, formas de hacer y declarar y subrayar que son de uno u otro chef es ideal. Yo no tengo ningún problema en decir que esto lo hago como Miquel Guarro o que esto otro es de Roca. De hecho, creo que somos un referente mundial gracias a que aquí sabemos compartir. 

Un referente mundial, pero en la pastelería todavía falta ese reconocimiento más popular ¿Por qué?

RM. En pastelería es cierto que nos falta ese reconocimiento y no sé, por qué realmente pasa eso. Seguramente, es una cuestión de sabernos vender mejor. El enfoque de la pastelería no ha sido tan directa como el de la gastronomía salada. Al final la pastelería se ha quedado más en el obrador. Ahora es cuando empezamos a darle más valor, desde los propios pasteleros. Porque de calidad y de técnica no tenemos nada que envidiar. La alta pastelería para llegar a todos tenemos que romper clichés y ver cómo acercarnos más a la gente de pie. Porque estoy seguro de que es más fácil llegar a todo el mundo con la alta pastelería. De hecho, un pastelero de alta pastelería es más accesible que un menú de alta gastronomía en un restaurante con estrella Michelin. 

¿Cómo diferenciamos la pastelería de restaurante a la pastelería de tienda?

RM. Sobre todo, una de las grandes diferencias es que la de restaurantes es mucho más efímera que la de tienda. Además, la pastelería de restaurante se transforma desde la cocina a la mesa. Además, la proximidad al cocinero y a la cocina enriquece muchísimo más a la pastelería de restaurante, y eso la hace única. Las herramientas técnicas, por ejemplo, se pueden compartir, y la imaginación se expande al trabajar con la cocina salada. Por ejemplo, la técnica del papillote, el uso de las hierbas aromáticas, de las especias…  

Y tú, ¿dónde estás más cómodo, en las aulas, en la formación, en la asesoría, en el obrador, en el estudio ideando y creando…?

RM. A mí me gusta mucho el acompañamiento y asesoramiento, para enseñar y aplicar toda la creatividad y la técnica. Y formar equipos e incorporar todas estas formas de hacer en el mundo del restaurante. 

Un poco de autocrítica ¿qué piensas de los postres de restaurante en nuestro país?

RM. Creo que demasiadas veces, y en grandes restaurantes, el postre queda al margen de la experiencia gastronómica y es una pena que no haya un sentido como lo hay con el resto del menú. A veces hay marcajes de sabor deficientes, conceptos deficientes… Si tú me estás contando una historia en la parte salada, cuando llega el postre, éste debe continuar esa historia. Y esto pasa en grandes casas… Y es una pena, porque demuestra cierta dejadez. 

Yo creo que además, después del covid, esto se ha acentuado, porque se han generado nuevas formas de trabajar. Se ha aprovechado el momento para reducir plantillas, para reducir costes. La gente preparada cada vez son menos. Y sobre todo hay una gran carencia de profesionales de la pastelería de restaurante. Y lo que creo es que en el futuro (y ya está pasando) se tendrá que externalizar. Igual se externaliza el marketing, la comunicación de un restaurante, se tendrá que externalizar los postres, para ofrecer un servicio y una coherencia a todo. Esta necesidad irá en aumento y será un nicho que irá creciendo. 

 

La pastelería de restaurante es, posiblemente, una de las disciplinas más metódicas y técnicas de la cocina. Pero los postres de restaurante no siempre tienen el reconocimiento que se merecen. Jornadas como GastroEbre, dedicadas 100% a la cocina dulce, están aportando mucho para ensalzar el papel que se merece estas creaciones culinarias y sus artistas. Porque la cocina dulce es auténtico arte en un plato y sus creadores, los y las chefs, sus autores.  

Cocineros y cocineras como Eva Feliu (Ullastret, 1998), chef pastelera del restaurante Aürt de Barcelona. La joven chef participó en las jornadas de GastroEbre celebradas en Flix el pasado octubre, y demostró que la pastelería de restaurante también está mirando al aprovechamiento alimentario, a la sostenibilidad y a la cocina más saludable. 

