Chefs

Fue uno de los jóvenes chefs catalanes más rompedores, y uno de los primeros en conseguir una estrella Michelin para su restaurante familiar. Quim Casellas (Palafrugell, 1975) siempre se ha mantenido fiel a la filosofía Slow Food y lleva el lema del movimiento -la búsqueda y práctica en la cocina de lo “bueno, limpio y justo”- hasta el extremo. Y lo hace en Casamar Restaurant & Hotel, conocido por tener una de las mejores vistas de la Costa Brava, no en vano, es un establecimiento situado en una zona elevada de la bahía de Llafranc (Girona), lo que hace que la fama no sea infundada. Unas vistas, sin embargo, que no desvían la atención del comensal a cada uno de los platos que firma el chef.

Su cocina es, sin duda, una cocina con personalidad, en la que los productos del Empordà son los grandes protagonistas. Mientras que se tiende a la simplicidad y a platos con pocos ingredientes, Casellas ha vuelto a la tradición, a las bases, en las que se ensalza las recetas con texturas, con fondos. Eso sí, la cuidadosa elección de cada producto y esa inmersión en la temporalidad y en el territorio, tanto como la sutileza de cada ejecución, brillan por doquier.

Casellas, siempre con su sonrisa y su vitalidad desbordante, también es un chef generoso. Una generosidad que muestra en forma de clases y showcookings, como  GastroPirineus 2024, en donde pudimos charlar con él. Pero también comparte sus conocimientos en forma de videorecetas o incluso programas de televisión y libros, en donde no esconde su pasión por la cocina, por el Empordà y por los productos que su tierra “le regala”.

Quim, sabemos que lo tuyo viene de familia, pero ¿recuerdas el momento en el que decidiste seguir la estela familiar y dedicarte a la cocina profesional?

Ya de pequeño ayudaba en las tareas sencillas del hotel… Recargar neveras, subir maletas y me gané incluso alguna pesetilla limpiando los coches de los clientes… Pero fue con 16 años,  en el momento que los estudios no me iban muy bien, cuando mi padre me hizo un hueco en la cocina. Ahí, poco a poco, me fui enganchando a este mundo mágico, primero con una cocina sencilla de pensión del hotel y poco a poco fuimos transformando esta oferta hasta el día de hoy.

La formación es clave para un chef, ¿Qué recuerdas de tu formación? ¿Qué te marcó o quién?

Tengo tantos recuerdos bonitos de mis inicios. Mi formación ha sido sobre todo en restaurantes donde he aprendido de los grandes. Primero, con mi padre aprendí los valores y las bases de la cocina, y los meses que cerrábamos Casamar aprovechaba para hacer de stagier en restaurantes de chefs como Joan Piqué, Joan Roca, Arzak, Jean Luc Figueras, Fermí Puig…. Y seguro que me dejo alguno. Con ellos aprendí el rigor, la creatividad, el respeto, el esfuerzo y, sobre todo, a no tirar la toalla. En todos estos restaurantes hice un montón de amigos con los que compartimos pasión y también algún madrugón.

Casamar
Las vistas de Casamar son famosas.

Llafranc, el Empordà, es tu tierra y el leitmotiv de tu cocina. ¿Te imaginas cocinando de otra manera?

Estoy enamorado de Llafranc y del Empordà y me cuesta imaginarme cocinar de otra manera. Adoro la belleza de mi tierra y el producto que tenemos. Es mágico tener en tan pocos kilómetros cuadrados tanta riqueza gastronómica. El arroz de Pals, las gambas de Palamós, vinos riquísimos, buenas carnes y mucha cultura gastronómica.

Llevas varios años liderando Casamar. ¿Qué balance haces y en qué momento se encuentra ahora el restaurante?

Casamar es un proyecto familiar que empieza ya con mis abuelos. Y ahora María (mi hermana) y yo estamos al frente, junto con todo este equipo maravilloso que tenemos. El balance que hago es muy positivo y esto se debe, en parte, a la situación del restaurante: Llafranc que es una cala idílica dentro del Empordà. La parte gastronómica está muy cuidada y nos esforzamos para mejorar la oferta año tras año. Y el hecho que tengamos habitaciones crea un movimiento de clientes que nuestro restaurante se beneficia. El restaurante se encuentra en uno de sus mejores momentos, que yo recuerde. El esfuerzo de todo el equipo, las inversiones que se han hecho en los últimos años, el compromiso con la oferta gastronómica y el equipo humano que tiene Casamar hace que nuestro cliente venga y vuelva.

¿El restaurante “bebe” mucho del hotel o viceversa, el hotel “se llena” por el comensal que busca y quiere comer en Casamar?

Primero, fuimos hotel y luego, poco a poco, fuimos creando una oferta gastronómica para nuestros clientes. Pero es verdad que el hecho de que el restaurante tenga hotel hace que mucha gente que venga se quede a dormir y disfruta al completo de la experiencia. En definitiva, sería un Win-Win en toda regla.

Un "mar y montaña" muy especial, de Quim Casellas.
Un "mar y montaña" muy especial, de Quim Casellas.

Tu máxima es “Mi pasión, la cocina, mi obsesión, la calidad” ¿Es más fácil o más difícil ahora buscar y ofrecer la máxima calidad?

A mí me encanta buscar nuevos ingredientes y esto me lleva a conocer a gente muy vinculada con el territorio (productores). Cuando creamos los menús primero buscamos un producto que nos motive, de proximidad, si puede ser ecológico, que tenga algún vínculo con el recetario clásico y a partir de ahí empezamos a tejer para crear el plato.

Proyectos como Girona Excel·lent o Slow Food Catalunya, al que pertenezco, también ayudan mucho a encontrar estos productos con este compromiso que buscamos.

¿Con qué receta o plato te sientes más identificado?

Un clásico del Casamar que nos acompaña desde hace tiempo es el canelón tibio de cigalas y queso artesano.

¿Cuál es la creación de la que te sientes más orgulloso?

Personalmente, mi familia es lo mejor que tengo y lo que me mantiene con los pies en la tierra. Profesionalmente, me siento orgulloso de liderar, junto con mi hermana, un proyecto familiar de tercera generación.

¿Qué ingrediente nunca entraría en tu cocina?

El cocodrilo.

Ofrecer la máxima calidad en cocina marinera, ¿es compatible con la sostenibilidad?

En el mundo marino hay mucho por descubrir y he tenido la suerte estos últimos años de estar muy vinculado a él. Se está trabajando duro para garantizar la continuidad de todas las especies marinas. Hace poco, junto con mis compañeros de Slow Food, la cofradía de Palamós y el Galp, publicamos un estudio donde se hace una radiografía del litoral y qué especies hay que trabajar en cada momento. Todo este esfuerzo hace que la calidad y la sostenibilidad sea compatible.

Eres uno de los grandes exponentes, de hecho, de la cocina marinera. ¿Cómo se trata el pescado en la alta cocina y en la restauración en general?

En la alta cocina, el pescado tiene un papel muy importante, pero seguimos trabajando con las especies más conocidas (rodaballo, lubina, merluza) y sería importante para la economía azul que los restaurantes empezaran a trabajar especies no tan conocidas, para equilibrar precios y el trabajo de los pescadores fuese más justo.

Como comentaba antes, nosotros, junto con el Galp, la Cofradía de Palamós, Slow Food y la Cuina de l’Empordanet hemos hecho muchos proyectos para fomentar el consumo de pescado ya sea en forma de talleres para padres como para comedores escolares. Es muy importante este trabajo y los restaurantes son un buen aparador para dar a conocer la riqueza del mundo marino.

El chef Quim Casellas cocinando
El chef Quim Casellas cocinando en GastroPirineus 2024, en Vallter 2000.

De hecho, lideraste el programa “La Mar de Bé” una iniciativa para reivindicar el oficio y el producto. ¿Crees que se cumplió con el objetivo?

La Mar de Bé fue uno de los proyectos más bonitos en los que he colaborado. Y creo que cumplió de sobras el objetivo, ya que sirvió para que más de un millón de personas pusieran cara a los pescadores. Un colectivo muy discreto y que hay que valorar más. En el programa se vio cómo viven, cómo pescan, cómo piensan y, también, un trabajo vinculado al mar para protegerlo.

¿Habrá nuevas temporadas?

A mí personalmente me encantaría, ya que fue una experiencia muy positiva, pero no depende de mí….

Entonces, como planes de futuro…

El futuro pinta muy bien. Seguimos con muchos proyectos vinculados con el mar y con la gastronomía en general en forma de showcookings, talleres para los más pequeños y no tan pequeños. Proyectos también de la mano de viticultores en forma de cenas maridadas.

Y por lo que respecta a Casamar, estamos con el proyecto de reforma de las habitaciones, un proyecto de reforma integral y sostenible donde habrá sorpresas.

Ecovidrio ha congregado a cinco de los mejores chefs de nuestra gastronomía, referentes en gestión sostenible, para inspirar y compartir las mejores prácticas de sostenibilidad de sus establecimientos.

Una iniciativa enmarcada dentro de EcoVares, un ambicioso programa tiene como objetivo impulsar la economía circular del sector Horeca nuestro país y lograr que 8 de cada 10 hosteleros recicle vidrio en nuestro país en 2025.

Durante el encuentro, los embajadores de EcoVares, Jesús Sánchez del Cenador de Amós; Xosé Cannas de Pepe Vieira; Martina Puigvert de Les Cols y Javier Sanz y Juan Sahuquillo de OBA; situaron a la sostenibilidad y la circularidad en el epicentro de la gestión hostelera de nuestro país.

Compartieron las mejores prácticas en materia de circularidad, eficiencia energética, consumo responsable, gestión eficiente del agua y correcta gestión de residuos, entre otras, para inspirar y movilizar a un sector con un gran impacto socioeconómico en nuestro país y determinante en la transición verde de España.

Correcto reciclaje con Ecovidrio

La correcta gestión de los residuos y el reciclado de envases de vidrio tiene un gran impacto en la transición de nuestro país hacia una economía circular.

A destacar que los establecimientos hosteleros generan cerca del 50% de los residuos de envases de un solo uso que se ponen en el mercado y que hay que reciclar y su incidencia en el reciclado posterior es determinante, según datos de Ecovidrio.

ReVolución Sostenible: con V de Vidrio, de Verde y de Vida

Además de abanderar el reciclaje de envases de vidrio, los chefs también compartieron una selección de las prácticas sostenibles más destacadas en la gestión diaria de sus establecimientos.

Así, el Jesús Sánchez al frente del Cenador de Amos, premiado con tres Estrellas Michelin, tres Soles Repsol y una Estrella Verde, puso el foco en el uso de energías renovables como medida de impacto positivo. El establecimiento cuenta con la comunidad solar, un proyecto pionero de autoconsumo que permite compartir la energía verde con los vecinos de la pequeña localidad de Villaverde de Pontones, enclave del restaurante.

En esta línea, desde Galicia, Xosé Cannas, del Restaurante Pepe Vieira, premiado con dos Estrellas Michelin, dos Soles Repsol y una Estrella Verde, explicó las claves más sostenibles de ‘A Ultima Cociña do mundo’, una propuesta gastronómica basada en la cocina de proximidad y kilómetro cero.

En su apuesta por una cadena de valor sostenible, cuenta con un huerto biodinámico a escasos metros del restaurante mediante el cual emplea los recursos propios de la naturaleza de manera responsable, evitando el empleo de sustancias químicas, fertilizantes, pesticidas y compuestos artificiales y tóxicos.

En un contexto de estrés hídrico como el actual, los chefs Javier Sanz y Juan Sahuquillo responsables de Oba, premiados recientemente con una Estrella Michelin, una Estrella Verde y dos Soles Repsol, explicaron los detalles de su huerto con sistema de riesgo árabe que permite una gestión eficiente de los recursos hídricos, así como las diversas iniciativas para la protección de la biodiversidad local centrada en la recuperación de especies en peligro de extinción como pescados de río o vegetales de ribera autóctonos, entre otros.

Durante el encuentro, Martina Puigvert, alma del restaurante Les Cols de Olot en Girona, premiado con dos Estrellas Michelin, una Estrella Verde, tres Soles Repsol y un Sol Sostenible, precursores desde hace más de 30 años de la gastronomía circular y 100 % local, inspiró al sector hostelero con ejemplos de su sistema de reaprovechamiento casi 360º.

Todos ellos han coincidido en la importancia de una correcta gestión de los residuos y, además, han puesto el foco también en el auge de un perfil de cliente cada vez más consciente del impacto ambiental de sus decisiones que busca y exige una oferta hostelera cada vez más verde y sostenible.

Ecovidrio tiene previsto impactar, con 300.000 visitas -una media de 300 visitas día- al 61% de los locales hosteleros que generan vidrio en España, mediante información, formación ambiental, planes concretos adaptados a las necesidades del sector en cada municipio y la entrega de medios gratuitos adaptados al canal.

 

 

El pasado 29 de abril se entregaron los distintivos que acreditan a los restaurantes Slow Food Catalunya, un acto que se celebra cada año y en el que los establecimientos renuevan o estrenan este reconocimiento. Este año, el encuentro, sin embargo, fue diferente al resto. Porque en esta ocasión, y por primera vez en la historia del colectivo, dos escuelas de cocina recibían el título que les acredita como fieles al movimiento que apuesta por aquello que es bueno, limpio y justo.

En este evento, celebrado en Sant Sadurní d’Anoia y apadrinado por Carme Ruscalleda, Miquel Madrigal recogía muy emocionado el distintivo Slow Food-Km 0 para la Escola d’Hostaleria del Pallars, de l’Institut Hug Roger III de Sort (Lleida). 

Miquel es el jefe del ciclo de Hostelería y Turismo de este centro educativo y el coordinador de todo el proyecto por el que el centro ha logrado entrar en este colectivo. El ciclo, que se inició en el curso 2019-20, lleva desde sus inicios, apostando por la sostenibilidad, por el cultivo propio de verduras y hortalizas, por la compra de proximidad, por los alimentos ecológicos. De hecho, el instituto de Sort ofrece dos ciclos de grado medio en tres años, Cocina y Servicios en Restauración, que preparan profesionalmente el alumnado para cubrir cualquier de las muchas ofertas de trabajo del Pirineo.

Pero la distinción Slow Food ha sido doble, ya que también la ha recibido el restaurante pedagógico del centro educativo, que también coordina Miquel.

Miquel, el día 29 recibisteis el distintivo Slow Food Catalunya, marcando un hito en la historia del colectivo, al ser una de las dos primeras escuelas de cocina en conseguirlo ¿Qué supone haber recibido esta distinción?

Supone el reconocimiento a todo el trabajo hecho hasta ahora en la escuela y con los alumnos que han pasado por ella, y un reconocimiento a los valores que queremos transmitir, precisamente, a estos alumnos de la escuela del Pallars.

Escuela de Cocina del Pallars, Slow Food
Madrigal en una de las clases prácticas de cocina, en la Escola d’Hoteleria del Pallars

⁠¿Ha sido muy complicado conseguirla? Es decir, conseguir todos los requisitos que se piden para poder formar parte del colectivo Slow Food Catalunya.

No, no ha sido nada complicado porque antes de recibir o de pensar en entrar en el colectivo Slow food ya trabajábamos con esta filosofía. Supongo que es algo que nos permite hacerlo de forma natural al estar en el territorio donde estamos. Por tanto, ha sido realmente muy fácil.

¿Qué supondrá este reconocimiento para el futuro?

Como decía, es un reconocimiento a las cosas bien hechas y espero que en el futuro nos marque una diferenciación al resto de las escuelas. Somos una escuela de cocina en la montaña, muy pequeña, con un trato personal, y tenemos y apostamos por unos valores que no se enseñan en otras escuelas.

Estudiantes Escola d'Hoteleria del Pallars recogiendo distintivo Slow Food
Estudiantes Escola d’Hoteleria del Pallars recogiendo distintivo Slow Food Catalunya.

¿En qué apartado de la filosofía “slow food” os encontráis más cómodos?

Nos encontramos a gusto en los tres grandes apartados del movimiento Slow Food: limpio, bueno, justo. Somos una escuela limpia, una escuela justa y una escuela buena. Buscamos alimentos limpios, ecológicos, justos con el trabajador, con el medio ambiente, y productos, sobre todo, buenos, que nos los dan el territorio donde estamos y la gente que trabaja en él.