Nacida en un entorno rural, Feliu se formó en la Escola Bellart de Barcelona y pasó por un rodaje en pequeños establecimientos pasteleros. Fue en una de estas pequeñas pastelerías donde coincidió con Maurici Cot. El maestro la acercó a los productos sin gluten y sin lactosa, cosa que le interesaba personalmente, al ser celíaca. También pasó por La Pastisseria de Barcelona, junto a Josep Maria y Ana; y se estrenó en la pastelería de restaurante en Bo.Tic. “Fueron casi tres años mágicos e intensos -recuerda Eva Feliu-. Allí aprendí muchísimo y viví una experiencia muy bonita al celebrar con ellos la segunda estrella”. Fue entonces cuando decidió dar el salto a Barcelona, y recayó en el restaurante de Artur Martínez, Aürt, donde “no solo encontré un trabajo, también una familia”. 

Eva, recientemente te vimos en GastroEbre ofreciendo una sesión de cocina dulce y “re aprovechamiento”. ¿También la pones en práctica en Aürt? ¿Cómo? 

E.F. Por supuesto. Cuando trabajas en la alta gastronomía, todos se fijan en lo que haces, por eso es interesante intentar hacer un poco de pedagogía. Debemos usar el altavoz que tenemos para hacer calar ideas con un impacto positivo, como el reaprovechamiento alimentario. En Aürt, no solo yo, sino todo el equipo trabajamos intentando reducir al máximo los desperdicios que generamos. Es un ejercicio de reflexión a nivel individual. Mientras trabajas, vas analizando las mermas que tienes y buscando alternativas creativas y, por supuesto, ricas, para no desperdiciarlas. 

¿Qué es para ti la cocina de aprovechamiento?  

E.F.  El aprovechamiento forma parte de la cocina sostenible pero también de los orígenes de la cocina. Antes no se desperdiciaba nada. Es la abundancia de nuestra sociedad que nos inculcó este mal vicio de tirar comida. No es que volvamos atrás, pero con el reaprovechamiento, nos reinventamos para mirar hacia adelante con la conciencia tranquila. Tratamos de no tener desperdicios en nuestros postres. De hecho, hemos hecho varios postres donde demostramos que trabajamos para no desperdiciar nada, porque el aprovechamiento forma parte de la cocina sostenible. Por ejemplo, con el pan que nos quedaba todas las noches después del servicio trabajamos en un postre de pan con fruta. A principios de verano, siguiendo la temporalidad, servimos un postre de nísperos usando toda la fruta, incluso el hueso. Y todo el verano, hemos servido el pre postre de sandía aprovechando no solo la pulpa sino también toda la piel de la misma.  

Es, de hecho, una manera de sostenibilidad. Y como dices, en Aürt lo ponéis en práctica ¿De qué otras maneras?

E.F.  En Aürt la sostenibilidad es "ley", por eso, trabajamos respetando la temporalidad de los productos. Además, trabajamos con pequeños proveedores y productores, de aquí a varios los hemos ido a visitar para conocer sus proyectos. Eso no solo estrecha el lazo con ellos, sino que también nos reafirma en usar sus productos y nos permite contar mucho mejor a nuestros comensales la historia de lo que están comiendo.

Hablemos un poco más de los postres de Aürt. ¿Cómo diseñas la carta dulce del restaurante? ¿Está en fusión con la oferta de Artur? ¿La diseñáis juntos?

E.F.  Los postres de Aürt siguen la misma línea que la parte salada y los trabajo con Artur. Cuando empecé a trabajar con Artur y el equipo, empecé a empaparme de su filosofía y así llegué a poder plantear ideas de platos o elaboraciones, Y, del mismo modo, cuando él me da alguna idea, puedo comprenderlo y desarrollarla. Los postres que tenemos son un trabajo en equipo y esto es lo que los enriquece. Muchas veces le doy a Artur a probar una idea y me dice "me gusta, pero le falta algo". En este momento aprendo mucho, porque es cuando él se saca de la manga un ingrediente que no conozco o un matiz en el que yo no pensaba, etc. 