Realmente, los jóvenes que suben… ¿Pensáis que serán más conscientes de la sostenibilidad, del producto local, lo que es bueno, limpio y justo, es decir, “slow food”?

¿Si los jóvenes serán más o menos slow food? Realmente, nos da igual. Nosotros lo que queremos es educar y transmitir al alumnado y a la gente que nos sigue, incluso en las redes sociales, hay que cambiar el mundo en el que estamos, tenemos que comer más de calidad y de proximidad, y luchar contra las grandes compañías que no nos llevan a ninguna parte.

Estáis ubicados en una de las comarcas más alejadas de la capital catalana. ⁠Vuestra ubicación, ¿os ha hecho conseguir la distinción de forma más fácil, que si estuvierais en una Barcelona, por ejemplo?

Sí, sí. Como lo decía antes, el territorio nos marca. Y ha sido mucho más fácil conseguir la distinción estando en el Pallars que si hubiéramos estado en Barcelona, en Lleida o en otra gran ciudad.

Y, a partir de ahora, qué… ¿Cuáles serán los siguientes pasos?

Pues queremos apostar fuerte por la concienciación hacia el despilfarro alimentario. Ya lo estamos aplicando en la escuela, en forma de compost, en nuestro huerto, en conservas… En el día a día, el futuro, no sé dónde nos llevará. Seguir trabajando en lo que creemos y en concienciar al alumnado, especialmente, como digo, en el tema del derroche alimentario. Hay que luchar contra él.

Sentarse en las mesas de la Fonda Xesc es sentir el peso de la piedra y de la historia. Este restaurante de alta cocina catalana está ubicado en una masía del 1730, en el pequeño municipio de Gombrèn, en el corazón de la comarca gerundense del Ripollés. Un lugar que no solo invita a conocer mitos y leyendas (como la del vampírico conde Arnau), sino a descubrir la cocina de montaña, sencilla y aromática que ofrece el chef Francesc Rovira, discípulo directo de Santi Santamaría.

Distinguido con una estrella Michelin (desde 2009) y un sol Repsol, la Fonda Xesc es un templo de la buena cocina con toques de autor. Sin perder su esencia de fonda de toda la vida, el establecimiento brilla especialmente por la batuta culinaria de Rovira. Su secreto, aferrarse a sus raíces y ofrecer una cocina sin pretensiones y con pocos ingredientes por plato, eso sí, productos de su entorno que aportan sabor, textura y carácter. Una cocina sin aditivos y que habla de territorio, como la oveja ripollesa que cocinó en la pasada edición de GastroPirineus 2024.

Rovira, quien recuerda que se hizo cocinero para ayudar en casa -su madre adquirió la fonda hace 50 años-, es un referente de la cocina de montaña, la de “parada y fonda”. Y es que, la fonda Xesc mantiene su esencia también como establecimiento hotelero. Una casa donde descansar y comer.

Francesc, explícanos cómo acabáis adquiriendo el edificio que ocupa la Fonda Xesc, que data de finales del siglo XVIII y que está “perdido” en un municipio del Pirineo de solo 200 habitantes.

La Fonda Xesc fue adquirida por mis padres en el año 1975. Somo “hijos” de una casa de payés de la zona, en un pueblo a 1.500 m de altitud. Gombrèn está a 900 m. Mi padre, concretamente, se enteró de que la fonda iban a traspasarla porque los anteriores dueños no tenían descendencia y la adquirió.

Pero además la Fonda Xesc es, como bien dice su nombre, “una fonda”, donde descansar y comer. ¿El cliente del restaurante es el huésped o viceversa?

Sí, hemos seguido con la misma esencia. La fonda es un lugar donde parar para comer y, si era necesario, para descansar y dormir. Y la Fonda Xesc es esto, una fonda en toda regla. Actualmente, a veces digo eso, que es un restaurante con habitaciones, donde se permite, si quieres, quedarte a dormir después de comer o cenar. La verdad es que es un valor añadido al restaurante. Así que lo que tenemos es cliente de restaurante para habitación, pero no tenemos clientes de habitación que no vengan al restaurante. De hecho, “no vendemos” la habitación sin restaurante. En La Fonda Xesc vendemos el restaurante con habitación.

Francesc, toda una vida dedicada a la cocina de montaña. Una cocina, además, con estrella Michelin desde 2009. ¿Es más complicado gustar a la Guía Roja en un restaurante como la Fonda Xesc?

Bueno, yo llevo toda la vida en la cocina. Empecé porque en casa era lo que había, y para ayudar. Antes nadie quería estar en la cocina y yo estaba a gusto allí, cocinando. Me puse para ayudar a mi madre, pero me fue gustando, me enganchó mucho la cocina. Y ahora, cada vez me gusta más cocinar. Para mí cocinar es desconectar de todo. Y sí, con el tiempo nos fuimos haciendo nombre y desde 2009 conseguimos la estrella. No sé si es complicado. Pero realmente creo que la tenemos por la trayectoria y por donde estamos. A lo mejor la Fonda Xesc en una gran urbe no tendría estrella, porque se valora diferente. Y además, hay otro tema, y es que a la Guía Michelin le conviene tener este tipo de restaurantes en su guía.

Cocinando la oveja del Ripollès, en GastroPirineus 2024.

¿Cuál es el secreto de seguir en lo alto de la cocina, pero alejado del foco que representan las grandes urbes?

El secreto es ser uno mismo y hacer lo que a uno le gusta y cómo le gusta y alejarse un poco de toda esta globalización que nos rodea. Intentar ser tú mismo, trabajar con los productos que te gustan y cuidar de los pequeños detalles. No somos mediáticos, y no van a venir grandes cantidades de clientes, pero los que vienen están encantados porque encuentran algo diferente.

La tuya es una cocina de territorio, de producto, de temporada. En los tiempos que corren, ¿es más fácil o más difícil trabajar con el mejor producto autóctono de temporada?

Nosotros intentamos seguir la temporalidad de los productos, que es básico y es de sentido común. Y no creo que sea más difícil trabajar con productos de temporada ahora. De hecho, Hay bastante sensibilidad con todo lo que es producto de proximidad, pero no me gusta hablar de Km0, porque no me gusta la palabra. Prefiero hablar de producto de territorio. Hoy en día, sí, es bastante fácil conseguirlo, pero tienes que vigilar, porque no todo lo de proximidad tiene por qué ser bueno.

¿Ha cambiado mucho el comensal de ahora respecto al de hace 20-30 años? ¿Cómo?

Sí, ha cambiado bastante el comensal. Hoy el comensal viene “muy viajado”. Ha ido a muchos restaurantes, tiene más conocimientos. Y ahora, se va al restaurante como acto social, más que para comer y alimentarse. Ahora se valora mucho más la experiencia.

Francesc Rovira Fonda Xesc
Francesc Rovira durante su showcooking de GastroPirineus 2024.

Y tu propuesta gastronómica, ¿cómo ha evolucionado?

Ha evolucionado mucho. A veces, ni me doy cuenta. Me cuesta ver la evolución, pero me pongo a pensar y no tiene nada que ver con lo que cocinaba hace 10 o 5 años. Ahora nos interesan más las cosas más limpias, más nítidas, más claras y eso se refleja en los platos. La cocina ha de ser una cocina más fresca, más sencilla.

En una entrevista reciente comentaba que “la cocina debe ser fácil” ¿Cómo definirías tu cocina?

Es difícil definirla, pero diría que es una cocina que tiene que ser limpia, clara, nítida, entendible, fresca, que entre por la vista y que después te acabe de convencer por el sabor. Una cocina de producto. Que aparentemente sea minimalista, pero que detrás haya un trabajo. Una cocina fácil para el que la hace y para el que la come.

Dices que tu cocina está influenciada por la de tu madre y la de Santi Santamaría. ¿Cuál fue el mejor consejo que recibiste de ellos?

De mi madre aprendí los platos más clásicos de montaña. Y es importante, porque cuando conoces el origen tienes un punto de partida, una gran base. Muchos platos que hago han evolucionado de aquella cocina. Y Santi Santamaría a mí me impactó más su manera de pensar, de cómo trabajar en una cocina de restaurante. Me marcó profesionalmente. Me enseñó a cuidar mucho al productor local. Porque Santi hacía una cocina de proximidad terrible ya por aquella época y eso me marcó. Hoy, todavía, mi mente se va a todo lo que él me enseñó.

Si tuvieras que elegir un plato de su recetario sería.

Sería cualquier plato de temporada. Es que no tengo un plato solo, porque a cualquier receta puedo darle muchas variaciones y matices diferentes con lo que tengo a mano. Si miro lo que la gente comenta, hay unas manitas de cerdo con sobrasada y cigala que gustan mucho. Pero no tengo un plato en especial.

Un ingrediente fetiche y uno prohibido en tu cocina.

Mis ingredientes “fetiche” son los que tengo a mano, sobre todo, las setas, que me dan mucha energía cocinarlas. Pero también las hierbas aromáticas, las verduras. Y prohibido… los aditivos. ¡Qué mal me sabe cuando voy a un restaurante y me encuentro un plato lleno de aditivos!

¿Cómo te ves en 10 años (profesionalmente)?

Pues no lo sé, pero si estoy con fuerza y energía me veo cocinando mucho mejor que ahora, eso seguro.

Más de 40 cocineros rurales están debatiendo estos días, del 28 al 30 de abril, en el II Encuentro Internacional de Gastronomía Rural, que se desarrolla en Gran Canaria con los restaurantes rurales en el punto de mira.

Entre otros, una frase reivindicativa a modo de resumen a cargo de Pepe Ron (Bar Blanco, Cangas del Narcea, Asturias): "Los restaurantes rurales somos tan buenos como necesarios, No tienes que estar en Madrid o Barcelona para hacer una cocina justa, honesta y de temporada".

En una asamblea constituyente tras la que se elegirá al alcalde de los cocineros rurales, abrió fuego quien será hijo adoptivo de Terrae, el chef Gastón Acurio, principal difusor de la cocina peruana, defensor de la relación entre cocineros y productores y del lema "no competir sino compartir", legado que quiere transmitir a los más jóvenes del sector.

Por su parte, Roberto Ruiz (Hika Gastronomiko, Villabona, Guipúzcoa), recordó que el compromiso con el entorno era antes "habitual porque no había nada más". Sin embargo, las cosas han cambiado y Luis Alberto Lera (Lera, Castroverde de Campos, Zamora) se preguntaba: "¿Cómo es posible que hayamos hecho las cosas tan mal para que hace 35 años pudiésemos cocinar nuestro entorno y hoy no?" debido a las trabas administrativas.

Sobre esta escasa colaboración de las administraciones para facilitar el trabajo de los restaurantes rurales habló María Solivellas (Ca na Toneta, Caimari, Mallorca), un ejemplo de trabajo en favor de su territorio, quien reclamó que Terrae sea el germen de "una asociación para trabajar juntos: qué necesitamos, cuáles son nuestras carencias e intentar resolver problemas, sobre todo con la Administración".

En la misma línea reivindicativa se alistaba Nandu Jubany (Can Jubany, Calldetenes, Barcelona): "No somos conscientes de la fuerza que tenemos entre todos. El Gobierno no nos considera y sin nosotros el PIB se hunde. Tenemos que ser un poco más duros porque entre todos damos mucho de comer y no lo ponemos en valor".

Apoyar a los agricultores es una de las metas de todos, y los chefs lo apoyaron: "porque sin ellos no somos nada", proclamaba Joan Capilla, de L’Algadir del Delta (Poblenou del Delta, Tarragona), quien también hizo referencia a las consecuencias del cambio climático en el sector primario y, por ende, en la cocina.

Ignacio Echapresto (Venta Moncalvillo, Daroca de Rioja, La Rioja), reclamó Concejalías de cocina fluvial o micológica para "potenciar productos olvidados que es lo que diferencia nuestras cocinas".

A Ignacio Solana (Solana, Ampuero, Cantabria) le ilusiona que la cocina rural pueda entusiasmar a las próximas generaciones para que sus protagonistas no se muden a la ciudad, y a Francis Paniengo (Portal del Echaurren, Ezcaray, La Rioja), el "verdadero drama" que sufren los destinos rurales, ante el que hay que ofrecer "discursos atractivos".

Ponencias y mesas redondas

Este lunes, el Teatro Municipal de Gáldar será el escenario de ponencias y mesas redondas para abordar la potencialidad del pino canario en la alta cocina (Borja Marrero),  los productos de temporada en el Alentejo portugués (Carlos Teixeira, Herdade do Esporao**, Portugal) o la relación de los cocineros rurales con los pequeños productores.

De la gastronomía rural más allá de la cocina se hablará en otra de las mesas redondas, en la que participarán Nandu Jubany, el zamorano Luis Alberto Lera, la mallorquina Maria Solivellas y el empresario de Gran Canaria Víctor Lugo, propietario de Finca la Laja y Bodega Los Berrazales (Agaete, Gran Canaria).

De cómo iniciar un proyecto rural de alta gastronomía integral en el rural colombiano hablará Miguel Warren, primer Cocinero Revelación de Bogotá Madrid Fusión. Y analizará las posibilidades de la Inteligencia Artificial en la gastronomía rural el físico Eneko Axpe, asesor de la NASA e investigador de la Universidad de Stanford.

 

Los próximos 8 y 9 de abril vuelve GastroPirineus, en su 9 ª edición, y por primera vez en su historia, el certamen se celebrará en dos sedes: se inaugurarán el lunes en la estación de esquí Vallter 2000 (Setcases) y se cerrarán al día siguiente en el restaurante Cal Marquès, de Camprodon.

De este modo, se dará protagonismo a los dos municipios de la comarca del Ripollès. Y se hará, como ya es habitual, llevando al escenario de GastroPirineus la cocina de montaña y de territorio.

Esta edición será una de las más transversales, con representación de todas las comarcas del Pirineo y Prepirineo. Así, al escenario de GastroPirineus 2024 se podrá ver en directo la creatividad e innovación de jóvenes chefs como Víctor Torres, de Les Magnòlies* (Arbúcies) y Quirat (Hotel Intercontinental de Barcelona), y la veteranía y la tradición de la mano de cocineros como Francesc Rovira, de La Fonda Xesc* (Gombrèn), que cocinará de la mano de Arroz Bayo.

Y más de una docena de profesionales de la cocina reivindicarán la gastronomía del territorio. Y lo harán, como ya es habitual, con sesiones de cocina en directo y maridajes de vinos y de productos del Pirineo, especialmente de la comarca del Ripollès, y otros lugares de la geografía catalana.

GastroPirineus acogerá sesiones de cocina en directo

El escenario de Vallter 2000 acogerá las sesiones de cocina en directo de Jordi Vila, del restaurante Can Jepet, de Setcases; o la de Albert Formentí, de La Glorieta, de La Seu d’Urgell, en una sesión patrocinada por el Consell Comarcal Alt Urgell y Cadí.

La cocina y los sabores araneses llegarán con Marcos Pedarròs, del restaurante Er Occitan, de Bossòst y de Alejandro Borja Pérez, del restaurante Eth Triton, de Arties, en una sesión de la mano de Torisme Val d’Aran iy el Gremi d’Ostaleria dera Val d’Aran. Mientras que el mar y montaña lo llevará hasta la alta montaña Quim Casellas, de Casamar (Llafranc). Por su parte, Jordi Àvila ofrecerá una dinámica sesión para mostrar las grandes -e inéditas- posibilidades culinarias de los productos del sello Girona Excel·lent.

Marcos Pedarròs, del restaurante Er Occitan, de Bossòst

La segunda jornada se celebrará en el Restaurant Cal Marquès de Camprodón. Una jornada que abrirá “La cocina transfronteriza de montaña” de Albert Boronat (Llívia), y que contará también con la sesión de cocina de François Will, de La Chaumière (FontRomeu-Odeillo-Vía).

Inés Quintana, del restaurante Cal Jou, de Conques (Pallars Jussà), ofrecerá una sesión titulada “Cocina de madrinas con horno de leña”. Mientras que los jóvenes del Aula Hostelería del Ripollès y el Instituto Abad Oliba llevarán los Productos del Ripollès al escenario en la sesión “Productos y territorio”.

Ingredientes y protagonistas imprescindibles

Un año más, las jornadas contarán con “ingredientes invitados”, que hacen posible las sesiones de cocina, en forma de patrocinio y sponsors. Así, por ejemplo, los chefs podrán cocinar con el aceite de la DOP Oli Terra Alta; con Arroz Bayo; con la mantequilla y quesos Cadí, con cervezas de Estrella Damm, y con productos de Girona Excel·lent.