¿Eres de las que gusta acabar los postres en mesa? Es decir, que los postres sean evolutivos…

E.F.  No especialmente, aunque sí me gusta la parte efímera de los postres y servirlos y contar la historia que hay detrás y los elementos de un postre a los comensales. Tener esta interacción es probablemente de las mejores partes de trabajar en un restaurante con la cocina abierta como Aürt. 

¿De qué creación te sientes más orgullosa o cuál recuerdas como un hito en tu carrera?

E.F. A mi edad me gusta pensar que siempre mejoraré y evolucionaré. Justo acabo de empezar en este mundo y por esto no le doy muchas vueltas a lo que ya he hecho. Probablemente, empezaría a ver defectos y márgenes de mejora (supongo que va con mi carácter). Aún así, recuerdo cuando hice el postre del pan que antes mencioné. Fue de las primeras ideas que tuve en Aürt y gustó mucho a todo el mundo. Fue muy gratificante porque era el primer postre que partía de una elaboración mía. 

¿Qué ingredientes utilizas más habitualmente en tu cocina dulce y cuáles empiezas a no utilizar o a rebajar?

E.F.  Me gusta mucho trabajar con las frutas de temporada y Artur siempre me anima a jugar con verduras. Intento rebajar las cantidades de azúcar a favor del sabor de los ingredientes de calidad y disminuyendo también las grasas de los postres. Todo esto nos ayuda a tener platos más agradables de comer después de todo el menú, que sean dulzones pero frescos y sin hacerse pesados.

¿Crees que la pastelería de restaurante sigue estando minusvalorada? ¿Qué se puede hacer para darle el valor que se merece?

E.F.  Creo que hay quiénes todavía no le dan el mismo valor que la parte salada. Es un problema que según veo, viene de antes. La figura del pastelero de restaurante es relativamente nueva y es la que va a dar el cambio para poner la parte dulce al nivel de la salada. Tenemos la suerte de tener a grandes pasteleros que hacen un muy laborioso y sacrificado trabajo que así, poco a poco, le dará más valor al postre. 

¿Hacia dónde crees que va la pastelería de restaurante? ¿Y hacia dónde te gustaría que se dirigiera? 

E.F.  Cada vez se acerca más a la parte salada y viceversa. Esto es muy chulo porque se trata de un enriquecimiento de ambas cocinas, la dulce y la salada a nivel tanto de ingredientes como de técnicas. Además, se aleja de estos azúcares tan refinados y grasas saturadas de la pastelería de toda la vida, que llenan tanto después de toda una comida. A mí me gustaría encontrar esos postres ligeros y agradables que limpian el paladar y el estómago, pero sin perder ese punto dulzón y cremoso con el que a todos nos gusta terminar. 

Para acabar, un restaurante donde te hayan fascinado sus postres 

E.F. Cuando pienso en postres que me han gustado mucho me vienen a la cabeza los postres Rafa Delgado (Cocina Torres). Cuando pienso en los que me han gustado y sorprendido a partes iguales pienso en los de Diego Guerrero. Realmente es difícil. Hay mucha gente que intenta jugar con cosas del mundo salado en los postres, pero allí esa influencia sutil del mundo salado sin perder el dulce descuadra.  

El mejor postre que has comido en tu vida. 

E.F.   Sin duda alguna, recuerdo todos los matices y me encantó la carbonara de plátano de Jordi Roca. 

El maestro o fuente de inspiración.

E.F.  Intento tener varios referentes en el ámbito profesional. Creo que solamente así puedes encontrarte a ti mismo. Por eso, sigo el trabajo de grandes pasteleros y cocineros. Pero mi fuente de inspiración y descubridora de este mundo de la cocina es mi abuela. Ella siempre ha estado en los fogones y es, sin duda, de quien aprendí las bases y el cariño que requiere nuestro trabajo. Además, me ayuda a mantener la cabeza clara y volar pero con los pies en el suelo.