También tendrá protagonismo el pan artesano de Panàtics, y los enseres y maquinaria de cocina de Castey, Josper y Rull. Especial papel tendrán este año los productos de la zona, bajo el sello Productes del Ripollès.

GastroPirineus nació el 2016 de la mano de GastroEvents, con el objetivo de dar a conocer la cocina y el producto de las zonas de montaña, y para poner en valor la cocina tradicional y autóctona de los Pirineos, elaborada con productos de cada una de sus comarcas, así como para poner en valor a las cocineras y cocineros que mantienen este patrimonio gastronómico que aporta identidad en el territorio.

 

Muchos le conocen como “el chef de la galera”, no en vano, es uno de sus ingredientes fetiches, y al que le ha dedicado todo un libro, La Galera L’Antic Molí (Planeta Gastro). Vicent Guimerà lleva más de una década trabajando y experimentando con este producto de la mar en la alta gastronomía. Un trabajo que le llevó además a conectar con otros ingredientes de su entorno.

Hijo de restauradores, Guimerà ha logrado mantenerse en lo más alto con su restaurante, inaugurado en 2004 en Ulldecona (Tarragona). En lAntic Molí luce un Sol Repsol, un estrella Michelín y una estrella verde, que le reconocen su trabajo en la cocina sostenible, su pasión por la cocina del territorio y su labor para acercar los pequeños productores a la alta gastronomía. También es miembro del colectivo de cocineros Slow Food Catalunya y Km0.

Su último proyecto es Mans Essència “un artefacto de artesanía”. Una experiencia gastronómica de 20 elaboraciones, con técnicas sorprendentes, en las que todo lo que hay en la mesa está hecho por artesanos, incluso la vajilla de cada plato. Pero un proyecto que nace en la tierra, y que se sustenta en la sostenibilidad llevada al extremo. Un breve resumen de lo que es Mans lo pudimos ver en su showcooking en GastroMar, donde volvió a demostrar su conexión con los pescadores.

Vicent, a tus 43 años, eres uno de los cocineros más reconocidos del país, con una estrella Michelin, una estrella Verde, un Sol Repsol, premio Alimentos de España en la Restauración 2023, y reconocido en el Top 10 de España de los mejores restaurantes de vegetales, entre muchas otras distinciones. ¿Te imaginaste este camino siendo un niño, mientras crecías entre ollas y sartenes en Casa Santi?

VG. Muchas gracias por las distinciones. Desde pequeño siempre he tenido claro que quería un restaurante propio aunque no me podía imaginar un Antic Molí como lo es el de ahora. La evolución ha sido grande y hemos ido creciendo durante estos 20 años (este año es, de hecho, nuestro 20 aniversario).

Como bien has dicho, comencé en Casa Santi, el restaurante de mis padres, casi por inercia, echaba una mano en la sala cuando era más joven. Cuando crecí más comencé en la cocina y estudié en la escuela de Cambrils para ampliar conocimientos y ahí empezó todo.

Tus padres, de hecho, han sido muy importantes para ti. ¿Cuál es el mejor consejo que te dieron?

VG. Pequeños pasos, hacen grandes pasos. En mi casa no se ha conocido otra forma de trabajar que no fuera con constancia y pasión.

Además del modelo familiar, ¿quién te ha marcado más como chef?

VG. Martin Berasategui me parece un gran referente a nivel nacional y Albert Adrià, como ejemplo de innovación y reinvención.

¿Cuál es el secreto para haber logrado llegar hasta aquí?

VG. No hay secreto. Al final las cosas que tienen que llegar, llegan solas si trabajas con dedicación y amor. No hay otra fórmula, es lo que se transmite en los platos al comensal.

Tu pasión por los productos de tu entorno, la sostenibilidad, en definitiva, la cocina “slow food” son tus señas de identidad. Pero, ¿cómo te defines tú como chef?

VG La sostenibilidad forma parte de nuestra cocina. No me considero chef, soy cocinero que aprende todos los días algo, y sobre todo, soy una persona como cualquier otra, y pienso que eso es lo más importante que debemos recordar para poder llevar bien un negocio, el ser personas.

Acabamos de ver un “aperitivo” de lo que es “El Projecte Mans”. Cuéntanos ¿qué es, cómo nace y cómo se desarrolla en tu restaurante?

VG. Mans nace de un periodo muy importante de reflexión. Mi familia siempre había tenido tierras que en su momento habían sido explotadas. Pero habían caído en desuso y se me ocurrió volver a ponerlo en marcha, como idea de un futuro más sostenible al restaurante. No quise quedarme solo ahí. Como amante de mi tierra, pensé en cómo explotar y fomentar el trabajo en la zona, creando distintas sinergias con productores locales y artesanos de la zona, fomentando así la encomia circular. Todo esto marcó el comienzo de Mans, que luego se reflejó en la vajilla y platos.

A día de hoy, hemos dado un paso más al frente, y podemos auto abastecernos del propio huerto. Trabajamos lo que el huerto, y nuestro "payés" nos trae. Esto ha sido un cambio muy importante dentro del menú Mans, ya que trabajamos 100% con producto de temporada y de origen propio.

Recuperación de ingredientes, conexión con el territorio… Y, todo ello, envuelto de técnica y esteticismo, y presentado en una vajilla artesanal. ¿Cuál es el producto y el plato que más te enorgullece del nuevo menú y por qué?

VG. Hemos creado un menú que se nutre al ritmo de nuestra finca. Donde los platos van de la mano del ciclo de la naturaleza.  Evolucionamos las creaciones y nos emocionamos con el sabor de cada estación. Nace "El mundo que vuelve". Por ello, no podría elegir un plato o un producto en concreto porque todos tienen un algo especial. Los pensamos con mucho mimo y cuidado, intentando buscar el equilibrio entre la técnica, el sabor y la historia que queremos contar de él.

Gracias al Proyecto Mans has entrado a formar parte de la "We’re Smart Green Guide".

VG. Sí, hemos entrado a formar parte de la “We’re Smart Green Guide”. Puntuados con 4 rábanos sobre 5. Reconocidos en el Top 110 de los mejores restaurantes vegetales de todo el mundo y en el Top 10 de España. En l’Antic Molí tenemos un menú gastronómico vegano. Es todo un orgullo esta distinción.

¿Cuál es el reto más difícil de esta apuesta por el territorio, por la economía circular?

VG. La puesta en valor es muy complicada. Nos encontramos en una zona en la cual hay que trabajar duro para que se apueste por proyectos de este estilo.

En l’Antic Molí también cuentas con un La Finca, 7.000 m2 de agricultura regenerativa. Más que de sobras para autoabastecerse…

VG. La sostenibilidad no es una opción, sino una necesidad. Por eso, l’Antic Molí trabaja la finca orgánica y regenerativa con gestión holística para el cultivo diverso de hortalizas y el gallinero móvil. Es una agricultura natural, que revierte el cambio climático con la restauración de la materia orgánica. 7.000m2 de agricultura regenerativa, con el cual llegamos a autobastercernos y del cual utilizamos todo. Aprovechamos al 100% de los restos orgánicos, que se generan en el restaurante y los convertimos en humus de lombiz. Que a la vez servirá otra vez de alimento muy rico para futuros cultivos de la huerta.

Actualmente, poseemos unas 40 gallinas, que son alimentadas con las hortalizas y verduras que genera el huerto y los desechos orgánicos del mismo restaurante. Es una simbiosis muy importante, que nos ayuda para poder combatir las enfermedades y las plagas en la huerta, y así poder sacar mucha calidad en los productos. Hemos iniciado una colaboración con la Cooperativa Terram. Este proyecto impulsa el empleo social y laboral a través de la agricultura, a colectivos vulnerables.

De hecho, no es la única acción solidaria que realizas. Organizaste la Gala Solidaria en beneficio de la ELA, en el proyecto Cuina Solidària… ¿Crees que los cocineros deberían aprovechar más su imagen para dar visibilidad a este tipo de acciones?

VG. La verdad es que es importante formar parte de este tipo de causas, y cada uno trabaja su visibilidad a criterio propio, lo cual no creo que sea reprochable.

Yo, por mi parte, disfruto mucho siendo parte de este tipo de proyectos que van un poco más allá de la cocina y conecta con las personas. Creo que este tipo de cosas no tienen precio, y son las que nos quedaremos al final de todo.

En l’Antic Molí, además de Mans, también está el espacio bistró Amunt… ¿Es quizás el motor del restaurante, el que te permite poder desarrollar otros proyectos como Mans?

VG. Es una parte muy importante, no existiría uno sin otro ya que en los inicios empezamos con un menú bistró y con el tiempo evolucionamos al menú gastronómico mans. Además, este mes de marzo es muy especial, han reconocido a l’Espai Amunt como restaurante recomendado en la Guía Michelin.

¿Crees que la sostenibilidad es la única vía para el futuro de los restaurantes gastronómicos en el futuro?

VG. Para mi es un estilo de vida necesario.  A l’Antic Molí hacemos uso sostenible de los recursos de nuestra finca. Preservamos la tierra y sus frutos a partir de la agricultura regenerativa. Lo hacemos, no para nosotros si no también para las futuras generaciones. La sostenibilidad es un "win to win" para todo el mundo y sobre todo para la naturaleza. Por eso estamos comprometidos al 100%.

Y hablando de futuro… ¿Cómo te imaginas el tuyo?

Intento no poner la vista en el futuro más de lo necesario, a no ser que sea para planificaciones de eventos. Creo que el Antic Molí está pasando por un año muy especial y hay que disfrutarlo. Estamos trabajando bien nuestra huerta, estrenamos menú, celebramos nuestro 20 aniversario… Es un presente muy bonito.

Con dos estrellas Michelin en el restaurante Voro, de Mallorca, el chef Álvaro Salazar se proclamó campeón del Concurso Cocinero del Año en 2018. Realiza una cocina creativa libre, comprometida con sus raíces y memoria, nutriéndose del entorno, donde el mediterráneo está presente a cada paso. Para él su equipo es una máxima y lleva con el mismo desde hace ya muchos años.

En Voro ya has reafirmado las dos estrellas Michelin. ¿Cómo ha evolucionado la cocina del restaurante en el tiempo?

Voro es un proyecto que abrió en 2018 y ha ido evolucionando cada año. Somos fieles a nuestro estilo de cocina, a nuestra filosofía, pero la inversión en el local en sí y la estructura del negocio han ido creciendo cada año, así como, por supuesto, la oferta gastronómica. Voro crece y evoluciona no cada año, sino casi cada mes, semana o cada día.

El nexo de unión más potente que tenemos es que el equipo de cocina sigue siendo exactamente el mismo que en 2015-2016, cuando ganamos la primera estrella Michelin en otro proyecto, el restaurante Argos. El equipo humano es exactamente el mismo, algo que es un hito dentro de la alta gastronomía a nivel nacional.

Decís que vuestra cocina no tiene limitaciones, ¿Cómo la defines?

La cocina de Voro nace en el Mediterráneo, pero no hacemos cocina mallorquina al uso. Utilizamos como fuente de inspiración las Islas Baleares, pero con una visión bastante más global. No por ello hacemos referencia a cocinas foráneas, porque no hacemos ni un guiño a nada que sea de fuera de nuestro país.

Creo que el estilo de cocina que tenemos, la manera de plantear los platos que creamos en Voro es algo diferencial, porque cada una de las creaciones que hacemos marca una época, una fecha concreta.

Cuando decimos que no tenemos limitaciones, que nadie piense que hacemos cosas extrañas. Somos muy respetuosos con el recetario nacional, pero sobre todo lo que hacemos es mirar los productos desde un punto de vista diferente, o intentando que no sea el mismo que tiene el resto.

Como buen andaluz, ¿la gastronomía del sur está presente también en el restaurante?

Por supuesto, Andalucía está presente en la visión de este entorno que menciono. Por ejemplo, cuando pienso en las almendras de Mallorca, no pienso como un mallorquín o como alguien que se ha criado en las Islas Baleares. En la manera de guisar, pienso más en el aroma de la flor o en la cantidad de grasa que tiene, o incluso puedo recordar las sopas frías de Málaga, a los clásicos ajoblancos…

Cuando pienso en cocina, me retrotraigo a aromas o a recuerdos que tengo desde la infancia, pero con los conocimientos y técnicas que tengo a día de hoy. Aplicando técnicas y mirando el producto siempre de una forma muy cauta y muy respetuosa, intentamos entender cuáles son sus características para poder hacer platos donde nuestra personalidad se vea reflejada.

¿Cómo empezaste en la cocina?

Estudié cocina, y a los 17 años conseguí llegar a mi primer "stage" en un restaurante de 1 estrella, y vi el respeto, la jerarquía, las estructuras que por aquel entonces eran bastante más sólidas que ahora, pero me llamó la atención y me gustó lo que era la alta gastronomía: llevar a la excelencia la cocina en sí, algo que me pareció muy interesante. A partir de ahí, poco a poco y trabajando, en un corto periodo de tiempo decidí que ese era mi futuro.

Tras las dos estrellas, ¿A qué más aspiráis?

Voro creo que aspira a la máxima excelencia, con todo lo que conlleva. Si te basas en la Guía Michelin y en sus parámetros, si seguimos trabajando como hasta ahora, quizás en un futuro podamos conseguir las tres estrellas, a base de mucho trabajo, constancia y haciendo las cosas de la mejor manera posible.

Un equipo muy comprometido, que año tras año, día tras día, va dando lo mejor de sí, creo que casi de forma natural, si vas hacia arriba, no te estancas y no te das por contento con lo que ya tienes, si no pierdes tu filosofía y te concentras al 100% en lo que realizas cada día, no es ninguna locura pensar en conseguir otra estrella en un corto o largo plazo.

Como ganador del Concurso Cocinero del Año en 2018. ¿Qué representó para ti?

Me apunté porque quería llamar la atención sobre lo que estábamos haciendo el equipo en Argos, pero para mi sorpresa, la misma semana en que fui seleccionado para la semifinal, nos dieron la primera estrella Michelin, con la responsabilidad que eso conlleva.

Incluso pensé en no ir, si perdía la semifinal… ¿Qué credibilidad tenía? Gané la semifinal, y luego la final. El concurso me abrió muchísimas puertas en cuanto a visibilidad. El mismo año fue la semifinal del concurso y la estrella Michelin, y al año siguiente ganar el Concurso Cocinero del Año. Además, venía con mi equipo, que somos muy buenos amigos, así que con frecuencia recordamos alguno de estos momentos que van pasando en la vida, que son muy divertidos.

Este año eres jurado de la final de este certamen el 21 de marzo en Alimentaria & Hostelco

Estuve en la ronda eliminatoria de Murcia, así que conozco a los participantes. Ganar un concurso de cocina no es solo cocinar rico. También hay que hacer cosas interesantes, especiales. Un par de finalistas me llamaron la atención. Hay algunos que ya se han presentado otras veces, y hay gente que intenta hacerlo bien y se presenta con mucho cariño y mucha ilusión por hacer las cosa bien.

¿Cómo crees que ha cambiado la hostelería en los últimos años?

La cocina tradicional está de capa caída, y no hay más que ver los restaurantes que inundan las calles de las ciudades. Casi todo es producto de quinta gama, y antes eso no sucedía, al menos en España. Se abrían bares, tascas o restaurantes donde se comía producto y se comía cocina. Es verdad que ahora hay mucha información, no sé si conocimiento, porque para conocer hay que entender y trabajar mucho, pero información sí, pero no creo que se esté utilizando de la mejor manera posible.

Y tampoco creo que ahora sea el mejor momento de la alta gastronomía. Es verdad que tenemos un momento de expansión. La inversión es muy diferente. Para trabajar con las guías prestigiosas de restauración debes tener un presupuesto determinado. Antes era cocinar, que vengan los críticos -de Michelin, por supuesto, que para mí es la más razonable y la más coherente-, y cuando comían te daban una valoración… Pero hoy en día hay multitud de intereses, agencias, contactos. La crítica gastronómica no es lo que era. Ahora hay "foodies", que muchas veces no saben ni lo que es un pimiento, no tienen formación y todo es un poco ridículo a mi parecer. Pero es normal, es lo que conlleva el exceso de información que tenemos.

Digamos que estamos en un momento delicado de la cocina. No creo que esté todo perdido, por supuesto, porque hay muy buena cocina en nuestro país, y en el mundo.

 

Marc Gascons es de aquellos cocineros de estirpe, aunque en sus planes de juventud no entrase seguir la saga familiar. Sin embargo, el tiempo lo puso todo en su sitio. Sus abuelos Elena Palagós y Eduard Gascons iniciaron este sendero, con una panadería en Sant Feliu de Guíxols, allá por el 1918. Elena abrió años después, en esta misma localidad de la Costa Brava, el restaurante Bahía, que “heredaron” su hijo Eduard Gascons y la mujer de éste, Maribel. El matrimonio fue el responsable, años más tarde, en 1978, de la apertura de Els Tinars, en Llagostera, la “casa madre” de los Gascons.

Marc, tras unos años de juventud sin rumbo, se enamoró de la profesión y, a partir de 1999, comenzó su andadura profesional al frente de la cocina del restaurante familiar. Lo hizo también junto a su esposa Elena, responsable de sala. Pero antes de todo ello, aprendió en otras grandes cocinas, siempre junto a cocineros que, como él, sienten pasión por el producto y por las raíces de la cocina. Su paso por Gaig (Barcelona), L’Esguard (Sant Andreu de Llavaneres), Sant Pau (Sant Pol de Mar), y Martín Berasategui (Lasarte-Orio), así como todo lo aprendido de sus abuelos y de sus padres, le permitió forjar su propia personalidad culinaria. Un sello, siempre caracterizado por una cocina tradicional actualizada basada en la excelencia del producto de proximidad.

Mejor Cocinero Joven en 2006 y Mejor Cocinero de Girona en 2008, Gascons consiguió la estrella Michelin para Els Tinars en 2008, galardón que ha sabido mantener. Desde hace años, el chef catalán compagina su dirección en Els Tinars, con el asesoramiento de restaurantes como Bell-Lloc (Palamós), Informal del Hotel Serra’s Barcelona, y Bruna de Soldeu (Andorra).

Tercera generación de restauradores. ¿Siempre tuviste claro que serías cocinero?

No, la verdad es que no. Yo era un mal estudiante, no acabé BUP, que era el Bachillerato de antes, y decidí estudiar hostelería porque como en casa teníamos restaurante. Era la “salida fácil”. Pero tuve la suerte que conocí un mundo que me atrajo mucho. Yo, en cierto modo, ya lo conocía, porque en verano me hacían trabajar allí. Pero era un trabajo que no me motivaba, porque era una obligación. Sin embargo, en la Escuela conocí un mundo que aún hoy me apasiona y me entusiasma.

¿Cuál es el mejor consejo que te dieron tus padres?

El mejor consejo que me dieron: que hiciera realmente lo que me gustara. Que disfrutara y gozase trabajando en aquello que realmente me apasionara.

 Desde 1999, El Tinars. En 2008, primera estrella Michelin y desde ese momento, Finca Bell-Lloc, L’Informal, Bruna… ¿Cómo se logra el equilibrio para llevar cuatro restaurantes de alto nivel?

La clave, tener un buen equipo y saber transmitir al equipo las ideas y los planteamientos de cada restaurante y, sobre todo, tener una buena organización y anticipación, aunque a veces no se puede y acabas yendo de bólido definiendo las cartas y desarrollando ideas nuevas. A veces te lías y no tienes tanto tiempo para esta planificación, pero con un buen equipo, se consigue.

¿Cuál es el reto más importante al que te enfrentas al liderar las cuatro cocinas?

Uno de ellos es motivar e ilusionar a tanta gente y tan diferente. Que ya lo están, pero son tantos que… Hay que intentar que todos se ilusionen y que entiendan lo que tú realmente quieres transmitir. A veces es éste el reto más importante o el pequeño inconveniente: que lo que tú tienes en la cabeza, lo transmites a ellos, tú lo ves muy claro, pero ellos no tanto. Y tenemos que hacer muchas pruebas y eso comporta mucho tiempo, tiempo que a veces no tenemos.

Foto Oscar Llandrich Merino

¿Qué tres diferencias destacaría entre los cuatro restaurantes y cuál es el denominador en común (a parte de su chef)?

El denominador común es la cocina tradicional catalana puesta al día basada en un producto de mucha calidad. Els Tinars es la casa madre, el hijo crecido, donde desarrollamos nuestra esencia y nuestra cocina desde el punto de vista más gastronómico. Aquí hacemos una cocina catalana gastronómica, donde también hay platos algo más internacionales, que se han consolidado ya en la carta. Pero, Els Tinars es esencialmente eso: cocina catalana puesta al día, de producto, de mucha calidad. Bell-Lloc es un restaurante de cocina catalana más popular, tradicional, donde hemos recuperado la cocina del día a día, de casas de comidas, de compartir… Son muchos platos que hacíamos en los inicios en Els Tinars, que está a solo un par de km de distancia. Un recetario más clásico con “cap-i-pota”, caracoles, carne a la brasa, fricandó, macarrones… Hemos recuperado esa esencia del “porrón de vino” y la rama de embutidos.

L’Informal es un restaurante donde derivan todas estas raíces de cocina tradicional catalana adaptada al hotel, donde demostramos a los huéspedes cómo comemos en Catalunya, qué temporalidad tenemos, qué productos tenemos… Nos gusta que cuando viene un norteamericano goce con nuestros guisantes del Maresme. También tenemos platos más internacionales, más adaptados al cliente del hotel, con los que se puede sentir más cómodo. Y en Bruna, mantenemos también la esencia de cocina de hotel, pero con nuestro sello y con un matiz más de montaña, con guisos, “escudella”… Tenemos también una carta de quesos, miel de un productos de la zona… Y sí, en cada lugar es importante que adaptemos la carta al territorio, al producto de cada territorio donde está el restaurante.

En Els Tinars, su “casa madre”, conocías bien a tu clientela ¿Es muy diferente a la de El Informal, en el hotel Serras de Barcelona, o a la del Bruna de Soldeu, en Andorra?

Lo cierto es que tenemos una clientela bastante fiel que nos ha seguido allá donde vamos, y que ha recorrido los cuatro restaurantes, porque es un cliente que le gusta moverse por el territorio. Y también tenemos clientes extranjeros, por ejemplo, en Els Tinars tenemos muchos extranjeros que tienen segundas residencias por la zona y es cierto que este cliente es más difícil que se desplace hasta Barcelona para comer en L’Informal. Pero en general sí que es muy similar el tipo de cliente de nuestros locales, porque suele ser un cliente al que le gusta comer bien, que aprecia la calidad, la buena cocina…

¿Se adapta la cocina a tu clientela o alrevés?

Rotundamente no. La clientela se adapta a lo que ofrecemos, a nuestra cocina. Está claro que intentamos mostrar lo que hacemos, lo que creemos, los productos que elegimos porque es de la zona y de temporada, a pesar de alguna excepción en los restaurantes de hotel, como decía antes. Pero son excepciones.

¿Qué te sedujo del proyecto L’Informal como para aceptarlo? ¿Era la atracción de cocinar en Barcelona?

Principalmente, entenderme con la propiedad. Conozco a la familia Serra, especialmente a Jordi, que es cliente de la casa. Y siempre nos hemos entendido muy bien. La comunicación es clave. Y siempre hemos podido hablar, plantearle nuestras dudas y viceversa. Esto facilita mucho que cuando te presentan un proyecto como éste es difícil no sumarte. Y una vez estás sumergido en el proyecto, pues surgen más proyectos igual de emocionantes. A mí, personalmente, me encantan los nuevos proyectos y por ello fue fácil decir que sí también a Bruna.

Una de las características de tu cocina es la calidad del producto de proximidad. Es la combinación equilibrada entre tradición y modernidad. Pero ahora, no es como antes. En un entorno donde cada vez hay menos payeses, y hay cada vez más chefs en busca del mejor producto ¿Es ahora más complicado conseguirlo que antes?

Cierto. No es nada fácil. Pero nosotros tenemos la suerte de mantener una buena relación de hace mucho años con ciertos productores que te van avisando cuando tienen ese producto que saben que nos encaja, que es algo nuevo o especial… Por desgracia, algunos ya no están. Pero sí, cada vez es más fácil. Por un lado porque van desapareciendo algunos productores, y por otro lado, porque es cierto que cada vez hay más profesionales que buscan ese producto especial.

foto: Oscar Llandrich Merino

Hablemos, precisamente, de sostenibilidad. ¿Qué opinas de la sostenibilidad en la cocina profesional? ¿Es viable o no? ¿La aplicas? ¿Cómo?

No es fácil, pero hemos mejorado mucho respecto a hace años. Por ejemplo, en tema de reciclaje, somos bastante estrictos. Separamos y reciclamos. Y es importante decirlo, porque hay muchos restaurantes grandes e importantes con cierto prestigio de sostenibilidad, que aún hoy día, no están reciclando en realidad. Suelen ser de ciudades grandes, porque la propia ciudad no lo permite. Aquí, nosotros desde siempre hemos intentado no derrochar energía, agua, recursos…

Dicho esto, aunque tenemos conciencia y lo hacemos, ojalá pudiésemos incidir aún un poco más. Hace tiempo que queremos tener un huerto, pero no es fácil, porque eso requiere de personas que lo cuiden. Hay restaurantes que se lo pueden permitir, y es fantástico, pero no todo podemos. Por eso sería mi ilusión en un futuro y es mi intención de hacerlo. Y no solo eso, también poder reutilizar toda esta parte orgánica que desechamos…

¿Cuál es el plato que más te ha marcado en tu carrera (tuyo o de alguno de tus maestros) y por qué?

El “Mar i muntanya”. Yo vivo en un territorio, tenemos un recetario que el mar y montaña es muy nuestro y es el plato que más me ha marcado. Siempre lo he tenido en la carta y yo pienso siempre en clave “mar y montaña”.

Un chef como tú nunca deja de innovar, de avanzar, de pensar en el futuro ¿Cómo te gustaría que fuera ese futuro?

Creo que el oficio está ahora mismo experimentado una carencia de profesionales, de nuevos talentos, y de gente joven motivada e ilusionada por la cocina. No es como en mi época. Tanto a mí, como a mis colegas, nos apasionaba de una manera terrible este oficio. Eran momentos que recuerdo que a todos nos encantaba aprender del otro, leer, correr de un lugar a otro para ver qué se hacía, para compartir, para trabajar. De hecho, trabajábamos muchísimas horas. No quiere decir que hoy tenga que ser así. Es lícito que los jóvenes piensen también en su calidad de vida y en tener tiempo libre. Pero creo que deberíamos intentar saber combinar mejor los sacrificios de este oficio con el tiempo para dedicarlo a la familia, al ocio. En definitiva, humanizar el tema de los horarios, que ya se está haciendo. Esto representa un coste en personal. para las empresas. importantísimo, pero hay que asumirlo.

Nosotros, por ejemplo, estamos dando un paso muy importante en este sentido. Pensamos en todos, principalmente, para poder retener el talento. Creo que es importante volver a ilusionar a las nuevas generaciones, para que puedan seguir evolucionando, pensando e innovando, sin dejar de tener como referente nuestras raíces y nuestra cultura gastronómica. Hay que volver a conseguir que nuestro país esté en lo más alto de la cocina mundial.

Vuelve GastroMar l’Ampolla, en una edición que enaltecerá el valor de la cocina de toda la vida y de la identidad gastronómica como referente, y que remarcará la importancia de la sostenibilidad en la cocina marinera, apostando por el consumo del pescado de proximidad y de las especies más desconocidas.

Las jornadas profesionales gastronómicas y científicas, organizadas por el Ajuntament de l’Ampolla, con la Fundació Alícia y Repicat Sc, contarán con los que más saben de esto: pescadores, cocineros, científicos y hombres y mujeres del mar y de la cocina.

GastroMar l’Ampolla se celebrará los próximos 3, 4 y 5 de marzo desde el hotel Flamingo, confirmando su apuesta por los productos del mar, la sostenibilidad, la pesca y los productos de las Terres de l’Ebre, desde un punto de vista científico y culinario.

Destacados chefs en Gastromar

El evento reunirá en su escenario a grandes chefs de todo el territorio. Serán los encargados de ofrecer sesiones de cocina en directo, mientras comparten con asistentes y espectadores (las jornadas se pueden seguir en directo desde el canal de YouTube de Gastroevents) sus conocimientos sobre el producto del mar y la cocina marinera.

Las jornadas se abrirán, como es habitual, con una sesión de la cocina de la ostra de l’Ampolla, este año, de la mano del chef y responsable de cocina de la Fundació Alícia, Marc Puig-Pey, bajo el título de “Lo clásico como valor, la identidad como referente”.

Y contará con figuras de la cocina de la talla de Gessamí Caramés (Meleta de Romer, L’Ametlla de Mar) y Vicent Guimerà (L’Antic Molí* y estrella verde, Ulldecona), que ofrecerán unas sesiones muy suculentas de ranchos y de cocina sostenible, patrocinadas por la DOP Oli Terra Alta.

También estará el Cuiner del 2023, Martín Comamala (539 Plats Forts, Puigcerdá), con la sesión “Cuando el pescado sube a la montaña”; o Aitor López (Citrus del Tancat, Alcanar) y semifinalista del Concurso Cocinero del Año 2024 que accede a la Final durante Alimentaria 2024, Premio Chef  Balfegó 2023, para hablar -y cocinar- en una sesión titulada “Las raíces Mediterráneas del Delta”.

Marc Gascons (Els Tinars*, Llagostera; Bell-Lloc, Santa Cristina d’Aro; y El Informal, Barcelona) llevará al escenario de GastroMar la “Tradición y modernidad en la cocina y el plato: la estrella es el producto”, mientras que Miquel García y el jefe de sala Joan Martínez (Terrassa Terramar, Llafranc), presentarán una sesión titulada “Un mar y montaña ‘de barraca’ y excepcional”.

La cocina más tradicional y el dominio del oficio vendrá de la mano de expertos con larga trayectoria, como, por ejemplo, el gran Jean Louis Neichel, chef del desaparecido restaurante Neichel** de Barcelona, que cocinará su mítico “Lenguado Mario”; Joan Bosch, fundador de Can Bosch* (Cambrils), que repasará los 40 años de cocina con estrella; y los hermanos Jaume y Josep Font, fundadores y antiguos propietarios del restaurante Sa Punta, de Pals (Girona), que ofrecerán una sesión de cocina con platos históricos del mar y montaña del Empordà.

Ciencia, divulgación y debate alrededor de los productos del mar

Pero, además de chefs y cocina en directo, los grandes protagonistas serán las voces expertas de Les Dones de la Mar, de los pescadores y marineros de l’Ampolla, pero también, de nutricionistas, antropólogos, científicos y responsables de entidades que trabajan para cuidar de los recursos marinos y para favorecer la pesca sostenible.

Sergi Tudela, director de Política Marítima y Pesca Sostenible hablará del relevo generacional en el sector pesquero, mientras que Jordi Rodon, jefe del servicio de Recursos Marinos de la Dirección General de Política Marítima y Pesca Sostenible, hablará sobre la biodiversidad marina de nuestra costa y como esta puede acabar siendo un recurso gastronómico sostenible. “El pescado de lonja, lo mejor de cada temporada” será el claim de la charla y demostración que ofrecerá la Asociación Catalana de Les Dones de la Mar, con Iris Triola, pescadora de Blanes; Cristina Caparrós, armadora de Barcelona; y Nuria Sánchez, divulgadora en gastronomía y tradición pesquera; junto con Leidy Johanna Aya, acuicultora y armadora en La Ràpita.

Por su parte, Joan Ribas, doctor en antropología y responsable de Patrimonio alimentario y sostenibilidad en la Fundació Alícia hablará sobre el mar y montaña en la gastronomía, y Roser Martí, presidenta del Colegio de Dietistas-Nutricionistas de Catalunya hablará también del pescado de proximidad y su importancia en nuestra cocina y nuestra salud.

Finalmente, Adriana Gálvez, responsable de proyectos de innovación de la Fundació Alícia hablará sobre cómo favorecer el consumo de pescado de la costa catalana en el marco de la Estrategia Alimentaria de Cataluña.

En estas jornadas gastronómicas se tratan temas relacionados con la cocina marinera y la cocina a bordo, pero también de la sostenibilidad del mar, y del valor que tienen especies de pescado de lonja menos conocidas por el consumidor, y poco habituales a las cartas de los restaurantes.